Antes de la llegada al Nuevo Mundo, gran parte de la sociedad desconocía la existencia de otras tierras más allá de las propias. Montañas y mares eran muros del mundo. Afuera existía un universo fantástico, de criaturas extraordinarias, con alas, cuernos,monstruos marinos, dragones. … Sociedades exóticas, y especies de humanas, enanas, gigantes o peludas. El horizonte era una nube de incertidumbres. Jamás habían cruzado un océano y volvieron para contarlo.
Los primeros viajes eran de reconocimiento y comercio, más tarde de expansión y evangelización, para transformarse en incursiones científicas con la mirada puesta en la botánica, la fauna, la etnografía…
Son odiseas en selvas amazónicas e islas polinesias. Auténticas vidas aventureras, arriesgándose. Con un macuto de dudas y una espada en la espalda, apretando. La catana abría caminos y defendía de confrontaciones frente a tribus caníbales. Era más fácil que fueran hostiles al invasor que amigas. Se adentraron en frondosos bosques, de animales peligrosos, aunque los más terribles eran grandes, los más nocivos eran microscópicos, que causan catástrofes irreparables.
Misiones solitarias, para ir evangelizar que estaban en lejanos reductos de la tierra. En cuanto a formar Misioneros, Padrón cuenta desde el XVII con un colegio, San Antonio de Herbón.
Galicia es testimonio de grandes exploraciones. Una de las más nombradas a nivel internacional, es la salida de Coruña de Alexander Von Humbolt. Al que medio mundo le dedica plazas y calles. Obviando de donde sale. Aquí paró Bethencourt para la primera conquista de ultramar, Canarias. Fue el puerto de la Conquista de las Especias. O de la Expedición Balmis, que recorrió el imperio hispano desde 1803 a 1806, en la goleta María Pita, portando una cura, la vacuna de la viruela, inoculada en los niños expósitos que cuidaba Isabel Zendán. la primera expedición sanitaria internacional de la historia.
Exploradores perdidos y naufragados, aparecían dispersos por islas o junglas. De repente una voz solitaria energía, con acento gallego. Como la de Gonzalo de Vigo, aquel que desertó cuando iba con Magallanes y encontró Loaysa, subió a una canoa en Guam en 1526. O Teodoro de Quirós que tras ser secuestrado en Java apareció siete años más tarde en Manila, quien sabe como llegaría, se salvó de milagro por su fuerza y fé.
De aquí había salido Egeria, una peregrina romana a Jerusalén o Paio Gómez de Soutomaior embajador ante el Gran Tamerlán. Igualmente un Rey de los Jíbaros o un fraile que trajo semillas de eucaliptos el árbol que inunda los bosques gallegos.
Es la casa natal de personas anónimas, poco o nada conocidas, que corrieron genuinos devenires. Hormiguillas perseverantes que cambiaron el mundo y descubrieron otras realidades, luchando de forma unipersonal y valerosa.
Fray Hernando Ojea, el fraile amigo de Gondomar, y Lemos
Herando de Ojea, tomó el rostro de Galicia. El orensano llegó con apenas veinte años para el Convento de San Domingos de México.
En 1601 vuelve a Galicia para escribir la Historia de Galicia, apoyado por el Conde de Gondomar. En 1603 regresa a México y le lleva al virrey de Nueva España, Conde de Lemos, el que será el primer mapa de Galicia, publicado en Amberes, en el Theatrum Orbis Terrarum, un trabajo que se considera el inicio de la edad de Oro de la Cartografía Holandesa.
Sebastian de Aparicio, primer charro, abrió los caminos mexicanos y se hizo inmortal
Nació en A Gudiña, y estuvo por la península hasta que se embarcó a Nueva España en 1533.
Con sus carros fue abriendo caminos de México, las primeras rutas comerciales, abandonando riquezas para servir a los demás. Se convirtió en un semidiós
Tenía habilidades para la agricultura, yendo desde joven a las siegas. En Puebla se dedicó a la cría de ganado y explotaciones campestres que le dieron cierta posición económica, con rancho propio. Muchos animales domésticos comenzaron a procrear y darse en estado salvaje, al carecer de depredadores ni raptores, sobre todo los caballos y vacas, conocidos como ganado cimarrón. Empezó a domarlos con un lazo por eso dicen que él fue el primer charro de América.
