
Educado en escuelas maristas, la frase pour bien éduquer les enfants, il faut les aimer –para educar bien a los niños hay que amarlos– resuena siempre en algún rincón de mi cabeza. Educar es cuidar: ver a la otra persona como es, acompañarla, entregarle tiempo y experiencia hasta que logra ser mejor de lo que era cuando empezó.
En días pasados tuve la gran oportunidad de ser entrenador del equipo que representó a la Academia Interamericana de Derechos Humanos (AIDH) de la Universidad Autónoma de Coahuila en la 31.ª edición del Concurso Interamericano de Derechos Humanos, que se celebró en la American University Washington College of Law, en Washington, D.C. Es la competencia de litigación en derechos humanos más importante del continente, se organiza desde 1995, y en esta edición convocó a equipos de más de veinte países de América, Europa, Asia y el Caribe. Nuestro equipo obtuvo un doble reconocimiento: clasificó a la ronda de semifinales y ganó el Premio al Mejor Memorial de las Víctimas en español. Esta es la primera ocasión en que la UAdeC obtiene un premio internacional en este certamen.