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Vanguardia 26 Apr, 2026 14:39

Higos: del Edén al grill

Esta gastrónoma-filósofa del sabor les desea compartir vivencias, viajes, sabores y recetas ligadas a nuestra tradición de parrilla.

El higo es mejor conocido como la “flor invertida”, pues no es un fruto tradicional como tal, sino una infrutescencia (sicono) que encierra cientos de flores en su interior. Su reproducción depende en su totalidad de una simbiosis compleja con una diminuta avispa (agaonidae), que entra por el ostiolo (orificio inferior) para polinizar y depositar huevos.

Y, si nos vamos más allá del higo como fruto, bíblicamente cuenta con un simbolismo maravilloso. En este libro histórico se hace mención de una hoja de higuera que sirvió para que Adán y Eva se cubrieran.

¿CUÁL ES EL ORIGEN DEL HIGO?

De acuerdo con numerosas investigaciones, se han encontrado restos de higos cultivados que datan de aproximadamente 9400 a.C. en el Valle del Jordán. Como una forma de conclusión, se piensa que su cultivo es incluso anterior al del trigo o la cebada.

El higo ha sido constantemente reconocido en varias culturas. En Egipto se pueden encontrar dibujos en la pirámide de Giza (4000-5000 a.C.), donde se muestra su recolección, pues entonces era parte de los alimentos básicos de la civilización.

En la Grecia Clásica se le llamó la “fruta de los filósofos” —como Platón—, al ser un verdadero manjar y un alimento esencial para los atletas olímpicos; en este lugar, su consumo fue recomendado por Galeno.

Mientras que en el Imperio Romano, la higuera se consagraba a Dionisos y se plantaba en foros, ya que la tradición asociaba su abundancia con la prosperidad del imperio.

La introducción del higo a América fue gracias a misioneros franciscanos españoles, quienes cultivaron higueras en los atrios de las iglesias durante la Colonia, extendiéndose su presencia comercial, hoy en día, a países como México (destacando el estado de Morelos), Brasil y Estados Unidos.

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