Hacia 1540 se dedica al porte por la Ruta de la Plata de Zacatecas, Aparicio. Desarrolló y mejoró el transporte de carros. Popularizó su uso civil y se abrieron senderos. Se desconocía semejante proeza de ingeniería. Aunque parezca increíble hasta unos años antes no se tenía conociendo de la rueda, tirada por bueyes, burros o caballos, la fuerza de arrastrar era realizada por mano humana. Vendería el negocio y compraría tierras cerca de Ciudad de México en los bosques de Atzcapotzalco y Chapultepec, hoy dentro del DF.
En 1573 siente la llamada de dios , deja la vida empresarial, dona sus bienes, y se hace fraile franciscano. Pasando por diferentes conventos como el de San Francisco de México, Santiago de Tlatelolco y finalmente Santiago de Tecali.
Le atribuyen ser creador del "Día de los Muertos" por unas celebraciones que se hacían en su hacienda.
Lo beatificaron en 1789, aunque Felipe III lo solicitó en 1603. Reposa en el Convento de San Francisco de Puebla. Su momia incorrupta, puede verse en una urna de plata, repostado, vestido de hábito franciscano. Venerado, acuden para la bendición. En México es el patrón de los autos y transportistas.
Antonio de Remesal y Alonso de Galdo, dos gallegos en centroamérica
Dos compañeros, Remasal el gran historiador de Guatemala y Galdo el defensor de las mujeres indígenas.
Alonso de Galdo era obispo de Camayagua o de Honduras, lo que sería después Arzobispo de Tegucigalpa, desde 1612 a 1629. Nombramiento que agradece el Cabildo Secular de Valladolid en 1614, ciudad en la que la familia tenía vivienda.
El apellido ya aparece en Viveiro hacia 1492, cuando se da la Merced del Regimiento de Viveiro a Alonso Martínez de Galdo, hijo de Pedro Arias de Galdo. El señorío de Galdo, estaba en manos de los Vivero. Algunos súbditos o familiares menores marcharon a servir a Valladolid, donde tuvieron casa blasonada.
Tomarán el nombre de Fresno de Galdo. Nos describe su casa Juan Agapito y Sevilla. De las importantes de Valladolid, de estilo mudéjar, sita en la calle Prado 7, antigua judería, en la que a partir de 1532 edificaron varios palacetes para nobles y burócratas.
Galdo hizo en Honduras una casa para mujeres “mal casadas”, o defenestradas y enclaustradas. Donde se protegía a indias y mestizas maltratadas y abandonadas, la idea era darles cobijo y enseñanzas como cocina o costura.
Un acompañante o discípulo suyo fue Antonio de Remesal (1570-1619), de Allariz.
Remesal fue el gran cronista de Centroamérica. Estudió en la neoescolástica de Salamanca, pasando por Alcalá de Henares y Valladolid, donde dio clases.
Bastante influenciado por Bartolomé de las Casas. Quería seguir su estela. De las Casas había sido obispo de Chiapa, sobre quien leyó probablemente en el Colegio de San Gregorio. Por su admiración y símil a Remesal lo identifican como defensor de los indígenas.
Llega a América en 1612/3 con Fray Alonso de Galdo, también los acompañan, el capellán Hernando de Medina y 5 criados. Su función era más la de transcribir y observar, que la de evangelizar.
Su gran obra la escribió en Guatemala y Oxaca entre 1617 y 1619. Historia general de las Indias Occidentales y particular de la Gobernación de Chiapa y Guatemala. Es una historia política y jurídica del buen gobierno, más que de análisis antropológico o naturalista. Revisó documentaciones in situ y recogió testimonios directos. Habla sobre el período precedente, cien años antes, con una larga introducción a la obra de Las Casas, la llegada de Cortés a la ciudad más grande del mundo, las fundaciones de Alvarado en Guatemala…
La obra fue fuertemente criticada por los criollos guatemaltecos, pero referencia para los historiadores posteriores como Diego López de Coguyo en Historia de Yucatán que remató en 1656.
