José Manuel Albares, ministro de Asuntos Exteriores de España, ya viene rumbo a México con la encomienda de seguir enfriando… o más bien descongelando… la relación con el gobierno de la 4T. Y aunque el discurso oficial habla de una política exterior con “profunda vocación latinoamericana”, en los pasillos diplomáticos la lectura es otra. Porque más allá del romanticismo iberoamericano, lo que realmente estaría en juego es la estrategia de Pedro Sánchez para recomponer —de una vez por todas— el vínculo con México de cara a la Cumbre Iberoamericana de noviembre en Madrid. Ahí, dicen, se busca algo más que acuerdos: la foto. Sí, esa imagen que no se ha logrado en años: el rey Felipe VI junto a la presidenta Claudia Sheinbaum. Una postal que serviría para cerrar heridas, bajar aún más las tensiones y, de paso, enviar un mensaje político de normalización. Porque en política exterior, como en la vida, no basta con invitar a la foto: hay que querer aparecer en ella.
Bertha Ahued Malpica, diputada de Morena por Boca del Río, Veracruz, habría celebrado una pre boda de alto perfil —y alto costo— nada menos que en Sevilla, en plena Feria de Abril. Un evento que, según versiones, reunió cerca de 250 invitados y que no precisamente responde al estándar de “vida modesta” que tanto presume el movimiento. Dicen que el gasto habría rondado los 7 millones de pesos. Sí, pre boda. Porque la pregunta que ya corre en corto es inevitable: ¿entonces cómo vendrá la boda? Pero más allá del monto, lo que llama la atención es el contexto. Invitados de alto perfil, fiesta en España… el mismo país al que desde ciertos sectores de Morena se le exigen disculpas históricas. La escena parece salida de una contradicción política: mientras el discurso público apuesta por la austeridad y la reivindicación histórica, la vida privada se celebra —literalmente— al ritmo de sevillanas. Al final, queda la duda: ¿austeridad para quién?
Claudia Sheinbaum, presidenta… y el 80% que no alcanza. Luego de los reclamos por la falta de medicamentos en distintos centros de salud —que incluso la obligaron a ajustar su agenda—, la presidenta Claudia Sheinbaum salió a dar cifras: en el IMSS Bienestar de Tenango de Doria, Hidalgo, aseguró, hay un 80% de abasto. El problema, dijo, es el proveedor. Pero en territorio, ese 20% que falta suele ser justo el medicamento que el paciente necesita. Y ahí es donde las cifras dejan de cuadrar con la realidad. El episodio no solo exhibe fallas en la cadena de suministro, sino también la sensibilidad política del tema: salud pública, presión social y una narrativa oficial que intenta contener el desgaste. Porque en el papel, 80% suena suficiente. En la práctica, para quien no encuentra su tratamiento, es simplemente insuficiente. Y mientras el gobierno señala a proveedores, la pregunta sigue en el aire: ¿quién responde por lo que no llega?