Gadi Eisenkot no ha esperado al recuento definitivo para proclamar el cambio político en Israel. El exjefe del Estado Mayor y líder de Yashar! ha dado por terminada la etapa de Benjamín Netanyahu después de que los primeros sondeos a pie de urna situaran al bloque opositor por delante del encabezado por el primer ministro. “Actuaré de inmediato para implementar el veredicto del pueblo, reemplazar al Gobierno de Netanyahu y establecer un Gobierno de movilización sionista”, ha anunciado.
Pero la proclamación de Eisenkot aún no se refleja en los resultados. Israel no tiene todavía un ganador capaz de formar Gobierno. Las principales proyecciones sitúan al bloque opositor en torno a 52-53 escaños y al de Netanyahu alrededor de 50, mientras las formaciones árabes podrían reunir entre 17 y 18 diputados. La mayoría absoluta está en 61 de los 120 escaños de la Knéset.
El candidato centrista puede reivindicar la victoria política, pero necesita apoyos para convertirla en poder. Netanyahu, a pesar del hundimiento de la coalición más ortodoxa y nacionalista de la historia del país, tampoco está fuera de la partida. Y entre ambos aparece un tercer actor que ha multiplicado su representación, los partidos árabes, cuyo avance puede determinar las alianzas necesarias para investir al próximo primer ministro.
El líder de Yashar! ha interpretado las primeras cifras como un rechazo al Gobierno que ha dirigido Israel durante los años posteriores al ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023. En un mensaje publicado en redes sociales, Eisenkot sostuvo que los resultados preliminares reflejan una “desconfianza total” hacia Netanyahu y su Gobierno. Si las cifras se confirman, prometió actuar con rapidez para sustituir al Ejecutivo y formar un nuevo Gobierno.
El ex primer ministro Yair Lapid, líder del centrista Yesh Atid, se sumó inmediatamente a la lectura de Eisenkot y calificó el resultado del bloque de Netanyahu como una derrota. Yair Golan, líder del centroizquierdista Los Demócratas, habló también de una oportunidad para formar un Gobierno de cambio. Sin embargo, la aritmética parlamentaria obliga a contener cualquier celebración. El sistema israelí no permite que el líder del partido más votado se convierta fácilmente en primer ministro. Es el presidente Isaac Herzog quien, tras consultar a las formaciones con representación en la Knéset, encarga la formación del Gobierno al candidato que considere con mayores posibilidades de reunir la mayoría absoluta.
El Likud sigue siendo el partido más votado
Netanyahu ha reaccionado con una estrategia muy distinta. Durante la jornada electoral denunció que algunos intentaban “robar” los comicios después de que se conociera un incidente en Beersheba relacionado con presuntas irregularidades en la movilización de votantes árabes. En un mensaje dirigido a sus seguidores en horas de la manaña, el primer ministro también acusó a militantes de la lista árabe Ra’am de intentar alterar el resultado mediante presuntos sobornos a votantes. La Policía había detenido a varios sospechosos.
La denuncia encaja con el tono de la campaña del conservador Likud durante las últimas horas de votación. Netanyahu pidió a sus partidarios acudir masivamente a las urnas y presentó la elección como una decisión sobre el futuro del Estado de Israel. El primer ministro tenía motivos para preocuparse por la movilización. La participación alcanzó niveles excepcionales y superó el 7 4% a las 20.00 horas, una de las cifras más altas de la historia reciente del país.
El resultado contiene una paradoja importante para Netanyahu. Su bloque puede perder la mayoría parlamentaria, pero el Likud continúa siendo la primera fuerza individual. Los diferentes sondeos publicados después del cierre de los colegios sitúan al Likud entre 24 y 27 escaños, frente a los aproximadamente 21-23 de Yashar!. Es decir, Eisenkot aparece por delante cuando se suman las fuerzas de su bloque, pero Netanyahu conserva la primacía como líder de partido.