El libro de Remesal tuvo tirón, pues llegó a imprimir hasta 1500 copias. Regresaría a Nueva España a venderlas aunque le traería problemas. Nadie quería comprarle uno, porque las autoridades lo habían contradicho, ponía en vilo al sistema. Uno de sus detractores era Felipe Ruiz del Corral, que lo acusaba de ir contra instituciones, élites gubernamentales y eclesiásticas.
Se le pierde la pista, en México, lo sitúan en Zacatecas, Guadalajara, hacia 1627.
Fray Rosendo Salvado, plantó semillas del alma y eucalipto
Nació en Tuy en 1819, moriría en Roma 1900. Australia se convertiría en su hogar, levantó un centro espiritual en el medio de la nada, de ayuda a los necesitados, en Nueva Nursia a más de 100 km de Perth.
Su imagen es de un hábito entre monje y explorador, soldado en misión de paz.
El misionero inicia sus estudios y meditaciones en San Martín Pinario, pasó por Asturias en San Juan de Corias y al ser exclaustrado en 1838 se va a Nápoles a la Trinità della Cava. Será el comienzo de una vida de acción. Incluso fue nombrado Obispo de Port Essington, cargo que nunca tomó, y rechazó de Isabel II serlo de Puerto Rico o Lugo .
En Italia, se asienta en Roma, y pronto y lo envían con Brandy, Obispo de Perth, hasta las Antípodas a las misiones australianas.
En 1847 montó una escuela para aborígenes, fundando un pueblo Nueva Nursia, en honor a donde había nacido San Benito de Nursia, fundador de la orden benedictina, con la regla de “ora et labora”.
Con los nativos se involucró hasta tal punto, que cruzó los desiertos interiores para conocer su vida nómada, y su estilo de vida. Muy pocos europeos se habían adentrado.
Nueva Nursia era un modelo experimental de un pueblo autosuficiente. Un centro católico, hoy en decadencia pero que tuvo muchísima pujanza estudiantil.
Fra Rosendo creía en la bondad humana. Promulgaba que aquellos seres los habían contaminado de los males del hombre moderno. Influido en gran parte por el mito del buen salvaje de Rosseau, o las teorías de las casas.
Desde entonces su relación con Australia no recaería, sería de idas y venidas, para rogar recursos. Una tierra en la que difundir la palabra divina, y purificar las conciencias protegiendo a indefensos. Vendría hasta tres veces a Europa en busca de fondos económicos consiguiendo que le dieran la Abadía nullius y Prefectura Apostólica en 1867.
En su regreso a Europa entre 1848 y 1853, estuvo en su Tuy natal. Misó en la catedral, y plantó los eucaliptos y acacias que había traído. Se considera la introducción de la planta en Galicia.
En su último trasiego moriría en la Basílica de San Pedro de Extramuros. Devolverán su cuerpo a Australia, donde fue enterrado cerca del altar mayor de la iglesia abacial, en un ataúd o caja funeraria de mármol de Carrara, con un camafeo de su rostro e inscripción.
Dejó sus acciones y reflexiones en dos obras. Relazione della Missione benedittina di Nuova Nurcia nell’Australia Occidentale (1844-1883) y Memorie storiche dell'Australia, particolarmente della Missione Benedittina di Nuova Norcia. Roma, 1851
Es elogiado por su defensa de los aborígenes australianos, exterminados y atropellados por la corona británica. Díez-Fierros lo denominó “O Bispo dos sen alma”.
Padre Barral, el profeta de los indios Warao
Baslio María Barral llegó a Venezuela al Vicariato Apostólico de Caroní, con treinta años en 1931. Siete años más tarde era jefe de misión en la Provincia Capuchina de Castilla. Barral se estableció en el Delta del Amacuro, frontera aún litigada del Orinoco, uno de los humedales más fascinantes del mundo, donde crecen delfines de agua dulce, capibaras, caimanes, pirañas, donde las aguas de río y océano chocan sin entremezclarse.
Defensor de los Indio Warao, una tribu acuática. Aquel es un cosmos húmedo, de hecho la palabra warao, significa gente de embarcación o navegantes. Viven en cabañas elevadas sobre pilotes de madera encima del agua, para salvaguardarse de las crecidas.
Además de ayudar a los warao. Su trabajo más notable es un diccionario Warao-español que publicó en 1957. Tiene otros muy interesantes como Guarao Guarata, lo que cuentan los indios guaraos (Caracas, 1960) y Los indios waraos y su cancionero. Historia, relixión e alma lírica (Madrid, 1964).
