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Mundiario 31 May, 2026 06:57

Los desterrados en los relatos de Sacrificio, por Fernando Garriga

La calidad de la prosa de Fernando Garriga obedece al tributo que sus relatos rinden al oficio de autores como Joseph Conrad o Juan Rulfo. Las referencias implícitas con las que construye aquello que es contrario a lo heroico están determinadas por la hostilidad del entorno, por la angostura de unos paisajes que influyen con tesón en la predisposición a perder por mucho que el sujeto trate de enzarzarse con los percances de la inmediatez.

Los cuentos de Sacrificio (Fulgencio Pimentel) establecen la consecución de una paradoja; aquella que confunde la realidad con el deseo. En "Un bucle de tiempo", un loco fugado de un sanatorio parecido al del film Shutter Island transporta un cadáver a bordo de una canoa. Parajes y espejismo se funden en una vertiente inédita en la que el mundo se puebla de fantasmas y resonancias que subordinan estructura e intención al trascendental relato de El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad. El viaje del loco por las aguas impetuosas no deja de ser un viaje interior que se mueve entre el idilio y el espanto, y donde más de un personaje es arrastrado a esta vorágine que crean tanto el territorio conquistado como las alucinaciones.

Asimismo, el segundo relato, "Un pez naranja", se adentra en la sintomatología adictiva de una levantadora de pesas que decide cambiar la morfina por cannabis, y la soledad por la violencia. Nadia no encuentra su lugar en el mundo y comparte su aislamiento con Santiago mientras la realidad avanza por encima de ellos, con su demoledora inercia. Solamente los analgésicos pueden suplir el deshumanizador tedio al que la pareja se va a rendir. En "Sacrificio", esa misma inercia se detiene cuando un hombre encuentra un caballo que ha estado a punto de matar a su esposa. A partir de este encuentro, el tiempo deja de ser tiempo y es el ensimismamiento en la contemplación del animal lo que descubre que todo puede virar en un instante y que la vida al lado de su mujer y su hija se construye a partir de una relación de recuerdos. La realidad misma ha dejado de existir como un horizonte tangible. Nada que ver con la autenticidad de la nitidez que asoma en el llano. 

"La banda de los enanos" encuentra en Cortázar y Piñera ese recurso al absurdo para referir la perversión de una realidad que casi nunca obedece a lo racional. La mayor parte de los acontecimientos influyentes en nuestra existencia no responden a una lógica deductiva, sino que se inspiran en la espontaneidad, en la improvisación, en esos márgenes donde la realidad deja de tener fuste, pues todo obedece a nuestra percepción de los asuntos que acontecen como reveses o como un séquito de enanos que se esconden en armarios y alacenas.

El último relato, "Tilcara", es el que más se aproxima a esa herencia de Pedro Páramo, porque el destierro condiciona la predestinación de trabajadores forzados a trabajar sin dilación ni renovadas expectativas. Ese destierro arraiga de tal manera en uno de estos coyas que se le niega el derecho a morir, así que solamente el tedio y la monotonía lo empujan a dejarse a llevar, mientras es testigo de los caprichos del tiempo, de los vaivenes que lo arrastran de la miseria a la fortuna.

Estos territorios que Garriga habita a través del desamparo no están exentos de una técnica narrativa en la que se combina desde el contrapunto hasta una estudiada versatilidad que reproduce el manejo de diversas voces para dar cuenta de una perspectiva sobre el tiempo y el espacio que entronca directamente con el subjetivismo de quien protagoniza el relato.

Lo que sucede proviene del fatum, pero es el actor quien interpreta los asuntos desde un sentido de la derrota y, por consiguiente, de falsa superación. En Sacrificio, se trata de construir una estructura cíclica en la que los personajes como, roedores enjaulados, no pueden hacer otra cosa que girar la noria. Girar en vano, acometiendo como mejor pueden la adversidad que se impone desde el espacio, sobre todo el espacio, sin ninguna victoria a alcanzar. Porque cada uno de ellos no deja de ser el chivo de un sacrificio, de un sacrificio más propio de dioses que de chamanes. @mundiario

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