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Mundiario 20 May, 2026 01:59

Sánchez cierra filas con Zapatero frente a Feijóo y rechaza un adelanto electoral

La imputación de José Luis Rodríguez Zapatero ha desatado una tormenta política que amenaza con marcar el rumbo de la legislatura y ha convertido la sesión de control al Gobierno de este miércoles en uno de los debates más ásperos y cargados de acusaciones de los últimos tiempos. En medio de una presión creciente de la oposición, Pedro Sánchez optó por cerrar filas con el expresidente socialista y lanzar un mensaje de resistencia política frente al Partido Popular: “Todo el respeto a la justicia, a la presunción de inocencia y todo mi apoyo al presidente Zapatero”.

La frase, pronunciada desde la tribuna del Congreso, resume la estrategia del Gobierno ante una crisis que golpea directamente al núcleo simbólico y político del sanchismo. Sánchez no solo descartó cualquier ruptura con quien ha sido uno de sus principales apoyos internos durante años, sino que rechazó además de forma tajante la posibilidad de un adelanto electoral. “Habrá elecciones en 2027”, afirmó el presidente, antes de añadir una frase dirigida directamente a Alberto Núñez Feijóo: “Al Gobierno se llega con votos, no con atajos”.

Sánchez garantiza que la legislatura seguirá hasta 2027 pese a la presión del PP. El Congreso vive una de las sesiones más tensas de los últimos años tras la imputación de Zapatero

La tensión en el hemiciclo fue máxima desde el inicio de la sesión. Feijóo aprovechó la imputación de Zapatero por presuntos delitos relacionados con el rescate de Plus Ultra para elevar el tono de su ofensiva contra el Ejecutivo. El líder popular preguntó directamente a Sánchez qué papel e influencia había tenido el expresidente socialista dentro de su Gobierno y llegó a acusarle de encabezar un proyecto político marcado por la corrupción. “Usted ha llegado al poder para saquearlo todo, el que pueda robar, que robe, ese es el lema de su Gobierno”, lanzó desde la bancada popular.

Alberto Núñez Feijóo en el Congreso. / Mundiario Alberto Núñez Feijóo en el Congreso. / Mundiario

El PP interpreta la investigación judicial como una oportunidad para erosionar la legitimidad política del Ejecutivo y reforzar la idea de que el PSOE atraviesa una crisis estructural de credibilidad. La estrategia quedó reforzada con las intervenciones posteriores de dirigentes populares como Cayetana Álvarez de Toledo y Miguel Tellado, que elevaron aún más el tono de las acusaciones.

Álvarez de Toledo dirigió sus críticas al ministro de Justicia, Félix Bolaños, al que preguntó si compartía los ataques a la judicatura realizados desde algunos sectores socialistas tras conocerse la imputación. La diputada popular reclamó además elecciones anticipadas y sostuvo que “toda España espera” una convocatoria electoral inmediata. En una intervención especialmente dura, llegó incluso a pedir al PSOE que “aguante un poquito más” para que el desgaste político alcance también al poder municipal socialista.

Tellado, por su parte, convirtió su discurso en una impugnación frontal del Gobierno. Definió a Zapatero como “el padrino de una organización criminal” y aseguró que la supuesta trama investigada no podría haberse desarrollado “sin la colaboración del Gobierno”. El dirigente popular dibujó un escenario de corrupción sistémica que afecta, según dijo, al propio Partido Socialista y al Ejecutivo.

Frente a esa ofensiva, el Gobierno intentó proyectar una imagen de prudencia institucional. Félix Bolaños defendió su confianza personal en Zapatero y reivindicó la labor política desarrollada por el expresidente durante sus años en La Moncloa, aunque insistió en la necesidad de respetar el trabajo de jueces, fiscales y fuerzas de seguridad. “Me repugna la corrupción”, afirmó el ministro, que reclamó dejar actuar a la justicia “sin injerencias ni presiones por parte de nadie”.

La posición del Ejecutivo intenta mantener un delicado equilibrio: respaldo político y humano al expresidente socialista, pero al mismo tiempo defensa del funcionamiento institucional y de la independencia judicial. No es una tarea sencilla. El caso afecta a una figura central en la historia reciente del PSOE y reabre inevitablemente un debate especialmente incómodo para los socialistas, que construyeron buena parte de su legitimidad política reciente sobre la denuncia de la corrupción del PP durante la etapa de Mariano Rajoy.

Rufián: “Si esto es verdad, es una mierda. Si es mentira, es una mierda aún mayor”

En medio de ese choque entre bloques también surgieron voces que intentaron introducir matices. El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, formuló una de las preguntas más incómodas del debate: “¿Dónde acaba el lobismo y empieza el tráfico de influencias?”. Y añadió una frase que reflejaba el desconcierto existente incluso entre algunos aliados parlamentarios del Gobierno: “Si esto es verdad, es una mierda. Si es mentira, es una mierda aún mayor”.

La jornada dejó así la sensación de que la política española entra en una nueva fase de enorme polarización y desgaste institucional. La imputación de Zapatero no solo impacta sobre la figura de un expresidente; amenaza además con condicionar toda la agenda política de Sánchez en un momento especialmente delicado tras el retroceso electoral socialista en Andalucía.

Aun así, el presidente quiso transmitir una idea de continuidad y resistencia. Tras intervenir en la sesión y reiterar su apoyo a Zapatero, abandonó el hemiciclo sin hacer declaraciones a los medios, consciente probablemente de que la batalla política y judicial apenas acaba de comenzar. @mundiario

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