Estando en Vigo en 1971 escribió sus peripecias en Mi batalla de Dios, donde recogía muchos de estos hechos. Regresó a Galicia definitivamente en 1988 para fallecer en 1992.
Lo recuerdan en el Orinoco. Hoy hay una parroquia fronteriza con Guyana lleva su nombre, Padre Barral.
Padre Crespo Pozo, historiador americano
Determinados biografías de paisanos en América, llegaron a nuestros tiempos porque nos las transmitió José Crespo Pozo (1909-1978), que ejerció de sacerdote con destinos en América Latina. Allí debió de aflorar esa filiación con los suyos, que desarrolló notablemente.
Era experto en Genealogía y Heráldica, que fue miembro de la Real Academia de la Historia.Entre otros detalles y minuciosidades, nos habló del origen común de los Fajardo y Viveros.
Autor de títulos como Ascendencia gallega de Bolívar. Bogotá, 1953 Linajes de Galicia en el Perú. Lima, 1953 , Blasones y Linajes de Galicia. 4 tomos 1957-1965.
Patricio Paz, el coleccionista de Conchas
La costa gallega crió y cultivó a científicos y marinos como Patricio María Paz y Membiela, nacido en Ferrol en 1808. Patricio fue el jefe de la Comisión Científica del Pacífico de 1842, un gran recolector a bordo del Triunfo.
Singló los mares de medio mundo desde su juventud. En el más notable de sus viajes recorrió la costa americana casi al completo.
Encontró algunos moluscos y especies desconocidas para la ciencia. A pesar de ser cesado, siguió atesorando animales, llegando su colección hasta los 40.000, que terminaría siendo parte del Museo de Ciencias Naturales.
Amaro Pardo de Cela, del Landro al Aconcagua
Amaro era un romántico, prototipo de aventurero del XIX, que vivió un tiempo que se desvanecía. Su abolengo pudo pesar, en sus fantasías caballerescas, descendía de los Pardo de Cela, y de los Fernández de Muras.
Su padre Santiago Fernández de Muras, nacido en San Pantaleon de Cabanas en Ourol, y tenía propiedades en Panamá, donde fue Cónsul de España, también ejerció en Larache Marruecos.
Hundían sus raíces en el Señor de Muras, Mateo Fernández de Muras. Este Mateo era un general que acompañó a Ramiro I, para combatir en la batalla de Clavijo. Los ratificaron como Señores de Muras desde el 862 o en 1472 como “este Catholico Rey fizo e armó fue a su Genera Matheo Fernández de Muras”. Los Muras tenían palacio en la corte castellana, en Valladolid, como los Vivero y Galdo.
Su madre Egidia, era de los Pardo de Cela, Peón y Cora. Cuñada de los Soto Barro de Mañón. Hija de Antonio María Pardo de Cela y Lemos , Señor de Suegos, Hervellás y Burela, Regidor Perpetuo de Mondoñedo. Descendía del famoso Mariscal Pedro Pardo de Cela.
Con sed de vivencias, subió a un barco con destino América, llegaría a las Antillas, pasando a Centroamérica y cruzando al cono Sur. Visitó La Habana (Cuba), Puerto Limón (Costa Rica) Guayaquil y Riobamba (Ecuador), Lima, Arequipa, Puerto Maldonado y Titicaca (Perú), La Paz (Bolivia), Antofagasta e Iquique (Chile).
El trayecto lo dejaría recogido en, Por tierras de Hispania. Del Landrove al Aconcagua, de Imprenta La Puritana, Jaén 1924.
Amaro decía algo así como que provenía de la patria de los grandes descubridores, donde habían nacido los conquistadores de los mares y de las tierras. El corazón acompasaba a la razón.
La última expedición española al Amazonas, los tres soles del Perú. Brage, Graña y Mosquera
La primera expedición española al río Amazonas la haría Francisco de Orellana en 1542.
En 1932, 390 años después, se enviaba la expedición más ambiciosa del gobierno republicano. Emulaba las épicas andanzas naturalistas, un episodio merecedor de una película. Tan épico que aquel equipo parecía enviado en misión secreta. No consiguieron el objetivo de andar el Amazonas, pero se cerró con una consecuencia notoria.
