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Radar Inteligente
Mundiario 29 Apr, 2026 14:40

Inquilinos de Moncloa inmunes a la corrupción

A través de las ventanas de los ministerios, no se ve la vida. Por lo menos la de los otros, gobernados de toda edad, género, condición o lugar de origen, esparcidos por territorios en los que, cada uno de los grupos de seres humanos que los habitan, son ellos y sus peculiares circunstancias. Las mujeres y los hombres a los que, algún día cualquiera, les suena el teléfono y escuchan la voz de un Presidente (apenas investido hace unos días), anunciándole que cuenta con ella o con él para que se haga cargo de alguna de sus deseadas carteras, quizá no se den cuenta, pero inician ese proceso irreversible de romper sus cordones umbilicales con el pueblo, con la gente, con las cosas del comer, del reír, del llorar, del soñar de cada día de millones de anónimos seres humanos esparcidos por todos los rincones de la Piel de Toro.

Durante más de medio siglo, tras haber tomado la salida de aquella carrera de relevos por equipos (centro, izquierda, derecha), en un trialtón (gobierno/parlamento/justicia) hacia la línea de meta de la democracia, han ido compartiendo mesas de Consejos de Ministros mentes brillantes portadoras de carteras que les venían como anillo al dedo, de acuerdo, pero se colaron también polizones con currículos inflados, hombres del Presidente emulando watergates a la española, caraduras de ambos sexos que juraron o prometieron, solemnemente, cumplir y hacer cumplir la Constitución y, a mitad de una legislatura, desfilaron por la caja boba como paradigmas de carne de prisión.

A esto de los ministros, sus nombramientos, la patente de corso que se les otorga a los Presidentes electos para que distribuya las carteras a su antojo, para mí que deberíamos darle una vuelta, oye. Si es verdad que el pueblo está representado en el Parlamento, asunto que por una parte yo qué sé y por otra qué quieren que les diga, qué menos que los respectivos visto buenos surjan de mayorías parlamentarias, o sea, del criterio de alter egos elegidos por el pueblo soberano.

Creo recordar que, salvo en los turbulentos gobiernos de Adolfo Suárez, entre cuyos heterogéneos componentes de Consejos de Ministros no acabó ni uno solo de ellos en un banquillo de los acusados, en todos los demás gobiernos consecuentes, los de Felipe, los de Aznar, los de Zapatero, los de Rajoy, ahora el de Sánchez, ha habido una, dos, tres, incluso más ovejas negras, desde Barrionuevo y Corcuera hasta Rato o Ábalos.

La cosa empezó siendo un síntoma preocupante: los Gal, Roldan, ERES, GALes, Kitchen, cosas así, pero está acabando con la resignación de aceptar con normalidad lechugas, comisiones, chalets, niñas al salón, como animales de compañía democrática. Y, francamente, señoras y señores contemporáneos de este tramo de historia compartiendo un supuesto Estado democrático y de derecho (artículo 1 de la Constitución), ha llegado el momento en el que, a los Presidentes, no se les puede dejar solos repartiendo carteras al tuntún, como el que reparte caramelos. Ha llegado el momento de decidir, democráticamente, por supuesto, si a los Presidente  a los que se le cuelan tantos ministros metiendo mano en las carteras, hay que aplicarles un método para poder sentarles en el banquillo de los suplentes. O sea, lo que se hace con los porteros de fútbol reincidentes en solemnes cantadas.

Esto de los ministros y ministras no es una broma. Sobre todo cuando reciben la icónica cartera que le traspasa su antecesor en el cargo y, en pocos meses, les pillan con las manos en las carteras de todos. Un presidente, tantos presidentes que se lavan las manos cuando se les cuela un ministro corrupto, se pensaría más a quienes sientan en sus Consejos de Ministros si, cuando uno o más le saliesen rana, le sometiesen a un Impeachment. @mundiario

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