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Radar Inteligente
AM 30 Apr, 2026 06:05

El amor de toda una vida (Tercera y última parte)

perspectiva 1

Hoy es el día del niño; regale un libro. 

El tiempo se esfuma en Youtube, TikTok o Instagram. La atención a las redes sociales requiere un esfuerzo mínimo; la distracción constante impide la retención. Los valores se pierden con personajes increíbles como “Mister Beast” o influencers de una atracción efímera, cuyo atractivo en muchas ocasiones es lo insólito de la vulgaridad, los chistes de baja ralea o las fantasías de 10 segundos.

Los libros son otra cosa, pueden ser igualmente fáciles y atractivos. El rédito, lo que queda después de leer un libro es muy distinto a las imágenes que se van del alma y la mente después de guardar el celular.  Cuántos “shorts” recordamos del reel infinito de Instagram, Facebook, X o TikTok. ¿Cinco de cada cien? Lo dudo. La fatiga de lo breve y constante destruye nuestra memoria.

En Japón encontraron un método narrativo en tinta y papel, en imágenes digitales: le llaman “Mangas”. El consumo entre los jóvenes de esas novelas es increíble: mil trescientos millones de historias: trescientos millones en papel, mil millones en digital. La calidad literaria de esos libros que ahora se venden en muchos países puede ser de buena a excelente por la competencia de los autores. Puede ser una iniciación a libros no ilustrados de mayor calidad. Son la versión japonesa de lo que en México alguna vez fue el éxito de “Lágrimas y risas”, “Chanoc” o “Memín Pinguín”. Japón tiene 125 millones de habitantes, un poco menos que México, sin embargo su consumo de lectura es de los más altos del mundo a pesar de ser tecnológicamente muy desarrollados.

Aquí podríamos buscar un aumento en la lectura a través de la capacitación de maestros de primaria y secundaria. Un reto nacional debería ser aumentar la lectura, pasar de 0.6 libros por habitante a más de uno en corto plazo. Significa vender unos 50 millones más de libros al año. El camino es tener políticas públicas adecuadas en el ámbito educativo. Pocas cosas son tan sencillas y económicas como tomar un libro y sentarse a leer. El problema es reflexionar, desde la Secretaría de Educación, cómo lograrlo.

El principal pasatiempo de hoy es el desfile de juegos electrónicos, pantallas de incesante actividad o infinitas opciones de programas en las plataformas de distribución como Netflix. En países desarrollados como Australia, Francia y España, se dio reversa en el uso de móviles para redes sociales entre menores de 16 años. Comprendieron que, para decirlo crudamente, los niños y jóvenes perdían capacidad intelectual (se embrutecen) y disminuían sus conocimientos por el uso intenso y adictivo de las pantallas. Otros países también declaran la guerra a las tabletas y los celulares en manos de infantes y pubertos.

Si queremos comprender cómo las pantallas son efímeras, solo tenemos que ver el destino que tuvieron los cientos de miles de tabletas que el gobierno del Estado regaló en las escuelas públicas, o las cien mil laptops que llevaban la propaganda del gobierno. Se esfumaron o se perdieron en la obsolescencia. En cambio, los libros permanecen. El tema es cambiar la estrategia en las escuelas públicas y privadas. Sugerimos clubes de lectura; lectura obligatoria de literatura nacional y cuentos clásicos. Se pueden realizar concursos de cuentos en todas las escuelas del sistema federal, con buenas recompensas. Hay mil formas de promover los libros.

La Fenal37 es  un gran ejemplo; no se la pierda.

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