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Quadratin 28 Apr, 2026 05:15

Notas de una excluida

Más rumor que evidencia, la historia detrás de los 11 científicos

La muerte y desaparición de 11 científicos en Estados Unidos vinculados a investigaciones clasificadas ha generado noticias falsas y teorías conspirativas, lo que ha provocado que el caso sea vigilado de cerca por la Oficina Federal de Investigación (FBI). Sin embargo, esta “noticia” no fue dada a conocer por las propias autoridades estadounidenses ni por algún periódico prestigioso, sino que surgió como un rumor que comenzó a tomar fuerza en redes sociales.

Los mismos periódicos transnacionales y locales del país se han encargado de desmentir que exista una conexión real entre los seis científicos asesinados o muertos y los cinco científicos desaparecidos entre 2022 y 2026.

Olvidamos que Estados Unidos también atraviesa sus propios problemas en seguridad pública, pues el 81 por ciento de la población del país vecino considera la delincuencia un problema serio.

Carl Grillmair, astrofísico especialista en exoplanetas, y Nuno Loureiro, físico experto en fusión nuclear, fueron asesinados a balazos: Carl a manos de un completo desconocido, y Nuno por un colega que posteriormente se suicidó, Claudio Manuel Neves Valente.

El astrónomo Michael Hicks murió por cuestiones médicas, mientras que en el caso de Frank Maiwald aún no se ha especificado la causa de muerte.

El biólogo Jason Thomas fue encontrado sin vida en un lago, y su esposa declaró que el científico atravesaba una situación complicada por la muerte de sus padres; por su parte, la investigadora en antigravedad Amy Eskridge se suicidó y su familia descartó teorías conspirativas en torno a su muerte.

Por su parte, hay tres científicos desaparecidos en Nuevo México, estado que reporta un alto índice en desapariciones: se trata del ingeniero aeroespacial William McCasland y de los académicos que laboraron en el Laboratorio Nacional de Los Álamos, Melissa Casias y Anthony Chávez. También está desaparecida en California la ingeniera aeroespacial de la NASA, Mónica Jacinto Reza, así como el ingeniero en seguridad nuclear Steven García, en Missouri.

La última palabra la tiene el FBI. E independientemente de las teorías conspirativas, son lamentables las 11 muertes y desapariciones de científicos. Las redes sociales se han convertido en un arma de doble filo, donde cualquier cosa puede hacerse viral, desde un video de un gatito hasta un rumor conspiranoico que provoca miedo en la población.

Como el reciente reto viral en TikTok, en el que se incita a estudiantes a escribir en los baños que “habrá un tiroteo” para generar temor en la comunidad escolar y provocar la suspensión de actividades académicas. Este trend ya ha alcanzado a más de 10 estados en México y a 20 localidades de Argentina y otros países latinos. 

Provocar miedo a través de las redes sociales está de moda, y las consecuencias son que las autoridades activen sus protocolos de seguridad e investigación, muy posiblemente para atender llamados falsos en lugar de destinar esos esfuerzos a problemas reales que sí afectan a la población.

Al final, esta historia no habla de una conspiración sofisticada, sino de algo más terrenal y, quizá, más inquietante: la facilidad con la que el miedo se fabrica y se distribuye en la era digital. Once casos reales, dolorosos y distintos entre sí fueron hilados en redes como si formaran una sola trama secreta, cuando en realidad reflejan problemáticas que también atraviesan a Estados Unidos: violencia, crisis personales, desapariciones y fallas en seguridad.

El riesgo no es solo creer en teorías sin sustento, sino desviar la atención y los recursos de lo que sí está ocurriendo. En ese ruido constante, donde un rumor puede viajar más rápido que una investigación oficial, la responsabilidad no recae únicamente en las autoridades, sino también en una sociedad que debe aprender a distinguir entre información y ficción antes de convertir la incertidumbre en pánico colectivo.

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