Óscar Puente no contempla abandonar el Ministerio de Transportes pese a la creciente presión política y social tras el accidente ferroviario de Urda (Toledo). El ministro ha rechazado presentar su dimisión y ha defendido que su manera de asumir responsabilidades consiste en dar la cara, explicar lo sucedido y trabajar para evitar que una tragedia similar vuelva a repetirse.
"Mi forma de ser responsable es dar la cara", ha resumido durante su comparecencia ante los medios. Puente ha reconocido que atraviesa una situación especialmente complicada, pero ha insistido en que no considera que su salida del Gobierno sea la respuesta adecuada. Según ha explicado, solo se plantearía dimitir si entendiera que su permanencia perjudica al proyecto del Ejecutivo o si el presidente Pedro Sánchez se lo pidiera. Por ahora, asegura que no se encuentra en ninguno de esos escenarios.
"Voy a seguir adelante tratando de cumplir con mi deber: dar la cara, explicar, esclarecer y pensar en cómo mejorar el sistema”.
La señal en verde que encontró el AVE antes de la colisión
Uno de los aspectos más relevantes de las explicaciones del ministro ha sido la reconstrucción del funcionamiento de las señales en los minutos previos al choque. Puente ha confirmado que el AVE que terminó impactando contra el Iryo encontró una señal en verde, que indicaba que podía continuar su recorrido.
Según su relato, al tren Iryo se le había autorizado a reanudar la marcha después de la incidencia en el sistema de seguridad LZB. La señalización cambió entonces a verde y se le comunicó la ruta que debía seguir. Sin embargo, el convoy no consiguió arrancar y permaneció detenido durante varios minutos.
El problema es que, mientras el Iryo seguía inmovilizado, la señalización ofrecía al tren que circulaba detrás una indicación favorable para avanzar. Puente ha explicado que el AVE encontró también en verde la señal anterior, conocida como señal de avanzada, que sirve de referencia al maquinista sobre las condiciones de circulación que encontrará más adelante.
“Les aseguro que pasar por esta circunstancia en dos ocasiones en un año no se lo deseo a nadie. Sé lo que me espera. Sé el calvario al que me van a someter encima en campaña electoral, sé los insultos, las descalificaciones y los prejuicios de culpabilidad que se me van a atribuir y ya se me están atribuyendo en los próximos días”.
El ministro ha destacado que el centro de control recibió información de que el Iryo continuaba detenido. También se produjeron comunicaciones entre el centro de control y la maquinista del tren accidentado, que había advertido de que no conseguía reiniciar el sistema. Puente ha evitado calificar lo ocurrido como un error concreto y ha señalado que será la investigación la que determine cómo se gestionó la situación.
“Cuando los sistemas fallan, cuando los sistemas no funcionan, es el ser humano el que entra a controlar el entorno”.
El sistema LZB ha registrado 170 incidencias este año
Puente también ha aportado un dato sobre el sistema LZB, cuya caída está en el centro de las investigaciones del accidente. Según ha indicado, esta tecnología ha registrado 170 fallos o incidencias durante el año, una cifra que ha situado dentro de los parámetros habituales en el contexto ferroviario europeo.
El LZB es un sistema de protección automática que permite supervisar la circulación y controlar la velocidad de los trenes, además de contribuir a evitar situaciones peligrosas. Cuando deja de funcionar, la operación pasa a regirse por otros mecanismos de señalización y por limitaciones de velocidad.
“Creo que es seguro y que los hechos que han sucedido tienen un carácter tremendamente excepcional”.
El ministro ha aclarado que, en esas circunstancias, los trenes no circulan a 300 kilómetros por hora bajo el control exclusivo de una persona. Si falla el LZB, se aplican los criterios del sistema ASFA y las velocidades máximas correspondientes, que pueden llegar a los 200 kilómetros por hora. Puente ha defendido que la tecnología y los protocolos de seguridad siguieron funcionando, aunque ha reconocido que la intervención humana resulta decisiva cuando se producen incidencias.
La comparecencia deja dos frentes abiertos: una investigación que debe aclarar por qué el AVE recibió una señal favorable mientras el Iryo permanecía detenido y una discusión política sobre quién debe asumir las consecuencias de la tragedia. El ministro ha decidido permanecer en el cargo, pero la presión sobre su gestión no ha hecho más que aumentar. @mundiario