La diferencia resulta fundamental porque las negociaciones posteriores no se decidirán simplemente por quién queda primero. El objetivo es reunir la cantidad más cercana a los 61 diputados, y ninguna de las dos grandes agrupaciones se acerca por sí sola a esa cifra. El bloque de Netanyahu, que obtuvo 64 escaños en 2022, queda ahora en torno a 50 en las principales proyecciones. El desgaste se concentra especialmente en algunos de sus socios ultranacionalistas y ultraortodoxos.
Los partidos árabes pasan a ser decisivos
El gran protagonista inesperado de la noche es el voto árabe. Las dos principales formaciones de este espacio podrían alcanzar entre 17 y 18 escaños, muy por encima de su representación actual y en niveles inéditos para el sector. Su posición convierte a estas fuerzas en una pieza potencialmente decisiva para cualquier alternativa a Netanyahu. El problema es que Eisenkot y varios de sus aliados han construido su campaña sobre la idea de un Gobierno de carácter sionista y han descartado una coalición formal con la Lista Conjunta y Ra’am.
Eso deja sobre la mesa fórmulas mucho más complejas de apoyo externo, abstención en una investidura o acuerdos parlamentarios puntuales. Las formaciones árabes, por su parte, han señalado su disposición a facilitar la salida de Netanyahu si existe una alternativa política. La cuestión será saber hasta dónde están dispuestos a llegar los partidos del bloque de Eisenkot para conseguir los votos que necesitan.
“Este es un día histórico”, ha proclamado el líder de la Lista Conjunta, Yousef Jabareen, que reivindica los resultados que vaticinan los primeros sondeos publicados en los canales de televisión para exigir su entrada en el Ejecutivo. “El público ha hablado. El Gobierno manchado de sangre debe irse. Hemos demostrado que somos una fuerza política que no puede ser ignorada y que no se puede construir un futuro aquí sin nuestra voz”, aseguró el jefe del partido árabe de izquierdas.
“La sociedad árabe ha reaccionado a la política de este Gobierno”, ha señalado al Canal 12 el líder del islamista conservador Ra’am, Mansour Abbas. “Queremos reemplazar al actual Gobierno en casi todas las formas posibles”, reclamó el dirigente que, sin embargo, pidió prudencia hasta que se publiquen los resultados oficiales. No obstante, Abbas advirtió a los partidos de la oposición sionista sobre la posibilidad de mantener el cordón sanitario a los partidos árabes porque “con los números que tenemos ahora, no hay gobierno”.
Netanyahu proclama su victoria con el 11 % del escrutinio
La campaña ha estado marcada por una movilización excepcional. Israel no votaba únicamente sobre la continuidad de Netanyahu. Sobre la mesa estaban también la gestión de la guerra de Gaza, las consecuencias del ataque del 7 de octubre, el conflicto con Hezbolá e Irán, el servicio militar de los ultraortodoxos, la reforma judicial, la situación económica y el creciente aislamiento internacional.
Eisenkot quiso convertir precisamente el 7 de octubre en el símbolo de su campaña. El exjefe del Ejército comenzó la jornada en Nir Oz, uno de los kibutz más castigados por el ataque de Hamás, y vinculó su candidatura a la necesidad de asumir responsabilidades por los errores que precedieron a aquella ofensiva. Netanyahu, por el contrario, ha presentado su experiencia y su política de seguridad como la principal garantía frente a un entorno regional todavía inestable.
Los resultados de los sondeos a pie de urna siguen siendo provisionales. Netanyahu ha comparecido triunfante ante sus simpatizantes desde Jerusalén, donde ha reivindicado el lento avance del escrutinio que otorga una ventaja del 25 % al Likud aunque apenas se han contado el 11% de las papeletas. El primer ministro ha proclamado “que la derecha tiene una mayoría clara” y aseguró que maniobrará para mantenerse al frente del Ejecutivo. “Debemos formar un gobierno nacional de derechas y fuerte. No se puede formar un gobierno que dependa de partidos árabes antisionistas”, ha dicho. @mundiario