La investigación sobre la muerte de Isak Andic en la montaña de Montserrat da un giro inquietante: los Mossos d'Esquadra sostienen que su hijo, Jonathan Andic, recorrió casi exactamente la misma ruta cuatro días antes del fallecimiento. Lo que en un principio parecía una excursión trágica comienza a perfilarse, para los investigadores, como algo más premeditado.
El hallazgo no es menor. Según fuentes de la investigación consultadas por EL PAÍS, el análisis del teléfono móvil de Jonathan Andic sitúa al primogénito del empresario en el camino de las Feixades el 10 de diciembre de 2024, apenas cuatro días antes de la caída mortal de su padre. La coincidencia en tiempos, distancias y recorrido refuerza la hipótesis de que aquel paseo previo no fue casual, sino un reconocimiento del terreno.
Durante meses, la investigación —bautizada como caso Monestir— ha tratado de reconstruir con precisión milimétrica los últimos pasos de padre e hijo. En ese mapa, el camino de las Feixades aparece como un escenario casi perfecto: una ruta sin dificultad técnica, frecuentada por excursionistas, pero con un único punto vulnerable. Un tramo concreto donde el sendero se abre al vacío. Exactamente allí murió Isak Andic.
La policía no habla de certezas absolutas, pero sí de un “cúmulo” de indicios que, en conjunto, apuntan en una dirección clara. Las visitas previas a Montserrat son uno de los pilares de esa construcción. Aunque el entorno familiar rebaja el número de incursiones a dos, los datos digitales elevan la cifra a tres: 7, 8 y 10 de diciembre. Esta última fecha es la que inquieta a los investigadores. El propio Jonathan Andic declaró que no había estado en la zona desde “unas dos semanas” antes del accidente. Esa afirmación, en apariencia menor, adquiere ahora un peso decisivo: la discrepancia entre su versión y los registros tecnológicos erosiona su credibilidad ante los agentes.
Un ensayo antes del desenlace
Para los Mossos, el recorrido del 10 de diciembre tiene un valor simbólico y operativo. No fue un simple paseo. Las fuentes consultadas sostienen que el trayecto reproduce casi al detalle el itinerario seguido el día de la muerte. El tiempo de permanencia en la zona y la distancia recorrida coinciden con precisión.
Esa repetición convierte la excursión en algo más cercano a un ensayo que a una casualidad. En investigaciones de este tipo, la anticipación del escenario suele ser interpretada como un indicio de planificación. No prueba el delito por sí sola, pero sí dibuja una narrativa en la que cada movimiento adquiere sentido.
El camino de las Feixades, además, presenta una característica clave: su aparente inocuidad. Es una ruta asequible, sin grandes riesgos, salvo en un punto muy concreto. Un lugar donde un tropiezo puede convertirse en caída mortal. Para los investigadores, ese detalle refuerza la idea de que quien conociera bien el terreno sabría exactamente dónde se encontraba el peligro.
El peso de los silencios y las contradicciones
A esta línea de investigación se suman otros elementos que rodean el comportamiento de Jonathan Andic tras la muerte de su padre. El cambio de teléfono móvil, tras la supuesta desaparición del anterior en Ecuador, y el borrado de su contenido añaden opacidad al relato.
La jueza que instruye el caso ha considerado estos factores suficientes para decretar prisión provisional bajo fianza. En su auto, menciona también un posible móvil económico vinculado a la intención de Isak Andic de crear una fundación que podría alterar el reparto de su patrimonio.
Sin embargo, más allá de los móviles, la clave del caso parece residir en los detalles. En los días previos. En los pasos repetidos. En esa caminata del 10 de diciembre que ahora adquiere una dimensión inquietante.
Porque si algo define esta investigación es su capacidad para transformar lo cotidiano en sospechoso. Una excursión, un sendero, un paseo familiar. Elementos que, vistos a la luz de los datos, dejan de ser inocentes. @mundiario