
El accidente en la Sierra Tarahumara en el que murieron el domingo dos agentes de la CIA que estaban colaborando con el gobierno de Chihuahua, colocó a la presidenta Claudia Sheinbaum en una doble encrucijada: el papel y destino de la gobernadora Maru Campos, que se entrometió en un tema de competencia exclusiva federal, la política exterior, y cómo responder a una intromisión estadounidense por haber realizado operaciones terrestres en territorio mexicano, dejando al gobierno en la oscuridad. En ambos casos, la Presidenta ha pateado el balón para adelante, ganando tiempo para evaluar, posiblemente, todos los escenarios.
No tiene opciones dentro de la ley: o actúa contra Campos o mantendrá abierta la puerta para que, de manera bilateral, gobiernos estatales busquen sus propios acuerdos de seguridad con Estados Unidos. Y presenta una enérgica protesta al gobierno de Donald Trump, o terminará de perder el control sobre las operaciones off-the-books de las agencias de inteligencia de ese país. En ambos casos arrastra un déficit, pero puede revertir las pérdidas y recuperar la rectoría del gobierno sobre los asuntos internos.