La intención, realizar la última hazaña española al pulmón de la tierra. En ella iban algunos de los mejores hombres, un tridente gallego perfecto. Compuesto por un aviador exitoso, el rey de los jíbaros y un librero. Brage, Graña y Mosquera. A los que se unía Espinosa, un sacerdote y filólogo, conocedor de las lenguas amazónicas, cocama, cocamilla y omagua.
El primero y jefe de la expedición, era el piloto, Francisco Iglesias Brage de Ferrol. Con fama en los años veinte, como si fuera una estrella de la pantalla. Había conseguido la segunda mejor marca de vuelo sobre el mar en 1929, un trayecto de Sevilla a Salvador de Bahía, que duró 44 horas y 6500 km.
El segundo es Celestino Mosquera Chousal de Rivadavia. Era un hombre hecho a sí mismo leído, uno de esos libreros guardianes del saber. Había sido soldado en Filipinas. Emigrante en busca del caucho a Iquitos (Perú) con sus hermanos Castor y Aladino.
En Iquitos había más gallegos como los hermanos Barreiros y su lugarteniente Barcia que se hicieron ricos sangrando la hevea brasilensis, un trabajo fatal, el caucho era una fiebre del oro, doble fiebre por los mosquitos amazónicos.
Mosquera tuvo varios oficios hasta que por su afición a la lectura, adquirió un traspaso de librería, llamada “Amigos del país”, donde se reunían literatos y gente de la cultura local. Vendía libros sobre poesía, narrativa de ficción y esoterismos, siempre en el limbo de lo extravagante e imaginativo. Era la persona idónea para asociarse a la última aventura española.
Fue el principal contacto con Iglesias que ansiaba la expedición. Hombre abierto, tenía trato con extranjeros de Asia, América y Europa, que iban en busca de entretenimiento, en un Iquitos cosmopolita, en el que se había edificado en medio de la selva hasta un palacio de la ópera. Celestino era poliédrico y social, incluso fue concejal de jardines, de lo que estaba muy orgulloso pues había plantado flores y alamedas.
Tuvo dos hijas, Dorinda y Cosseta. Gran parte de que esté viva la historia del Rey de los Jíbaros, Alfonso Graña, es por su admiración y amistad con el personaje, tercer miembro del grupo.
El tercero, Idefonso Graña Cortizo de Avión, es el célebre Alfonso Graña. Un gallego inmerso en la selva, que fue Rey o Apu de las tribus jíbaras. Conocidos por ser los reductores de cabezas.
Concretamente Graña, lideró una parte de los awajún, “uno de nosotros”, antes llamada en quechua aguarunas “gente salvajes” y otra parte del pueblo wampis o huambisa. Era un euraca o patrón de los indios.
Graña había emigrado a Manaos en Brasil y de aquí a Iquito. La crisis del caucho de 1922 le fuerza a adentrarse en el bosque en busca de riquezas como oro. Adaptado al medio, contacta con nativos y se integra, hasta el punto de casarse con una princesa, hija de un gran guerrero, Sumarei III. Con ella tiene al menos un hijo, de tez morena y cabello pelirrojo. Bajaba al pueblo a comerciar y llevaba a algún indio con él, en ocasiones se sorprendían.
Hizo amistad con Mosquera y los dos contactan con Iglesias Brage para hacerle de puntal en el Amazonas. Graña llegó a ser muy popular en su momento por el exotismo de su persona, que recogió en crónicas el hijo de Concha Espina, Víctor de la Serna, titulándolo Alfonso I de la Amazonía. El periodista soñó que su reino era tan extenso como España y abarcaba los ríos Nieva, Santiago y Pastaza en el Alto Amazonas o Alto Marañón.
La influencia y conocimiento de la selva era enorme. Los de la Standard Oil de Ohio tuvieron que pedirle permiso para las prospecciones petrolíferas. En 1932 salvó a la expedición de Williers. Incluso recuperó el cuerpo de Rodríguez Ballón, un piloto de las Fuerza Aéreas Peruanas que se había estrellado en la Amazonía, hoy su nombre lo lleva el aeropuerto de Arequipa, ciudad natal de Vargas Llosa.
