Washington/Pekín.- En la segunda mitad de esta década, el espacio exterior ha dejado de ser un escenario de interés puramente científico para convertirse en un terreno donde confluyen intereses estratégicos, económicos y geopolíticos de primer orden, en lo que diversos especialistas han catalogado como una nueva carrera espacial.
Dos naciones concentran hoy el grueso de esa disputa: Estados Unidos, a través del programa Artemis de la NASA, y la República Popular China, mediante una arquitectura de exploración que abarca desde la estación Tiangong hasta misiones robóticas y tripuladas hacia la Luna y Marte.
A continuación se presenta una revisión documentada de ambos programas: sus fundamentos, sus fases, sus objetivos declarados y las estimaciones disponibles sobre sus horizontes temporales.
Plan Ignition: el regreso de EU a la Luna
El programa Artemis de la NASA, concebido en 2017 para devolver astronautas estadounidenses a la Luna, enfrentó en sus primeros años revisiones presupuestarias, cambios de administración y críticas por el crecimiento de costos.
En respuesta, el 24 de marzo de 2026 la agencia presentó Ignition, una actualización del programa orientada a hacer el programa más creíble, repetible y asequible.
Sus objetivos son los siguientes:
- Devolver astronautas estadounidenses —incluyendo la primera mujer y la primera persona de color— a la superficie lunar en 2026.
- Establecer una presencia humana y robótica sostenida en la Luna, articulada en torno a los principios de los Acuerdos de Artemis, suscritos por más de 60 países.
- Construir infraestructura lunar permanente que sirva como plataforma de avanzada para misiones hacia Marte.
- Desarrollar una economía lunar que involucre al sector privado y permita misiones con cadencia semi anual a partir de la segunda mitad de la década de 2020.
- Sentar las bases para la futura exploración tripulada de Marte, sin una fecha oficial confirmada al cierre de esta edición.
El cohete lunar SLS del programa Artemis, junto con la nave Orion, regresa lentamente hacia el Edificio de Ensamblaje de Vehículos en el Centro Espacial Kennedy, el 25 de febrero de 2026, en Cabo Cañaveral, Florida. Foto: AP
Más allá de la secuencia de misiones, el programa responde a un marco estratégico más amplio.
Los Acuerdos de Artemis, iniciativa diplomática lanzada por Estados Unidos en 2020, constituyen el andamiaje internacional del programa.
Se trata de acuerdos bilaterales no vinculantes que establecen principios de conducta para la exploración lunar: transparencia, interoperabilidad, registro de objetos espaciales, liberación de datos científicos y respeto a los sitios de patrimonio espacial.
A la fecha, más de 60 países los han suscrito. Sin embargo, tanto Rusia como China han optado por no adherirse a dichos acuerdos y desarrollan sus propios programas lunares de manera paralela, bajo el esquema denominado ILRS.
Según Namrata Goswami, profesora de Seguridad Espacial en Johns Hopkins, Washington busca establecer una presencia humana y robótica sostenida en la Luna dentro de un esquema de alianzas institucionalizado, que fije normas antes de que la actividad comercial e industrial en la superficie lunar se intensifique.
A diferencia de la lógica de la Guerra Fría, el vector económico es central: la NASA anticipa que los recursos lunares —helio, hidrógeno e hielo en el polo sur— sostienen tanto el argumento científico como el comercial del programa.
Así descrito, el programa se organiza en una secuencia de misiones numeradas que cubren el período 2022-2030 y proyectan continuidad más allá de esa fecha.
En cuanto a Marte, la NASA lo mantiene como objetivo de largo plazo sin fecha vinculante: el programa Mars Sample Return se encontraba en revisión de diseño al cierre de esta edición, por lo que la transición lunar-marciana pertenece aún al terreno de la planificación prospectiva, no de la programación operativa.
Programa chino
El programa espacial chino nació con vocación defensiva en los años cincuenta, pero desde entonces ha trazado una trayectoria de expansión sostenida.
En 1970 China colocó en órbita su primer satélite, y en 2003 el taikonauta Yang Liwei la convirtió en el tercer país en enviar humanos al espacio de forma independiente.
A diferencia de la NASA, la CNSA opera bajo un modelo cívico-militar integrado, con contratistas estatales encabezados por la Corporación de Ciencia y Tecnología Aeroespacial de China (CASC).
Su desarrollo se ha dado en gran medida al margen de la cooperación occidental: excluida de la Estación Espacial Internacional por razones de seguridad nacional, China construyó su propia estación espacial, Tiangong, cuya construcción se completó en 2022 y que podría convertirse en la única plataforma orbital permanente en órbita baja tras el retiro previsto de la ISS en 2031, si no entran en operación oportunamente otras estaciones comerciales o rusas.
En la superficie lunar, Beijing avanza a través del programa Chang’e (????), nombre que proviene de una figura de la mitología china que, según la leyenda, ascendió de la Tierra a la Luna, simbolizando la ambición del país por llegar y permanecer allí.
Su programa se encuentra estipulado en la siguientes fases y procesos:
Por otra parte, la exploración planetaria corre paralela bajo la serie Tianwen, cuyo objetivo principal es explorar Marte.
La hoja de ruta de Tianwen contempla al menos cuatro misiones principales:
- Tianwen-1 (2020-2021): orbitar, aterrizar y explorar Marte con el rover Zhurong. Completada con éxito.
- Tianwen-2 (2025-2026): exploración de un asteroide cercano a la Tierra y del cometa 311P/PANSTARRS. Misión de doble objetivo.
- Tianwen-3 (programada para 2028, con retorno de muestras estimado 2031): recolección y traslado a la Tierra de muestras del suelo marciano mediante dos lanzamientos coordinados.
- Tianwen-4: exploración del sistema joviano; estudio de Júpiter y sus lunas. Calendario estimado en la misma ventana que Tianwen-3.
Pekín ha articulado sus metas espaciales en torno a tres ejes públicos: el desarrollo tecnológico nacional, el liderazgo científico en exploración del sistema solar y el establecimiento de una infraestructura espacial permanente.
En octubre de 2024, China presentó su programa espacial de mediano y largo plazo para el período 2024-2050, que incluye las misiones lunares, planetarias y de exploración del sistema joviano ya mencionadas.
Base lunar y Marte: el modelo chino
El proyecto de mayor alcance de China en materia lunar es la Estación Internacional de Investigación Lunar (ILRS, por sus siglas en inglés), anunciada en 2021 en colaboración con Rusia.
La ILRS es el equivalente chino-ruso del concepto de base lunar permanente de la NASA, aunque con un modelo de gobernanza distinto: está dirigida por China, con Rusia como socio principal y más de una decena de países adheridos.
El plan de la ILRS contempla una fase robótica entre 2026 y 2030 —con las misiones Chang’e 7 y Chang’e 8 como hitos clave— seguida de una fase con presencia humana a partir de la década de 2030, con el objetivo de una instalación habitada de forma permanente en la década de 2040.
En mayo de 2025, China y Rusia formalizaron un memorando de cooperación para desarrollar un reactor nuclear en la Luna, que proveerá energía para operaciones de superficie y futuras misiones hacia Marte.
Dos programas un destino
A continuación se presenta un cuadro comparativo de los principales indicadores de ambos programas, elaborado a partir de documentos oficiales, declaraciones de agencias y análisis de expertos.
Las estimaciones temporales incorporan los plazos declarados y, donde existen, proyecciones de analistas independientes.
AAK