Minia Manteiga es catedrática de Astrofísica, presidenta de la Sociedad Española de Astronomía y coordinadora de los programas de astrofísica en la Agencia Estatal de Investigación. Desde A Coruña, donde ocupa la primera cátedra de Astrofísica que una mujer ha dirigido en Galicia, lleva años advirtiendo de algo que pocos quieren escuchar: el cielo nocturno está en peligro. Y no solo por la contaminación lumínica.
Una empresa estadounidense llamada Reflect Orbital planea desplegar cincuenta mil satélites espejo en órbita baja para vender luz solar de noche desde una aplicación móvil. La Sociedad Española de Astronomía ya ha presentado alegaciones ante la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos para intentar frenarlo. Por ahora, nadie los ha detenido.
Entrevista completa con Minia Manteiga, presidenta de la Sociedad Española de Astronomía
* En esta conversación con Minia Manteiga, presidenta de la Sociedad Española de Astronomía, hablamos de por qué España es la quinta potencia europea en astronomía, de cómo estudiar Marte nos ayuda a entender el cambio climático, del regreso del ser humano a la Luna con la misión Artemis y de la amenaza más urgente: la empresa Reflect Orbital y su plan para privatizar el cielo nocturno con cincuenta mil satélites espejo. También del eclipse total de Sol del 12 de agosto de 2026 —el primero visible desde España en más de cien años— y de si estamos solos en el universo.
Una infancia que señalaba al cielo
Manteiga conoció la Vía Láctea desde una aldea sin casi luz eléctrica, cerca de Negreira. Los fines de semana en casa de sus abuelos, sin carretera, con luz que fluctuaba con el viento, el cielo era el único espectáculo disponible. "No entiendes qué es eso al principio, porque no es lo habitual verla en su esplendor". Fue esa imagen, y más tarde el programa Cosmos de Carl Sagan, lo que terminó de orientar su vocación. "Nos enganchó no solo a mí, sino a un montón de gente de mi generación. Ese punto pálido. Plantearnos lo que es la Tierra en el seno del cosmos: somos una pequeña isla que ni siquiera tiene luz propia".
De Santiago de Compostela viajó a Canarias para terminar la carrera, en un momento en que la astrofísica española estaba, en sus palabras, "burbujeante". Una generación pionera abría el camino. Ella llegó justo detrás, en el frente.
España, quinta potencia en astronomía
El resultado de aquellas décadas de trabajo colectivo es notable. España es hoy la quinta potencia europea en astronomía, sólo superada por países que invierten mucho más en ciencia: Reino Unido, Francia, Alemania e Italia. "Y además salimos baratitos", dice Manteiga. "La relación entre inversión y producción científica es muy alta en el caso de España".
Los observatorios de Canarias —en La Palma y en Tenerife— son centros internacionales de referencia. España participa en el telescopio James Webb con desarrollo instrumental, tiene una presencia relevante en la misión Euclid y, por primera vez, lidera una misión de la Agencia Espacial Europea. "Podemos estar orgullosos, desde luego".
Marte es un espejo de la Tierra
La conversación da un giro inesperado cuando Manteiga explica por qué estudiar Marte no es un ejercicio de evasión, sino de urgencia climática. "Marte es quizás el planeta más parecido a la Tierra. Sabemos que hubo agua, que tuvo una atmósfera diferente. ¿Qué pasó? Que perdió su campo magnético y el viento solar barrió su atmósfera".
Lo que ocurrió en Marte es un anclaje para los estudios climáticos en la Tierra. "Nos pone un punto de referencia para entender que el equilibrio energético de una atmósfera puede estar muy condicionado por agentes externos —y, en nuestro caso, también por la acción del hombre".
El regreso a la Luna: ciencia y política
Pocos días antes de grabar esta conversación, la misión Artemis 2 devolvía al ser humano a la órbita lunar. La tripulación incluía a la astronauta Christina Koch, que describió desde allí la Tierra como "una tripulación": todos subidos a la misma nave, compartiendo una atmósfera y un océano que hay que cuidar.
Para Manteiga, el regreso a la Luna significa, ante todo, "volver a ilusionarnos con la exploración espacial hecha por seres humanos". Hay controversia científica, porque el programa consume recursos ingentes que podrían financiar ciencia robótica. Pero hay también un argumento sólido: "Mantener vivos a astronautas fuerza la tecnología al límite. Y está demostrado en la historia que eso mueve descubrimientos con repercusión real en la sociedad".
El objetivo final no es la Luna en sí, sino utilizarla como trampolín hacia Marte. Y, de paso, instalar allí telescopios que observen el universo en radio desde un cielo libre de interferencias humanas. "Eso abre oportunidades maravillosas. Las primeras estructuras del universo, las primeras galaxias. Conocer cómo fue la formación de todo lo que existe".
Hay, sin embargo, una sombra. "Lamentablemente hay planteada una cierta carrera por ver quién es el primero, quién explota más. El espacio es de todos y debemos compartirlo".
Los asteroides no son ciencia ficción
Hay un ámbito de la astronomía que suena a película de Hollywood y es, sin embargo, perfectamente real: la defensa planetaria. "Asteroides de un kilómetro en adelante son letales a nivel planetario", explica Manteiga. "Tenemos controlados todos los de ese tamaño. No hay peligro evidente. Pero los más pequeños, hasta 500 metros, conocemos quizás la mitad".
