HUB
Mundiario 03 Nov, 2026 02:26 (6 min de lectura)
Observatorio Neutral

La acampada de Sol termina con 334 desalojados y dos detenidos

Por María P. Martínez En Mundo España, Comunidad de Madrid
La acampada de Sol termina con 334 desalojados y dos detenidos
PUNTOS CLAVE DEL ANALISIS (IA SCOPE)
• Desalojo de la acampada en Puerta del Sol tras 37 días.
• 334 personas desalojadas y dos detenidas por resistencia.

La Puerta del Sol ha amanecido este martes sin las tiendas que durante más de un mes convirtieron la plaza en un espacio de protesta por el derecho a la vivienda. La Policía Nacional y la Policía Municipal de Madrid han ejecutado de madrugada el desalojo de la acampada iniciada el 26 de septiembre, una movilización que había evolucionado desde la reivindicación contra los desahucios hasta convertirse también en un punto de encuentro para personas sin hogar. La intervención se ha saldado con 334 personas desalojadas y dos detenidos por desobediencia y resistencia, según la Delegación del Gobierno.

El dispositivo comenzó alrededor de las 2.50 horas y movilizó a 220 agentes de la Policía Nacional y 180 de la Policía Municipal. También participaron bomberos, servicios sociales, Samur y equipos municipales de limpieza. La actuación se desarrolló sin alteraciones graves del orden público, aunque algunos participantes denunciaron el uso de gas pimienta y aseguraron que hubo personas heridas durante la intervención.

El operativo pone fin a 37 días de ocupación y abre una nueva etapa para un movimiento que ya atravesaba importantes divisiones internas. La retirada de varias comisiones organizadoras durante el fin de semana había debilitado la estructura colectiva de la protesta, pero un grupo de participantes pretendía mantener la acampada y trasladar sus reivindicaciones hacia la defensa de las personas sin techo.

Un desalojo precedido por advertencias institucionales

La Delegación del Gobierno justifica la intervención como una medida excepcional después de varios intentos de resolver la situación mediante comunicaciones con los organizadores. Según la institución, las autoridades habían advertido de incidentes en el interior y los alrededores del asentamiento, algunos de ellos con consecuencias para los propios acampados, los transeúntes y los agentes.

En sus comunicaciones, la Delegación también había planteado que la finalidad reivindicativa de la concentración ya se había desarrollado durante un periodo suficiente y que existían motivos de seguridad para ponerle fin. La institución sostiene que el desalojo fue el último recurso después de intentar una retirada progresiva de las instalaciones.

De hecho, alrededor de 600 personas habían abandonado previamente la plaza. Las autoridades también habían mantenido conversaciones con el Sindicato de Inquilinas y las distintas comisiones para facilitar la retirada de elementos que afectaban a infraestructuras como los respiraderos del Metro de Madrid y para proteger el entorno de la Real Casa de Correos.

Sin embargo, no todos los participantes compartían la decisión de abandonar Sol. De acuerdo con El País, Juanlu, uno de los portavoces del grupo que defendía continuar con la movilización, denunció que la intervención se produjo sin que recibieran un aviso inmediato. Según su testimonio, los acampados intentaron organizar un cordón para impedir el avance policial, pero no consiguieron evitar el desalojo.

Las personas sin hogar, las más expuestas tras la intervención

Más allá del final de la protesta, una de las consecuencias más inmediatas afecta a quienes habían convertido la plaza en un lugar donde pasar las noches. Durante las últimas semanas, la acampada había reunido a personas vinculadas a las reivindicaciones por la vivienda y a ciudadanos que carecían de un alojamiento estable.

Entre ellos estaba Rafa Quispe, de 40 años, que llevaba 25 días instalado en Sol. Tras la intervención, perdió buena parte de sus pertenencias, entre ellas ropa y objetos personales con un importante valor sentimental. Su intención era regresar a su rutina habitual y desplazarse hasta Plaza Elíptica para buscar trabajo como jornalero.

Su situación refleja una de las contradicciones que deja el desalojo: la plaza deja de ser un espacio ocupado, pero el problema de quienes no tienen dónde dormir continúa sin resolverse. La retirada de las tiendas no elimina la vulnerabilidad habitacional ni garantiza que las personas desalojadas encuentren una alternativa residencial.

Además, algunos de los afectados aseguraron que no pudieron recuperar sus pertenencias. Desde los accesos, agentes municipales comunicaron que los objetos que permanecían dentro del perímetro habían sido considerados abandonados y que no se permitiría regresar a recogerlos.

De la protesta contra los desahucios a un movimiento en los barrios

La acampada nació el 26 de septiembre, después de una manifestación por el derecho a la vivienda. Su origen estuvo relacionado con el caso de Maricarmen Abascal, una mujer de 87 años que tuvo que abandonar su vivienda en Madrid y falleció pocos días después.

El Sindicato de Inquilinas impulsó los primeros días de movilización, aunque posteriormente la organización pasó a manos de distintas comisiones. El modelo pretendía reproducir una estructura horizontal, inspirada en experiencias como el movimiento 15M, en la que los participantes pudieran intervenir en las decisiones y asumir responsabilidades colectivas.

Con el paso de las semanas, las diferencias sobre la continuidad de la ocupación terminaron dividiendo a los participantes. Mientras varias comisiones defendían abandonar Sol para extender las reivindicaciones a los barrios y preparar nuevas acciones, otro sector consideraba necesario mantener la presencia física en la plaza.

La propuesta de reorganizar el movimiento fuera del centro de Madrid incluía también la preparación de una huelga general. No obstante, el desalojo ha interrumpido los planes del grupo que pretendía continuar con la acampada y ha obligado a replantear sus siguientes pasos.

La jornada de este martes también estaba marcada por la convocatoria de la Asociación de Personas sin Hogar, que tenía previsto presentar una iniciativa legislativa popular. La reivindicación pretendía dar mayor visibilidad a las dificultades de quienes viven en la calle.

El desalojo cierra así una de las protestas por la vivienda más visibles de las últimas semanas en Madrid, pero deja abiertas las cuestiones que la impulsaron: el acceso a un alojamiento digno, la respuesta ante los desahucios y la falta de alternativas para las personas sin hogar. Sol recupera su imagen habitual, aunque el conflicto social que ocupó sus calles sigue sin encontrar una solución. @mundiario

Entidades Estrategicas Detectadas (Clic para explorar):