La llegada de Mirando inacabable (2025) a A Illa das Esculturas de Pontevedra añadió una nueva voz a un paisaje que dialoga con la creación contemporánea. La obra, realizada en granito por la escultora gallega Soledad Penalta, se alza entre árboles y senderos como una presencia que, sin imponerse, invita a mirar de otra manera el entorno y a pensar en el tiempo que habita la materia.
La pieza se presenta como una torre modular formada por volúmenes geométricos repetidos, atravesados por huecos triangulares que dejan pasar la luz y la mirada. Su verticalidad no es monumental en el sentido clásico, sino reflexiva: parece más una estructura en crecimiento que un objeto cerrado. El granito, trabajado con precisión, conserva su carácter pétreo y ancestral, pero se abre a una lectura contemporánea que evoca arquitectura, memoria y paisaje a la vez.
El hecho de que la propia autora aparezca junto a la obra —en una imagen de MUNDIARIO que subraya la escala y la dimensión humana de la pieza— ayuda a comprender la voluntad de Penalta: no levantar un monumento distante, sino crear una forma habitable por la mirada. La repetición de módulos, que parecen encajar como piezas de un sistema abierto, sugiere una idea de continuidad, de obra que podría prolongarse indefinidamente, como indica su propio título.
Académica de la Real Academia Galega de Belas Artes
Soledad Penalta no es precisamente una recién llegada al panorama artístico. Académica de la Real Academia Galega de Belas Artes desde 2018, su trayectoria está avalada por una sólida carrera y por reconocimientos de gran relevancia. Entre ellos destacan el Premio da Cultura Galega de Belas Artes y el Premio da Crítica de Galicia, ambos concedidos en 2019, que consolidaron su posición como una de las figuras clave de la escultura contemporánea en Galicia. Su trabajo ha formado parte de numerosas exposiciones colectivas e individuales, tanto en el ámbito nacional como internacional, ampliando el alcance de una obra que dialoga con distintas tradiciones escultóricas.
La incorporación de Mirando inacabable a A Illa das Esculturas no es un gesto menor. Este espacio, concebido como un parque donde el arte convive con la naturaleza, ha demostrado con el paso de los años que el arte público puede ser algo más que ornamento urbano. Puede convertirse en un territorio de reflexión colectiva, donde cada obra añade una capa de sentido al conjunto y donde el visitante se convierte en parte activa del recorrido.
Sin embargo, la presencia de una nueva pieza en este entorno también invita a abrir una reflexión más amplia sobre el papel del arte público en las ciudades contemporáneas. ¿Debe el arte en el espacio público aspirar a la monumentalidad o a la intimidad? ¿A la permanencia o a la experimentación? La obra de Penalta parece situarse en un punto intermedio: no renuncia a la presencia física, pero tampoco busca imponerse como símbolo único. Más bien se ofrece como una estructura abierta, susceptible de múltiples lecturas.
Hay, además, una dimensión material que no conviene pasar por alto. El uso del granito, tan ligado a la tradición constructiva gallega, conecta la obra con una memoria colectiva que atraviesa generaciones. Pero aquí el material no se presenta como herencia inmóvil, sino como posibilidad de transformación. En ese sentido, Mirando inacabable dialoga tanto con la historia del territorio como con las preocupaciones contemporáneas sobre el paisaje, la sostenibilidad y la identidad cultural.
Mirando inacabable no solo añade una nueva silueta al paisaje de Pontevedra. También introduce una invitación a pensar en la posibilidad de que el arte sea un proceso más que un resultado cerrado
La elección del emplazamiento también resulta significativa. A Illa das Esculturas no es un museo cerrado ni un espacio ceremonial; es un lugar transitado por vecinos, familias y visitantes. La escultura se integra así en una experiencia cotidiana, lejos de la solemnidad que a menudo rodea a las instituciones artísticas. Esa convivencia con la vida diaria es, probablemente, una de las claves del éxito de este enclave cultural.
La nueva obra de Penalta llega en un momento en el que el debate sobre la cultura y el espacio público adquiere renovada importancia. Las ciudades buscan redefinir su identidad y reforzar su atractivo cultural, y en ese proceso el arte se convierte en un instrumento fundamental. Pero también surge la necesidad de preguntarse qué tipo de arte se quiere y qué relatos se desea construir colectivamente. Mirando inacabable no solo añade una nueva silueta al paisaje de Pontevedra. También introduce una invitación a pensar en la continuidad, en la posibilidad de que el arte sea un proceso más que un resultado cerrado. Como sugiere su estructura modular, la obra parece recordar que toda creación es, en cierta medida, provisional, abierta a nuevas miradas y a nuevas interpretaciones. Quizá ahí resida su mayor acierto: en proponer una presencia que no se agota en sí misma, sino que permanece disponible para el diálogo. Una mirada que, como indica su nombre, no se termina nunca. @mundiario