La Unión Europea tiene programas activos de monitorización. Hay misiones en desarrollo para desviar órbitas. "La llegada de un asteroide es algo natural que puede afectar regiones muy amplias. Conocer el peligro es el primer paso".
El cielo que nos están quitando
El 80% de la humanidad vive bajo cielos contaminados lumínicamente. En Europa y en Estados Unidos, el 99% de la población no puede ver la Vía Láctea desde donde vive. Las ciudades sobreiluminadas, la luz LED azul que agrede el cielo natural, el abandono del campo: todo conspira para borrar el cielo nocturno de la experiencia humana.
"Un niño que nazca hoy, si no lo llevas a una montaña oscura, jamás verá la Vía Láctea. Pensará que alguien colgó fuegos artificiales del cielo". No es una metáfora sentimental. Es una advertencia sobre un patrimonio que se pierde sin que nadie lo haya decidido formalmente. "Contemplar el cielo nocturno es un derecho de la humanidad".
Canarias tiene una ley del cielo que regula la iluminación de ciudades y carreteras. Es un modelo. Pero en la mayor parte de España —incluida Galicia— no existe nada parecido.
Privatizar el cielo
Si la contaminación lumínica es un problema difuso, lo que viene después tiene nombre, sede social y plan de negocio. Reflect Orbital planea dos satélites en 2026, mil en 2028 y cincuenta mil en 2035. Luz ajustable desde el brillo de la luna llena hasta el de mediodía, vendida a demanda desde una aplicación. Mercados: agricultura, defensa, alumbrado urbano, eventos, rescate.
"Estamos empezando a privatizar el cielo", dice Manteiga. "Y probablemente se lo permitan." El problema no es sólo astronómico. El ciclo día-noche regula el ritmo de los animales, las plantas, el envejecimiento humano. Alterarlo de forma masiva es un experimento sin precedentes. "Si eso se hace a gran escala, yo no soy capaz de imaginármelo".
La Sociedad Española de Astronomía ya ha presentado alegaciones ante la FCC para oponerse al proyecto. "Hemos hecho lo que hemos podido. Pero no hay un organismo internacional con poder efectivo para frenarlo".
La inteligencia artificial y los dos mil millones de estrellas
La misión Gaia de la ESA ha catalogado dos mil millones de objetos de la Vía Láctea. Sus datos son abiertos: cualquier persona puede acceder a ellos. El reto es otro. "No hay otra forma de gestionarlos que con inteligencia artificial", explica Manteiga. "La astronomía ha cambiado radicalmente. Antes elegías doce cúmulos estelares y los estudiabas en detalle. Hoy tienes dos mil millones de objetos y tienes que analizarlos con algoritmos de machine learning".
La advertencia que acompaña ese entusiasmo es relevante: "Hay que ser muy conscientes de los sesgos que pueden tener estos algoritmos. Por eso es fundamental que la formación científica incluya hoy una formación específica en inteligencia artificial avanzada".
El eclipse que España lleva cien años esperando
El 12 de agosto de 2026, un eclipse total de Sol cruzará la Península Ibérica. El último visible desde España fue en 1905. A Coruña estará en la zona de totalidad.
Manteiga lo vivió por primera vez el año pasado en Mazatlán, México. "Era bastante escéptica", reconoce. "Me quedé impresionada." Lo que describe no es sólo un fenómeno astronómico: es una ruptura de lo que el ser humano da por sentado. "Se hace de noche en pleno día. Los pájaros dejan de cantar. Ves la corona solar, los loops de materia, los rayos coronales. Nadie se queda indiferente".
Las condiciones en Galicia no son las ideales —el eclipse ocurrirá a apenas diez grados sobre el horizonte— pero la emoción será inevitable. Para prepararse, la web trío de eclipses ofrece mapas, horarios por ciudad y recomendaciones de seguridad. Las gafas de protección adecuada son imprescindibles.
Las mujeres que miran más lejos
La comunidad astronómica española tiene unos dos mil investigadores. El 30% son mujeres. Pero solo el 17% alcanza los puestos de mayor responsabilidad. "Se pierde liderazgo femenino por el camino", dice Manteiga. La SEA elabora un estudio sociológico cada dos años y toma medidas: vigilancia de género en los comités de selección, programas de mentoría, apoyo ante situaciones de acoso.
"Cuando vamos a dar charlas a colegios e institutos, las niñas se sorprenden de que seas científica. Todavía ocurre. Lo que faltan son referentes." La presencia de astronautas como Christina Koch en Artemis es, en ese sentido, algo más que simbólica.
¿Estamos solos?
La última pregunta es la más antigua. Manteiga no duda. "Sí. No encuentro ningún motivo para pensar que somos una singularidad tan grande." Lo que falta son pruebas: señales de fotosíntesis en atmósferas lejanas, presencia de ozono, agua, metano. El James Webb está empujando esa frontera. La exploración de las lunas de Júpiter y Saturno, también. "Es una de las fronteras de la astronomía moderna. Y la astronomía española está jugando un papel muy relevante".
Antes de despedirse, Manteiga define su lema: sacarle partido al día. "Al final del día hay que pensar en algo positivo que has hecho. Eso te vale para dormir mejor." O, añade, para ver las estrellas. Si nos dejan. @mundiario