Cuando se toma un antibiótico, su función principal es eliminar las bacterias que causan infecciones, muchas de ellas potencialmente mortales. Sin embargo, cada vez existe más evidencia de que estos fármacos también provocan alteraciones profundas y duraderas en las bacterias “buenas” que habitan en el intestino, conocidas como microbiota intestinal.
Una microbiota diversa y equilibrada se asocia con buena salud. En contraste, el uso repetido o prolongado de antibióticos se ha vinculado con mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y cáncer colorrectal.
¿Qué ocurre en el intestino tras tomar antibióticos?
Diversos estudios han mostrado que, pocos días después de un tratamiento antibiótico oral:
- Disminuye la diversidad bacteriana.
- Se reduce la riqueza genética del microbioma.
- Aumentan bacterias potencialmente patógenas como Escherichia coli.
- Disminuyen géneros beneficiosos como Dialister, Veillonella y Eubacterium.
- Se incrementan los genes de resistencia antimicrobiana.
- Aumenta el riesgo de infección por Clostridioides difficile.
Hasta ahora, se creía que estos efectos eran mayormente temporales.
Foto: Especial (canva)Un impacto que puede durar hasta ocho años
Un estudio reciente publicado en Nature Medicine cambia de forma importante esta percepción. La investigación concluye que los efectos de los antibióticos en el microbioma intestinal pueden persistir entre cuatro y ocho años.
El análisis incluyó muestras fecales de 14,979 adultos en Suecia, cuyos perfiles microbianos se compararon con datos del Registro Nacional de Medicamentos, que documenta todos los antibióticos prescritos a pacientes ambulatorios.
Un análisis sin precedentes
Los investigadores utilizaron metagenómica de secuenciación profunda, una técnica que permite identificar bacterias a nivel de especie, no solo su cantidad.
- Se analizaron aproximadamente 1,340 especies bacterianas.
- El efecto más intenso se observó durante el primer año tras el uso de antibióticos.
- Sin embargo, entre 10 % y 15 % de las especies seguían alteradas hasta ocho años después.
No todos los antibióticos afectan igual
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que no todos los antibióticos tienen el mismo impacto sobre la microbiota.
Los más agresivos fueron:
- Clindamicina: un solo tratamiento se asoció con la pérdida de hasta 47 especies bacterianas.
- Fluoroquinolonas: antibióticos de amplio espectro usados en infecciones urinarias y respiratorias graves.
- Flucloxacilina: una penicilina de espectro reducido contra bacterias Gram positivas.
Los de impacto más leve:
- Algunas penicilinas de amplio espectro.
- Nitrofurantoína, comúnmente usada para infecciones urinarias.
En general, el estudio confirma que cuantos más tratamientos antibióticos se reciben, menor es la diversidad bacteriana.
Una recuperación lenta e incompleta
Contrario a la creencia popular, la microbiota no siempre regresa a su estado original tras el uso de antibióticos.
- La recuperación es rápida al inicio, pero luego se vuelve lenta e incompleta.
- En algunos casos, el intestino alcanza un nuevo equilibrio diferente al original.
- Una sola tanda de antibióticos puede tener efectos detectables años después.
El impacto fue más marcado en mujeres, posiblemente por factores hormonales.
Relación con enfermedades crónicas
Muchas de las bacterias afectadas están relacionadas con:
- Obesidad
- Diabetes tipo 2
- Enfermedades cardiovasculares
- Enfermedad inflamatoria intestinal
Esto no significa que los antibióticos causen directamente estas enfermedades, pero sí que modifican el ecosistema microbiano que influye en su desarrollo.
¿Debemos dejar de usar antibióticos?
No. Los antibióticos salvan vidas y son indispensables para tratar infecciones bacterianas. El mensaje del estudio es otro:
- Usarlos solo cuando sean necesarios.
- Elegir el antibiótico más adecuado.
- Evitar tratamientos prolongados sin justificación.
Prescribir antibióticos de forma precisa no solo combate la resistencia antimicrobiana, sino que también protege la biodiversidad intestinal y la salud metabólica y gastrointestinal a largo plazo.
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