El Congreso de los Diputados ha rechazado los dos decretos de vivienda impulsados por el Gobierno de Pedro Sánchez, un resultado que supone un duro golpe para la estrategia del Ejecutivo frente a una de las principales preocupaciones sociales en España. Las iniciativas no han conseguido reunir los apoyos parlamentarios necesarios y quedan sin convalidar, mientras las protestas por el encarecimiento de los alquileres continúan extendiéndose por distintas ciudades.
La decisión llega después de días de negociaciones entre el Gobierno y sus socios parlamentarios para intentar asegurar la aprobación de las medidas. Sin embargo, el rechazo de Junts, junto con los votos contrarios del PP y Vox, ha impedido que las propuestas prosperen. Podemos había confirmado su respaldo a ambos textos, mientras que el PNV había anunciado que apoyaría el primero, pero no el segundo.
El desenlace evidencia las dificultades del Ejecutivo para sacar adelante su política de vivienda en un Congreso fragmentado. También deja en suspenso dos iniciativas que el Gobierno defendía como parte de su respuesta a los problemas de acceso a la vivienda y a la inseguridad que sufren numerosos arrendatarios.
El alquiler, en el centro del fracaso parlamentario
Uno de los decretos rechazados estaba dirigido a reforzar la protección de los inquilinos y a introducir distintas medidas relacionadas con el mercado inmobiliario. El segundo se centraba en la continuidad de los contratos de alquiler de vivienda habitual, con mecanismos destinados a facilitar su prórroga en determinadas circunstancias.
Esta última propuesta pretendía ofrecer mayor estabilidad a los arrendatarios ante la finalización de sus contratos. Su rechazo impide que las modificaciones planteadas entren en vigor a través de este decreto, por lo que los inquilinos no podrán beneficiarse de las nuevas condiciones previstas en ese texto.
La caída de ambas iniciativas tiene un alcance político que va más allá de una votación concreta. El Gobierno había presentado los decretos como herramientas para responder a las dificultades de quienes destinan una parte elevada de sus ingresos al alquiler, pero no ha conseguido reunir una mayoría suficiente para mantenerlos.
El resultado vuelve a poner de manifiesto la distancia entre las propuestas del Ejecutivo y las posiciones de algunos de los grupos que pueden resultar determinantes en las votaciones parlamentarias.
Junts bloquea las medidas pese al apoyo de Podemos
La posición de Junts ha sido decisiva para el desenlace. La formación independentista catalana había expresado sus discrepancias con los decretos y finalmente optó por votar en contra de ambos. Su rechazo se sumó al del PP y Vox, que tampoco respaldaron las iniciativas.
Junts considera que las medidas del Gobierno no abordan adecuadamente las causas de la crisis habitacional y ha cuestionado sus posibles efectos sobre la oferta de viviendas en alquiler. La formación también ha defendido la necesidad de proteger a los pequeños propietarios y ha reclamado cambios en la orientación de la política de vivienda.
Podemos, por el contrario, anunció que sus cuatro diputados apoyarían los dos textos, aunque mantuvo sus críticas al alcance de las medidas. La formación justificó su decisión, entre otros motivos, por la petición de los sindicatos de inquilinos de que los decretos salieran adelante.
El PNV adoptó una posición diferente según la iniciativa: respaldó el paquete general de vivienda, pero rechazó el decreto sobre la prórroga de los contratos de alquiler. Esta división anticipaba las dificultades para que el Ejecutivo consiguiera aprobar los dos textos.
¿Qué ocurre ahora con las medidas de vivienda?
El rechazo del Congreso impide la convalidación de los decretos, por lo que las medidas que contenían no podrán mantenerse en vigor mediante esas normas. El Gobierno tendrá que valorar cómo continuar su política de vivienda y si intenta recuperar algunas de las propuestas mediante nuevas iniciativas legislativas o acuerdos parlamentarios.
La principal dificultad será encontrar una fórmula que consiga suficientes apoyos en la Cámara. Las discrepancias no se limitan a la duración de los contratos, sino que afectan también a la manera de aumentar la oferta de viviendas, proteger a los arrendatarios y regular el mercado del alquiler.
La caída de los textos tampoco significa que desaparezca el debate sobre la vivienda. Al contrario, la votación vuelve a situar en primer plano las diferencias entre los partidos sobre cómo actuar ante el encarecimiento de los precios y las dificultades de acceso a un hogar.
Las acampadas por la vivienda aumentan la presión sobre los partidos
El revés parlamentario coincide con las movilizaciones y acampadas que se están desarrollando en diferentes puntos de España. En Madrid, la Puerta del Sol se ha convertido en uno de los principales escenarios de las protestas, mientras otras ciudades también han registrado concentraciones y acciones de colectivos que reclaman soluciones a la crisis habitacional.
Los manifestantes exigen alquileres asequibles, mayor protección frente a los desahucios y medidas que permitan acceder a una vivienda sin comprometer una parte desproporcionada de los ingresos. Las protestas reúnen a personas afectadas por el encarecimiento de los alquileres, jóvenes que encuentran dificultades para emanciparse y organizaciones que denuncian la falta de alternativas residenciales.
El rechazo de los decretos añade un nuevo elemento a esta situación. Mientras el Gobierno pierde una votación clave, los colectivos sociales mantienen la presión para que la vivienda ocupe un lugar prioritario en la agenda política.
El resultado deja al Ejecutivo ante un escenario complicado: sus dos propuestas han sido rechazadas y cualquier nuevo intento requerirá reconstruir los apoyos parlamentarios. La crisis habitacional continúa, pero las medidas que el Gobierno había presentado para afrontarla se han quedado sin el respaldo necesario en el Congreso. @mundiario