Mexicali,B.C.- Desde niña, Omayra Castro sabía que había algo en el baile que la hacía sentirse libre, describiéndose como una persona tímida, aseguró que lo único que nunca le dio vergüenza fue bailar en la sala de su casa frente a su familia.
En el presente, con 23 años, es licenciada en danza, docente, coreógrafa y bailarina, encontrando en esta disciplina no solo una profesión, sino, como Castro lo explicó, una extensión de ella misma.
Su camino profesional comenzó apenas hace cuatro años, cuando decidió ingresar a la Licenciatura de Danza UABC, una oportunidad que, aseguró, le permitió perseguir un sueño que desde pequeña parecía lejano.
“Fue una pasión que siempre tuve desde niña, pero no tuve oportunidad de llevarlo a cabo. Gracias a que la licenciatura estaba en una escuela pública decidí intentarlo”, comentó Castro.
En su entorno familiar nunca existió un antecedente directo con la danza profesional, Castro encontró apoyo total en sus padres, quienes respetaron su decisión de dedicarse al arte.
“Tal vez no entendían de qué se trataba o de qué iba, pero me apoyaron totalmente y hasta la fecha así es”, expresó la docente.
En el Día Internacional de la Danza, Castro consideró importante visibilizar esta expresión artística más allá de su belleza estética, reconociéndose como una forma profunda de comunicación humana.
“La danza es jugar, imaginar y hablar desde lo no verbal, lo que muchas veces el lenguaje no alcanza a expresar, pero a través del cuerpo”, explicó Castro.
CortesíaRetos de vivir la danza en Mexicali
Omayra Castro explicó que dedicarse a esta profesión en Mexicali no ha sido sencillo, consideró que uno de los principales retos ha sido la precariedad laboral y la falta de reconocimiento hacia la danza como una profesión consolidada.
“El arte todavía sigue siendo un gremio que apenas se está consolidando, sobre todo en la danza y sobre todo en un espacio como Mexicali, donde esta profesión apenas se está visibilizando realmente como una labor”, comentó Omayra.
La bailarina consideró que aún faltan espacios culturales donde las personas puedan seguir desarrollándose y donde se entienda que el trabajo del bailarín no solo implica presentarse en el escenario, sino también implica una preparación física, teórica y cultural.
Desde su faceta como coreógrafa, Omayra busca abordar temas que pocas veces se hablan en sociedad.
“Me gusta decir lo que poco se habla, lo que incomoda, lo que la sociedad calla. Eso es lo que me gusta hacer como bailarina”, expresó Omayra.
CortesíaEl presente de la bailarina
Recientemente, Omayra vivió una de las experiencias más importantes de su carrera al realizar una residencia con la compañía Ceprodac en Ciudad de México, una oportunidad que describe como un antes y un después en su formación.
“Venir de una ciudad pequeña como Mexicali y enfrentarse a una ciudad como la capital de México, con una compañía tan emblemática, fue un escalón que no pensaba dar tan joven”, comentó Omayra.
Ahora, además de impartir clases, se prepara para el estreno de la producción “Güelcom, to Baja California”, apoyada por la convocatoria Pulsar, la cual será presentada en el Encuentro Internacional Entre Fronteras.
La meta de Omayra es que este proyecto permita abrir más espacios para bailarines locales y llevar su trabajo a otras ciudades del país.
Cuando se le preguntó qué representa la danza en su vida, su respuesta llegó con emoción.
“Creo que nunca he visto la danza como una extensión de mí misma, creo que casi es lo que representa todo lo que soy. Es el lenguaje de todo lo que digo, de todo lo que siento”, concluyó Omayra.