En un contexto global marcado por la incertidumbre, el comercio exterior español ha dado una señal clara de resistencia. España ha reducido su déficit comercial en el primer trimestre del año gracias a una combinación poco habitual pero eficaz: exportaciones al alza e importaciones a la baja. Los datos muestran que las ventas al extranjero crecieron un 0,7% y alcanzaron más de 96.500 millones de euros, la segunda cifra más alta de la serie histórica para este periodo.
Esto no es un dato menor. Significa que, incluso con tensiones geopolíticas que afectan a rutas comerciales y precios energéticos, la economía española ha logrado mantener su pulso exportador. Marzo fue clave, con un repunte del 5,1% en exportaciones, lo que demuestra que el trimestre no se salvó por inercia, sino por actividad real.
Mientras tanto, las importaciones descendieron un 2,5% y se situaron en 108.183 millones. El resultado final fue una reducción del déficit comercial en 3.423 millones respecto al año anterior, aunque todavía supera los 11.600 millones.
Energía cara, pero menos dependencia
La gran pregunta es evidente: ¿cómo puede mejorar el saldo comercial si el petróleo se encarece? La respuesta está en un concepto básico pero decisivo, la diversificación energética. Aunque España gastó más de 4.000 millones de euros en petróleo y derivados solo en marzo, un 11,5% más que un año antes, el gasto energético total del trimestre cayó un 16,8%.
Eso solo se entiende porque bajó la factura en gas natural, carbón y electricidad. Es decir, el país ha logrado compensar el golpe del petróleo reduciendo compras en otras fuentes. En términos prácticos, España ha actuado como quien tapa una fuga de agua en una tubería mientras otra empieza a gotear. No se soluciona todo, pero se evita el desastre.
Además, la tasa de cobertura se situó en el 89,2%, lo que indica que España cubre con exportaciones la mayor parte de lo que compra fuera, aunque aún no lo suficiente para equilibrar la balanza.
El motor exportador y el nuevo mapa de socios
El crecimiento exportador se explica por sectores concretos. Han tirado del carro las materias primas minerales, los bienes de equipo y también el automóvil. A esto se suman los alimentos, especialmente productos pesqueros, lácteos, huevos y frutas, además de bebidas y tabaco, con un aumento del 4,7% en marzo respecto al año anterior.
Sin embargo, la geopolítica deja huella. Los envíos a Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos cayeron más del 50%, aunque no son destinos prioritarios. Lo llamativo es que España no redujo compras a esos países, sino que crecieron un 6,3% pese al bloqueo del estrecho de Ormuz. Esto revela algo inquietante: seguimos dependiendo de mercados frágiles para sostener necesidades energéticas.
También se confirma un cambio estructural. China gana peso como proveedor mientras Estados Unidos pierde relevancia. España compra al gigante asiático casi el doble que a Washington, en un escenario de reordenamiento comercial que no es ideológico, sino pragmático.
España está resistiendo, pero no puede confiarse. Si el petróleo sigue subiendo o si se rompe una ruta estratégica, el equilibrio actual podría saltar por los aires. La solución pasa por reforzar industria, energía limpia y autonomía estratégica. No es un eslogan, es una necesidad económica. @mundiario