HUB
Publicidad Responsiva - Banner Superior
Radar Inteligente
Mundiario 24 Jun, 2026 00:20

¿Está Cuba siguiendo la receta de Lenin? La vieja NEP que ya inspiró a China y Vietnam vuelve al debate económico

La historia económica tiene la extraña costumbre de regresar cuando las crisis se vuelven profundas. Y pocas experiencias ilustran mejor ese fenómeno que la Nueva Política Económica (NEP) impulsada por Vladimir Lenin en 1921. Más de un siglo después, aquella fórmula concebida para rescatar a la naciente Unión Soviética vuelve a aparecer en las comparaciones de economistas y observadores internacionales al analizar el rumbo que parece explorar Cuba.

La analogía no es casual. La isla atraviesa una de las situaciones más difíciles desde el Período Especial. La escasez de alimentos y combustibles, la inflación persistente, los apagones, la caída de la producción y una emigración masiva han configurado un escenario de enorme complejidad económica y social. A ello se suma el impacto de las sanciones estadounidenses, que continúan limitando el acceso al crédito, la inversión y los mercados internacionales.

En circunstancias muy distintas, aunque con algunas similitudes estructurales, Lenin se enfrentó hace más de un siglo a un dilema comparable. La Rusia revolucionaria estaba exhausta tras la Primera Guerra Mundial y la guerra civil. El llamado Comunismo de Guerra había permitido ganar el conflicto militar, pero estaba destruyendo la economía. La producción agrícola se desplomaba, las ciudades sufrían desabastecimiento y el malestar popular amenazaba la propia supervivencia del nuevo régimen.

Lenin recurrió al mercado para salvar la Revolución; China y Vietnam lo convirtieron en una estrategia de desarrollo. Cuba busca atraer inversión y estimular la iniciativa privada sin renunciar al monopolio político del Partido Comunista

Fue entonces cuando Lenin decidió dar marcha atrás en algunos postulados económicos para preservar el proyecto político. Permitió que los campesinos comercializaran parte de su producción, autorizó pequeños negocios privados y abrió espacios limitados al mercado, mientras el Estado conservaba el control de los sectores estratégicos.

Aquella decisión provocó fuertes resistencias ideológicas dentro del Partido Comunista. Para muchos revolucionarios, la aparición de comerciantes privados y empresarios suponía una peligrosa concesión al capitalismo. Sin embargo, los resultados fueron inmediatos. La agricultura se recuperó, reaparecieron los productos en los mercados y la actividad económica volvió gradualmente a la normalidad.

Una lección de pragmatismo político

La NEP fue, en esencia, una lección de pragmatismo político. Lenin comprendió que una economía paralizada podía convertirse en una amenaza más grave para la revolución que cualquier enemigo exterior. La supervivencia del sistema exigía flexibilidad. La experiencia terminó abruptamente tras la consolidación de Stalin en el poder. La colectivización forzosa y los planes quinquenales sustituyeron la apertura limitada por una economía completamente centralizada. Sin embargo, la semilla había quedado plantada.

Décadas después, China y Vietnam rescatarían parte de aquella lógica. No reprodujeron la NEP de forma literal, pero asumieron una conclusión similar: la economía de mercado podía convivir con un sistema político de partido único, el comunista.

China fue la primera en recorrer ese camino. Deng Xiaoping entendió que la pobreza representaba una amenaza existencial para la estabilidad del país. A partir de 1978 impulsó una apertura gradual que permitió la creación de empresas privadas, la llegada de inversión extranjera y el desarrollo de zonas económicas especiales. El Partido Comunista conservó el control político, pero la economía adquirió una flexibilidad desconocida hasta entonces.

Vietnam siguió una senda parecida con las reformas del ??i M?i en 1986. El país pasó de padecer escasez crónica de alimentos a convertirse en una potencia exportadora agrícola e industrial. Ambos procesos demostraron que los incentivos económicos, la inversión y la iniciativa privada podían convertirse en aliados de la estabilidad política en lugar de amenazas inevitables.

El caso cubano

Es precisamente ahí donde el caso cubano adquiere una dimensión histórica particularmente interesante. Las recientes medidas aprobadas por las autoridades cubanas apuntan hacia una ampliación del espacio económico privado, una mayor apertura a la inversión extranjera, nuevos mecanismos financieros, asociaciones entre empresas estatales y capital privado y una redefinición gradual del sistema de subsidios. Por primera vez en décadas, el discurso oficial reconoce con una claridad poco habitual que el mercado puede desempeñar un papel relevante en la recuperación económica.

Las semejanzas con la NEP resultan evidentes. En ambos casos aparece una coexistencia entre propiedad estatal y actividad privada, una búsqueda de incentivos productivos y una apertura limitada al capital y a la iniciativa individual, mientras el poder político permanece firmemente concentrado en el Partido Comunista.

Sin embargo, las diferencias son igualmente importantes. Lenin concebía la NEP como una retirada táctica y temporal. China y Vietnam, por el contrario, transformaron aquella lógica en una estrategia permanente de desarrollo. La cuestión clave para Cuba es determinar cuál de esos dos modelos pretende seguir.

La respuesta dependerá menos de los anuncios que de la capacidad para generar confianza. Los inversores nacionales y extranjeros observan con atención la estabilidad regulatoria, la protección de la propiedad, la autonomía empresarial y la previsibilidad de las decisiones gubernamentales. Esos factores resultaron decisivos en el éxito chino y vietnamita.

También influirá la dimensión social de las reformas. La apertura económica suele generar crecimiento, pero también desigualdades. El reto para La Habana consistirá en estimular la creación de riqueza sin provocar fracturas sociales que comprometan la cohesión interna.

¿Habrá continuidad, credibilidad y resultados?

La experiencia internacional demuestra que las reformas económicas no triunfan únicamente porque sean aprobadas por decreto. Necesitan continuidad, credibilidad y resultados visibles en la vida cotidiana. Los ciudadanos no evalúan las políticas por sus fundamentos teóricos, sino por la disponibilidad de alimentos, el funcionamiento de la electricidad, el acceso a la vivienda o la mejora de sus ingresos. Por eso el verdadero examen de las reformas cubanas no se celebrará en los despachos ministeriales ni en los congresos del Partido Comunista. Tendrá lugar en los mercados, en las fábricas, en las explotaciones agrícolas y en los hogares de millones de cubanos.

Más de cien años después de que Lenin pronunciara su célebre llamado a dar un paso atrás para poder avanzar después, Cuba parece enfrentarse a una disyuntiva semejante. La historia ofrece precedentes, pero no garantías. La isla podría estar protagonizando una apertura limitada para aliviar una emergencia económica o podría encontrarse ante el inicio de una transformación mucho más profunda.

La diferencia entre una cosa y otra no la determinarán los discursos ideológicos. La decidirá la capacidad de las reformas para producir crecimiento, atraer inversión, recuperar la producción y ofrecer perspectivas de futuro a una sociedad que lleva demasiado tiempo esperando señales de prosperidad. Y esa, como siempre ocurre en economía, será la prueba definitiva. @mundiario

Contenido Patrocinado