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Publimetro 09 Jul, 2026 19:21

Columna Itinerante: Demagogia de izquierda, cinismo de derecha

Cada vez es más frecuente encontrar personas, entre ciudadanos y periodistas, preguntarse con cierta extrañeza, cómo fue posible que alguien como Donald Trump llegara a ocupar —una vez más—el lugar de presidente de los Estados Unidos de Norteamérica y que se le permite operar como un rey cínico, un desalmado que no parece respetar en lo más mínimo el derecho internacional.

Junto a Trump, y guardando las respectivas diferencias en cada caso, el ascenso del poder de políticos de derecha y extrema derecha a lo largo y ancho del mundo, que, tomando la bandera de la “familia, patria, propiedad” se lanzan con cinismo y descaro, tanto en su hablar como obrar, por la lucha por el poder, por ejemplo, el caso de Milei en Argentina, Bolsonaro en Brasil, como el de Bukele en El Salvador y el de Abelardo de Espriella en Colombia, si lo vemos detenidamente y a detalle podemos ver una correspondencia, por no decir una respuesta casi necesaria del cinismo de extrema derecha a la demagogia de la izquierda. Es decir, que ahí donde la izquierda ha fracasado en ofrecer lo que tanto ha expresado, la derecha logra explotar ese hartazgo de la ciudadanía ofreciéndose como la respuesta más radical y definitiva. Eso, igualmente será algo breve. Se puede engañar a alguien una vez, pero no siempre. Vivimos tiempos donde hay un franco rechazo a la simulación cínica de la derecha, aún y que hablen supuestamente de manera franca, directa, sin “pelos en la lengua”, como de la simulación y supuesta superioridad moral de la izquierda. Como se puede ver, ni la demagogia de izquierda ni el cinismo de derecha consigue atender las problemáticas de alimentación, empleo, salud, seguridad y educación.

El cinismo –como como diría Colette Soler, el narcinismo—de la extrema derecha es la respuesta en espejo de la demagogia de izquierda, es su producto, la consecuencia de su fracaso, de su torpeza. Son el vaivén de un mismo péndulo, de ahí que tiendan a sucederse y a retornar, al tiempo que los ciudadanos asistimos a su ineficiencia. Es por ello por lo que, en ambos casos, es únicamente la ciudadanía la que puede funcionar como un verdadero contrapeso político. Atrás tiene que quedar la idea de que el contrapeso de un poder en gobierno lo constituye la oposición. ¡No! el verdadero contrapeso son los ciudadanos, no aquellos que se alternan (¿o reparten?) el botín del presupuesto público, cada uno explotando y capitalizando política y económicamente, según su narrativa, el hartazgo que el contrario ha producido. En ese sentido, Trump y sus aliados o sometidos por todo el mundo, tanto en la esfera política como empresarial son la respuesta-intento fallido de los lideres de los 60-70 de siglo XX que prometieron mucho y se quedaron sintomáticamente fijados a una postura supuestamente liberal, pero burocráticamente ineficiente que cuesta demasiado a los países. ¿O acaso fueron Milei, Bukele, Trump, Bolsonaro los únicos que han precipitado a sus países al abismo? Lo que es difícil para las izquierdas es reconocer que estos fueron la respuesta desesperada y fallida de sus propios gobiernos, que obviamente comienza a mostrar signos de franca decadencia, que la gente pudo encontrar, ante la ineficiencia de la izquierda, el cinismo de la derecha, como una suerte de ya basta ante la demagogia de la izquierda.

No hay que olvidar que, en el caso de México, fue precisamente la demagogia de centro izquierda del PRI, el eterno partido en el gobierno (durante 70 años) el que creó y catapultó en la gente el “sin pelos en la lengua” del cinismo de botas y sombrero de Vicente Fox (PAN) que terminó siendo pan con lo mismo, aquel “gabinetazo” que se presentaba confeccionado por flamantes empresarios exitosos que harían lo mismo en el servicio público, terminó por simplemente lucrar con el poder. La historia del fracaso es ya conocida. Lo que permitió el retorno del PRI-AN: sus corrupciones, fracasos e ineficiencias fueron las que hicieron que MORENA creciera y creciera, unido a los dos fraudes electorales a Andrés Manuel López Obrador (junto al fraude del PRI al Ing. Cuauhtemoc Cárdenas en 1988) y el hartazgo de la gente, algo que hoy, el mismo partido de MORENA, ahora en el poder, no deber de olvidar, si no desea crear igualmente las condiciones para que en algún tiempo los opositores capitalicen el descontento que ellos mismos han generado.

El mensaje es claro: la verdadera política no se puede sostener en la simple simulación o en la abstracción de la macroeconomía o geopolítica, tampoco en el vanagloriarse moralmente diciendo “nosotros no somos ellos”, sino en hacerlo mucho mejor, no en la percepción ni en lo macro, sino en la realidad inmediata, tangible, del contexto social compartido, del familiar y del personal.

*El autor es psicoanalista, traductor y profesor universitario. Instagram: @camilo_e_ramirez

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