La Ciudad de México cerró ayer su participación como sede mundialista con el partido entre México e Inglaterra. Lo hizo con el operativo más detallado que hemos desplegado en todo el torneo. Vale la pena contarlo con el mismo orden con el que se diseñó, porque cada pieza respondió a algo puntual que aprendimos de los partidos anteriores.
Más de 40 mil servidoras y servidores públicos, con tareas específicas: más de 17 mil policías de las subsecretarías de Operación Policial, Tránsito, Participación Ciudadana e Inteligencia, y 24 mil personas de protección civil, bomberos, salud, participación ciudadana y cultura. La diferencia frente a operativos previos no estuvo en el número total, sino en cómo se distribuyó: cada zona de la ciudad tuvo un objetivo distinto y una autoridad responsable de ese objetivo.
El eje fue el manejo del Ángel de la Independencia. Se definió un aforo máximo de 25 mil personas, el equivalente a cuatro personas por metro cuadrado, y a partir de ahí un sistema de filtros que se cierran de afuera hacia adentro conforme se acerca esa capacidad, exactamente como funciona desde hace tiempo en el Zócalo. El primer perímetro corrió entre la Diana Cazadora y el Ahuehuete; un segundo cinturón llegó hasta Chapultepec e Insurgentes, ambas convertidas en vías peatonales por varias horas para canalizar a quien ya no pudiera entrar al primer polígono. Un tercer tramo corrió por Bucareli hasta El Caballito. Si un punto se saturaba, siempre había otro abierto detrás.
Sobre ese corredor de seis kilómetros, desde la Estela de Luz hasta el Monumento a la Revolución, se instalaron 62 pantallas, seis más que en el partido anterior. Los elencos musicales de mayor convocatoria se colocaron en los puntos más alejados del Ángel, para darle a la gente una razón de quedarse ahí en vez de moverse hacia donde ya había más gente.
En materia de alcohol, la Secretaría de Gobierno desplegó 800 servidoras y servidores públicos organizados en 83 brigadas, relevadas en dos turnos, con instrucción explícita de inhibir la venta y el consumo en vía pública. Esta vez la medida se extendió a Roma Norte y Condesa, porque en festejos anteriores la venta simplemente se había corrido unas cuadras hacia esas colonias.
El operativo de salud desplegó casi 600 personas solo en el corredor de Reforma, entre médicos, paramédicos y urgenciólogos, con 48 ambulancias, 14 moto ambulancias, cinco puestos médicos avanzados y once puestos médicos básicos. El personal clasificaba los casos por gravedad, atendía intoxicaciones y deshidratación en el momento, y canalizaba a un hospital solo cuando era necesario. El Instituto para la Atención y Prevención de las Adicciones sumó 15 puestos adicionales en la misma zona.
En movilidad, las estaciones de Metro más cercanas al Ángel, Chapultepec, Sevilla e Insurgentes, se cerraron o reabrieron según el comportamiento del aforo, monitoreado en tiempo real. Y en limpieza, tres turnos de mil trabajadores cada uno, más 750 contenedores adicionales sobre Reforma, con instrucción de que el retiro de residuos empezara desde antes de que terminara el evento.
Nuestra Selección jugó cinco partidos en México, cuatro de ellos en esta ciudad, y en los cinco la CDMX salió a las calles a vivirlos: en el Zócalo, en el Ángel, en cada festival futbolero de cada alcaldía. Ese fue nuestro trabajo: que cada uno de esos encuentros tuviera, aquí, la fiesta que se merecía.
México perdió 3-2 ante Inglaterra. Duele. Claro que duele. Pero lo que esta Selección nos regaló a lo largo del torneo no lo borra ningún marcador. Llegaron lejos, jugaron con orgullo, y millones de mexicanos, los acompañamos hasta el último minuto, con la misma entrega con la que ellos jugaron cada partido. Eso no desaparecerá.
Para quienes trabajamos en este gobierno, ha sido un privilegio que no vamos a olvidar. Miles de servidoras y servidores públicos nos desvelamos semanas enteras, terminando de limpiar Reforma o acompañando al último aficionado que se resistía a irse a casa. Lo hicimos agradecidos por la responsabilidad. Y lo volveríamos a hacer.
Con el torneo ya despidiéndose de nuestras calles, puedo decir esto sin dudar: ninguna otra sede recibió, cuidó y celebró como lo hizo la Ciudad de México. Fuimos la mejor sede del Mundial. Y eso también fue un honor.
César Cravioto es Secretario de Gobierno de la Ciudad de México.