La historia de Graña es alucinante, por su capacidad de adaptación, casi nadie regresaba vivo al adentrarse, sorprendió su inmunidad a un medio biológico complejo. También es notable por cosechar el respeto de un pueblo temido, del que recibió amor.
Un caso parecido es el del vicedense José del Valle, el africano. Que naufragó en las costas del Congo y se enamoró de una princesa. Este contacto le permitiría comerciar y enriquecerse, llegando a tener barco propio o una fábrica como La Cantábrica.
El material de la expedición de Brage, Graña y Mosquera se conserva en el Museo Nacional de Antropología. No floreció como deseaban, buscando renombre y brillo, en parte por una guerra civil que lo oscureció todo. Sin embargo lograron algo magnífico, intercedieron como mediadores del Conflicto de Leticia, detonante de una contienda entre Colombia y Perú, consiguieron delimitar la frontera y evitar un problema mayúsculo, alcanzaron sin pretenderlo la victoria.
El Capitán Mosquera Manso, el Haddok galaico
Nació en Corme en 1886. La vida de este hombre es la de esos neo-exploradores que decidieron exprimir la naturaleza, vivirla, respirarla, cuidarla y amarla, conscientes de que no era finita. Era como el capitán que nos describió Herge en Tintín, o un Fhieas Fogg de Verne. Amante del mar, experto pesquero y aventurero.
Desde niño sintió imán marino, la llamada del azul, como un canto de ballenas y sirenas. Se embarcó joven, estudió en la Escuela de Náutica Civil. Hizo sus días de mar, para ser piloto, en una travesía oceánica de la isla de Fernando Poo a Argentina, trayecto inaugurado por Varela Ulloa. Sirvió como Ayudante de Marina en Viveiro y Ortigueira, un destino modesto por el que pasaron grandes, como Luis Cebreiro.
Lo contrataron para estudiar la costa sahariana y sus caladeros, hizo hasta tres cartas de pesca. Empezó a publicar en revistas, en 1935 le valió un premio de la Sociedad Oceanográfica de Guipúzcoa, sobre el estudio de la Merluza.
Al llegar la guerra civil de 1936, se marcha. Consciente de que era diana de la acción política, por mente, independiente, preclara y libre. Terminó exiliado en República Dominicana. Llegaría a ser íntimo del dictador Leónidas Trujillo, a quien acompañaba en su yate Ramphis, para entretenerlo en la pesca. El asistente personal del dominicano era el lucense José Almoina Mateos. Otros gallegos también estaban cobijados por Trujillo como Suárez Picallo o Granell. Pero el carácter convulsivo, inestable e incomprensible le hace escapar por temor a represalias caprichosas.
Arriba a la Venezuela de Rómulos Gallegos Freire, más afín ideológicamente. Y germina de nuevo su pasión por la biología, se adentra en el ecosistema caribeño. Estudió las tortugas Arrau del Orinoco.
Mosquera sirvió de guía a Camilo José Cela, contratado por el gobierno para hacer su novela, La Catira, o chica joven, en donde lo representa en cómo el Capitán Cerdeira. En realidad, Mosquera manso, marino y aventurero, sobrepasaba la ficción.
Apasionado por el mar y América, escribió “La cuna gallega de Cristóbal Colón”.
Si saltamos a Asia nos encontramos varios casos de exploradores y predicadores. Exótica, espectacular y sangrienta es la historia de los misioneros mártires perseguidos en Japón, San Francisco Blanco, San José María Díaz Sanjurjo, Marcelo de Ribadeneira, o Andrés Díaz de Rábago, tratados en de Galicia a Filipinas
Aventuras y desventuras, que son más realidad que relatos.
Semblanzas de galaicos que te encuentras en el lugar o mar más recóndito del planeta. La búsqueda de olas y tensión sigue viva.
Una trágica pero hermosa historia de 2024, es la del Capitán Javier Babé, que cruzó el Atlántico en un pequeño velero, La Peregrina, emulando a los navegantes del siglo XVI, murió a punto de alcanzar su logro, llegando a la Isla La deseada, le darían digna sepultura marina.
Otra la del vivariense César Cora, integrado en Puerto Maldonado, por donde pasa Río Madre de Dios, entre Bolivia y Perú, báratro paradisíaco del caucho como el del Rey de los Jíbaros. @mundiario