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Mundiario 19 May, 2026 12:18

Los neandertales ya dominaban el marisco hace 115.000 años y no eran tan “primitivos” como se creyó

Durante décadas, la imagen del neandertal fue la de un ser tosco, casi incapaz de planificar, condenado a sobrevivir con lo justo. La historia oficial, repetida en manuales y documentales, decía que los ecosistemas marinos eran demasiado complejos para ellos. La playa, en ese relato, era territorio exclusivo del Homo sapiens. Pero la ciencia, cuando se hace bien, no sirve para confirmar prejuicios, sino para romperlos.

Un nuevo estudio publicado en la revista PNAS aporta más pruebas contra ese viejo cliché. En la cueva de Los Aviones, cerca de Cartagena (Murcia), investigadores han hallado restos de moluscos consumidos por neandertales hace unos 115.000 años. No se trata solo de que los comieran, sino de cómo lo hacían. La clave está en el patrón estacional: la mayoría fueron recolectados en los meses fríos, entre noviembre y abril.

La cueva como despensa y refugio

La cueva de Los Aviones no era un simple escondite ocasional. Fue un espacio ocupado durante milenios, probablemente de forma intermitente, pero con presencia repetida a lo largo del año. Allí han aparecido conchas de dos especies concretas, el caracolillo del Mediterráneo (Phorcus turbinatus) y la lapa herrumbrosa (Patella ferruginea).

La datación del estrato indica que esos restos tienen unos 115.000 años. Para determinar en qué época del año fueron recolectados, los científicos analizaron el oxígeno presente en el carbonato cálcico de las conchas. Es una técnica que permite aproximarse a la temperatura del agua en el momento en que el molusco formó esa parte de su caparazón. Y ahí aparece el dato contundente: alrededor del 80% de los caracolillos se consumieron en invierno y solo un 5% en verano.

El mar también se entiende con conocimiento

Este comportamiento no es casual. En verano, las temperaturas más altas favorecen proliferaciones de algas y bacterias, como las mareas rojas, que pueden contaminar el marisco. Además, el calor dificulta la conservación. En tiempos sin refrigeración, recolectar moluscos en verano podía ser una apuesta peligrosa.

Pero hay otra razón igual de importante, y más reveladora. Los biólogos explican que el ciclo reproductivo del caracolillo hace que en los meses fríos tenga más reservas energéticas, más grasas y proteínas. Antes del desove, el animal está en su mejor momento nutricional. Después, en primavera, pierde valor alimenticio. Es decir, los neandertales no solo evitaban riesgos, también buscaban el máximo rendimiento.

El problema no era el neandertal, era el relato

Lo verdaderamente incómodo de estos hallazgos no es lo que dicen sobre los neandertales, sino lo que revelan sobre nosotros. Durante años, parte de la paleoantropología construyó un relato jerárquico donde el sapiens aparecía como la cima inevitable y el resto como escalones fallidos. Un cuento con barniz científico.

Sin embargo, cada concha hallada en cuevas ibéricas desmonta esa arrogancia. Los neandertales no eran una versión defectuosa del ser humano moderno. Eran humanos distintos, adaptados, capaces de planificar y explotar recursos complejos. La playa no era un lujo intelectual, era parte de su territorio.

Quizá la lección sea simple: cuando miramos al pasado con prejuicios, no entendemos la historia, solo nos contemplamos en un espejo deformado. Y hoy, mientras el nivel del mar amenaza y erosiona yacimientos como Los Aviones, convendría recordar que el conocimiento no se hereda solo en los genes, también se pierde si no protegemos la memoria que duerme bajo la arena. @mundiario

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