Bután, el remoto reino budista del Himalaya, está a punto de cambiar su historia reciente con la construcción de un nuevo aeropuerto internacional en Gelephu, un proyecto que busca convertir al país en un destino más accesible sin abandonar su modelo de turismo controlado.
El plan está liderado por el rey Jigme Khesar Namgyel Wangchuck, quien incluso participó en labores de limpieza del terreno junto a miles de voluntarios para dar inicio a la obra.
Un aeropuerto diseñado para transformar el sur de Bután
El Aeropuerto Internacional de Gelephu, previsto para inaugurarse en 2029, ya fue reconocido como Proyecto del Futuro del Año por el Festival Mundial de Arquitectura 2025.
Su diseño busca integrarse con el entorno natural:
- Terminal construida en madera butanesa
- Sistemas naturales para regular la humedad
- Espacios para meditación, yoga y baños de gong
Además, tendrá capacidad para 123 vuelos diarios, lo que lo convertiría en la principal puerta de entrada a la futura Ciudad del Mindfulness de Gelephu, un megaproyecto urbano-espiritual.
El rey de Bután participó en el inicio de las obras del aeropuerto de Gelephu junto a miles de voluntarios en una jornada simbólica de construcción del proyecto. Foto: PexelsEl fin del aislamiento parcial del “reino escondido”
Bután ha sido durante siglos uno de los países más aislados del mundo, enclavado entre montañas del Himalaya y con acceso limitado al turismo.
El país comenzó a abrirse en 1974 con una política de “alto valor, bajo volumen”, que limita la llegada de visitantes para proteger su cultura y su entorno.
Hoy, los turistas deben pagar una tarifa de desarrollo sostenible de 100 dólares por noche, además de vuelos y gastos adicionales.
Un sistema turístico exclusivo y difícil de acceder
Actualmente, el único aeropuerto internacional del país es el de Paro, considerado uno de los más complejos del mundo.
Sus características lo hacen único:
- Ubicado a más de 2,200 metros de altitud
- Rodeado de montañas de hasta 5,500 metros
- Aterrizajes manuales sin apoyo de radar
- Solo unos 50 pilotos están certificados para operar ahí
El resultado: llegar a Bután sigue siendo caro, limitado y con múltiples escalas en Asia.
El aeropuerto de Gelephu forma parte de un plan que busca conectar el sur de Bután con nuevas rutas turísticas, proyectos urbanos y áreas naturales del Himalaya. Foto: PexelsGelephu: la nueva puerta de entrada al Bután menos conocido
El nuevo aeropuerto busca abrir el sur del país, una región subtropical poco visitada, llena de selvas, ríos, cardamomo y fauna silvestre.
La zona está rodeada por el Parque Nacional Royal Manas, donde habitan especies como elefantes, tigres, rinocerontes y leopardos nublados.
Autoridades turísticas buscan convertir Gelephu en un punto de entrada para viajeros interesados en naturaleza, espiritualidad y turismo de bienestar.
Una ciudad futurista con enfoque espiritual y económico
El proyecto incluye la creación de la Ciudad del Mindfulness de Gelephu (CMG), que podría albergar hasta un millón de residentes para 2060.
El plan contempla también:
- Una conexión ferroviaria con India
- Centros de retiro budista y templos
- Infraestructura para inversión extranjera sostenible
- Nuevos senderos ecológicos y rutas de montaña
El objetivo es combinar desarrollo económico con la filosofía de la Felicidad Nacional Bruta, el modelo que guía al país.
El nuevo aeropuerto de Gelephu incluirá espacios para meditación, yoga y diseño sostenible como parte del modelo turístico que busca diferenciar a Bután del turismo masivo. Foto: PexelsTurismo, naturaleza y espiritualidad en un mismo destino
El nuevo modelo turístico no se enfocará solo en lujo, sino también en experiencias como:
- Meditación y retiros espirituales
- Safaris en selva subtropical
- Senderismo de larga distancia
- Avistamiento de aves y rafting
Además, se impulsa la preservación cultural con gastronomía local, arte tradicional y proyectos comunitarios.
Un cambio histórico para uno de los países más cerrados del mundo
Aunque Bután busca abrirse al turismo global, el gobierno insiste en mantener su modelo de control y sostenibilidad.
La apuesta es clara: crecer sin perder identidad.
Como señaló el rey Wangchuck, el país enfrenta una oportunidad única para “probar cosas nuevas” mientras redefine su relación con el mundo.