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AM 07 Jul, 2026 06:00

Vertushka (båðòóøêà)

Columna de Jorge A. Meléndez Ruiz

Esta palabreja rusa bien puede esconder las semillas del fracaso de cualquier organización (o país) con un líder autoritario y poderoso.

Pero no creas que se refiere a alguna deficiencia sicológica.

Para nada.

Vertushka es un simple teléfono.

Te cuento que me encontré este término al ver la gran película “El mago del Kremlin” (ve un tráiler en nuestros sitios), que cuenta la historia ficcional de Vadim Baranov, un genio de la comunicación que, por azares del destino, se convierte en uno de los asesores estrella de Vladimir Putin.

La película es ficcional, pero los acontecimientos que reseña no. Pinta de cuerpo entero el ascenso de este terrible y violento dictador.

En una entrevista con un periodista, Vadim le platica sobre el Vertushka.

“Es un teléfono sin disco para marcar que se utilizaba en tiempos de la URSS. No podías marcar porque solo era para recibir llamadas de algún jefe. Era un símbolo de estatus. Quien tenía un Vertushka había ya accedido a las altas esferas del poder”, explica Baranov.

Aunque no lo creas, la primera versión de este telefonito fue instalada. ¡en 1922 y por el mismísimo Vladimir Lenin! Con el tiempo se fue desarrollando, con varias categorías de importancia y hasta con versiones que funcionaban en automóviles.

Era un canal de comunicación directo con los jefazos. Y mientras más importante el jefe que llamaba, más importante era el que levantaba el teléfono.

De una vez aclaro, cuando un jefe llama, hay que responderle.

Con medida, eso no tiene nada de malo. Va el primer consejo de esta columna: siempre será importante atender a tu superior. Primero, porque a fin de cuentas tiene poder. Pero sobre todo, segundo, porque en teoría él o ella saben más y nos guían a mejores lugares.
En teoría.

Porque obviamente, todo en exceso es malo.

Y cuando un jefe solo comunica en una vía, cuando solo ordena, tarde o temprano se convierte en un mal jefe. Tarde o temprano, fracasa. Y tarde o temprano lleva al fracaso a su área, empresa o país.

Lo que me lleva al segundo y natural consejo: un buen jefe escucha, particularmente cuando ha subido tanto que está muy lejos de las líneas de batalla. Sabe que muchas veces la información más valiosa la tienen los que están en contacto con competencia y clientes.
Un buen jefe tiene un teléfono abierto. Puede marcar y le pueden marcar. Habla y dirige; pero también escucha y rectifica.

La alternativa es terrible, porque una línea unidireccional termina por crear lo que se conoce como una “cámara de ecos”. Una cámara donde el jefe se marea en sus propias ideas y se enamora de su voz.

Tal como le sucedió a Putin, regreso a la película, donde Vadim explica:

“A partir de ese momento (cuando Putin encarceló a los oligarcas), el gobierno Ruso experimentó un profundo cambio. La lucha por el poder se desplazó del ámbito público al círculo íntimo del Zar.

El Estado volvió a depender de las intrigas de la corte.

Están los que tienen una oficina cercana al Zar y los que tienen una línea directa con él. Están los que lo acompañan cuando viaja al extranjero y los que pasan vacaciones con él en Sochi.

Ningún detalle, por trivial que sea, se puede ignorar. Desde los asientos en las cenas de gala a los tiempos de espera para ver al Presidente.

Nada escapa la atención de un cortesano”.

Esa palabrita encierra precisamente la semilla del fracaso: cortesano.

Porque el jefe poderoso que no escucha y que solo habla termina por crear una corte de lambiscones.

Cortesanos que prestan atención al tipo de teléfono que tienen y no a lo que se comunica cuando se habla. Cortesanos que aplauden alegremente mientras el Zar corre desnudo por palacio.

¿La vacuna? Apertura. Teléfonos abiertos. Comunicación abierta. Discusión abierta: que gane la mejor idea y no necesariamente la del Zar.

¿Cómo es tu teléfono? Revísalo y ajusta en consecuencia.

Posdata. Pues siempre no. Se luchó, pero ese es nuestro nivel, el nivel de México. Todo a nuestro favor: uno más por 40 minutos, la altura y 80,000 almas presionando… y ni así. ¿Y si sí? Para la próxima, a seguir soñando y sobre todo, trabajando con tiempo.
En pocas palabras.

“La habilidad de inspirar temor es el arma del pobre. Aprendí eso en la calle”.

Vladimir Putin en la película “El mago del Kremlin”.

[email protected]

X: @jorgemelendez

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