He dormido envuelta en un merengue. No exagero. Me refiero a esas sábanas de algodón egipcio del hotel boutique rural Casal de Armán, que acarician la piel como si estuvieras flotando. Y cuando abres los ojos al amanecer, el único sonido que te recibe es el canto de los pájaros. Ni tráfico, ni prisas, ni alarmas. Solo naturaleza y esa calma infinita que te recuerda que todavía existen lugares donde el tiempo corre a otro ritmo.
Estoy en el corazón del Ribeiro, en Ribadavia (Ourense), dentro de una casa solariega gallega del siglo XVIII con muros de piedra, bigas de madera y ventanas que miran directamente a los viñedos del Valle del Avia. Y lo mejor, es que esta maravilla está literalmente dentro de la bodega Casal de Armán. Sí, como lo lees. Sales de tu habitación y estás en una bodega de la D.O. Ribeiro que lleva cuatro generaciones elaborando vino. El enoturismo aquí no es una actividad añadida, es la esencia misma del lugar.
Viñedos en el Valle del Avia, corazón del Ribeiro. / Mundiario.
La noche, en su balcón con vistas a los viñedos, se convierte en un espectáculo aparte. Sin contaminación lumínica, las estrellas se ven como hace tiempo no las veía. Solo el viento, algún pájaro rezagado y una copa de su Casal de Armán Blanco (90 % Treixadura, el resto Godello y Albariño) acompañando el silencio. Porque cuando la bodega es la que te hospeda, cada brindis sabe a algo especial.
El baño, por cierto, no se queda atrás. Amenities pensadas para que te des un baño de espuma con aromas de la tierra, y si le añades otra copa de vino de la casa… ya es pecado capital. Y hablando de consentirse: al día siguiente, el jardín y el salón de estilo clásico gallego te invitan a no hacer absolutamente nada. Y eso, en este mundo loco, se agradece.
Un rincón con alma, con vistas a los viñedos y torre de San Andrés. / A.Prieto
Pero no todo es quedarse en la cama. Con las pilas cargadas, bajas a desayunar a Sábrego, el restaurante del hotel. Productos naturales, mermeladas caseras, jugos frescos, pan de calidad… un desayuno que te prepara para el día. En mi caso, esta vez no encontré mis amados huevos benedictinos (los buscaré en la próxima visita, seguro que si los pido llegan en un periquete). Todo lo demás estaba buenísimo.
Y si hablamos de Sábrego, hablemos de su chef, Marco Varela. El está al frente de una cocina de esencia gallega con un toque actualizado que no deja indiferente. Los que saben dicen que este restaurante tiene una recomendación en la Guía Michelin y un Sol en la Guía Repsol. Y entre sus menús degustación brilla el producto de temporada tratado con mimo. Pero lo mejor de todo: siempre acompañado de los vinos de la bodega. Porque aquí comes y bebes en la misma familia. Literal!
Restaurante Sábrego, recomendado Guía Michelin y con 1 Sol Repsol. / A.Prieto.
Después de llenar el estómago, te toca llenar el alma. Los alrededores son un plan perfecto. A pocos kilómetros tienes las Pozas de Melón, un paraíso de piscinas naturales formadas por el río Cerves, con aguas cristalinas y cascadas que parecen sacadas de un cuento. Un baño allí es una terapia de naturaleza en estado puro. Y si prefieres menos agua y más historia, Ribadavia te espera con su judería, una de las mejor conservadas de España, y el Castillo de los Sarmiento. Otra opción es quedarte en el jardín del hotel con un libro y una copa de vino. También es perfectamente válido y maravilloso.
Salgo de Casal de Armán con las pilas renovadas, con la sensación de haber desconectado para volver a conectarme. Porque a veces no hace falta irse muy lejos para encontrar un lugar que te abrace, te alimente y te recuerde lo bonita que es la calma.
Consejo de la autora: reserva al menos dos noches. Una se queda corta para disfrutar del baño de espuma, la cata, la cena con maridaje y el paseo por las pozas. @mundiario