HUB
Publicidad Responsiva - Banner Superior
Radar Inteligente
El Financiero 27 Apr, 2026 01:00

Cooperación silenciosa; confrontación ruidosa

Lo ocurrido en el municipio de Morelos, Chihuahua –el accidente en el que murieron agentes de seguridad mexicanos y estadounidenses después del desmantelamiento de unos narcolaboratorios– ha evolucionado rápidamente de trágico incidente en la cooperación bilateral a conflicto político con potenciales implicaciones institucionales. Con la información disponible, estamos frente a una interesante radiografía sobre cómo interactúan la seguridad, el federalismo, la relación con Estados Unidos y la competencia política en México.

Una “tarjeta informativa” que emitió la Presidencia de la República el 25 de abril fijó los términos de la discusión. Ahí se establecen tres puntos centrales: que los agentes estadounidenses ingresaron como visitantes sin autorización para participar en actividades operativas; que ni el Gabinete de Seguridad ni la cancillería tenían conocimiento de su eventual participación, y que la legislación mexicana prohíbe la intervención de agentes extranjeros en operaciones dentro del territorio nacional. La ficha no niega la cooperación bilateral, simplemente la acota. La reduce al intercambio de información y a la colaboración técnica, en un lenguaje deliberadamente vago para mantener una posición de firmeza soberana, sin romper lanzas con Estados Unidos.

Sin embargo, como ha quedado de manifiesto durante los 15 meses en los que Sheinbaum y Trump han trabajado juntos, los niveles de cooperación bilateral en materia seguridad han sido mucho mayores de lo que estos tres puntos sugieren.

Días después del incidente, el embajador Ronald Johnson subrayó que la inversión requiere certeza, seguridad y un entorno libre de corrupción. Aunque formulada en términos generales, esta declaración introduce presión sobre el desempeño del Estado mexicano. La respuesta de la presidenta –“eso es lo que estamos haciendo”– revela que el episodio de Chihuahua, y la reacción que ha provocado en Sheinbaum, no sólo ha tenido implicaciones internas, sino que ha metido ruido en la relación bilateral.

Del lado del gobierno de Chihuahua, la situación es más compleja. La existencia de un memorándum de entendimiento firmado en 2022 entre la gobernadora Maru Campos y el gobernador de Texas aporta un elemento de carácter estructural. En ese documento, el gobierno estatal expresa su compromiso de atender problemas de seguridad desde una perspectiva binacional, incluyendo tráfico de drogas, trata de personas y migración. Asimismo, subraya la importancia estratégica de la relación entre Chihuahua y Texas, y la necesidad de coordinación para enfrentar desafíos comunes en la frontera.

El memorándum también da a conocer la apuesta tecnológica del estado. La plataforma Centinela –con una inversión de casi 200 millones de dólares– busca monitorear flujos comerciales y de transporte desde su origen en Ciudad Juárez hasta su cruce a Estados Unidos. Este tipo de infraestructura revela una estrategia clara: fortalecer capacidades locales y, al mismo tiempo, integrarse a esquemas de cooperación transfronteriza más exigentes.

En este contexto, la política de colaboración de la entidad con agencias estadounidenses en operativos específicos ha dejado de ser episódica para convertirse en un patrón de cooperación. Sin embargo, cuando esa cooperación se aproxima al ámbito operativo, la tensión con el orden constitucional es clara. La línea entre coordinación legítima y extralimitación es difusa y altamente sensible.

La reacción de la gobernadora –al anunciar la creación de una unidad especializada para investigar lo ocurrido– debe leerse como un intento de cerrar el episodio en sus propios términos. Por un lado, envía una señal de control interno; por otro, busca contener el costo político y evitar que la narrativa federal se imponga sin que la versión de su gobierno sea tomada en cuenta.

A esto se suma un elemento que no puede ignorarse: la coyuntura electoral. Chihuahua elegirá gobernador en 2027, y todo indica que Morena buscará disputar con fuerza esa plaza. En este contexto, el episodio ofrece al oficialismo una oportunidad para cuestionar la actuación de un gobierno estatal de oposición en un tema altamente inflamable.

El Ejército mexicano, por su parte, ha quedado en medio de la disputa. El señalamiento de que no tenían conocimiento de la presencia operativa de los agentes extranjeros abre interrogantes sobre sus mecanismos de coordinación interinstitucional. Si es cierto, sugiere un alto nivel de ensimismamiento institucional; si no lo es, apunta a niveles de compartimentación que dificultan la rendición de cuentas.

Desde la perspectiva estadounidense, la lógica es más previsible: priorizar resultados y mantener la discreción. La atribución pública del mérito es secundaria frente al objetivo de debilitar a organizaciones criminales y terroristas.

En conjunto, el caso Chihuahua exhibe un patrón conocido: cooperación discreta pero real a nivel local en el plano operativo, acompañada de una disputa con la autoridad federal por el control de la narrativa. La Presidencia busca reafirmar su autoridad y proteger su actual noción de soberanía; el gobierno estatal intenta sostener la necesidad y pertinencia de su estrategia, mientras el contexto electoral exacerba las tensiones. En ese cruce de intereses, la línea entre lo que realmente ocurre y lo que se reconoce públicamente que ocurre, vuelve a ser, como casi siempre en materia de seguridad, altamente borrosa.

Contenido Patrocinado