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Radar Inteligente
El Imparcial 03 Jun, 2026 08:43

Una mafia gansteril

¡Cuántas cosas suceden en los moteles de paso! Tras terminar el consabido trance en la habitación número 210 del Motel Kamawa, Susiflor le dijo a Libidiano: “Cuando nos casemos quiero que en memoria de la noche de hoy vengamos alguna vez a este motel y a esta misma habitación”. “No lo recomiendo -declaró el sujeto-. Podrían enterarse mi esposa o tu marido”. El doctor Duerf, siquiatra, le indicó a su paciente: “Don Rudencio: No vamos a llegar a ningún lado si a cada pregunta que le hago usted responde: ‘Qué chingaos le importa’”. De clara ascendencia siquiátrica es el vocablo “trauma”. Proviene de una palabra griega que significa “herida”. El trauma es un choque emocional que produce en la persona un daño permanente. Lejos de mí la temeraria idea de incursionar en el difícil campo de la siquiatría, pero me atrevo a proponer la tesis de que existe en el inconsciente nacional un trauma que bien podría llamarse “del 68”, por el cual el Estado se abstiene de usar su fuerza legítima contra los perturbadores del orden público, temeroso de ser calificado de represivo. Desde los trágicos sucesos de Tlatelolco los gobernantes permiten los abusos de quienes con plantones o manifestaciones atentan contra una de las garantías individuales consagradas por la Constitución, la del libre tránsito, y dejan que un grupo -a veces un grupúsculo- de chantajistas o extorsionadores políticos perjudiquen a cientos de miles de ciudadanos. Tal es el caso de la nefasta CNTE, banda de violentos perdularios que tienen de maestros lo que yo tengo de físico nuclear. Encapuchados como bandoleros; armados con garrotes, varillas de metal, cohetones, mazos y toda suerte de objetos contundentes ponen en jaque a una omisa autoridad que deja en estado de indefensión a la ciudadanía ante los abusos y tropelías de los agresivos y holgazanes delincuentes. En estos días la 4T ha de estar, como decían nuestras abuelas, con el alma en un hilo y el Jesús en la boca por el temor de que los rufianes cenecistas causen disturbios en los días del Mundial de Futbol. No dudo que antes del evento el régimen ceda, conceda y llegue a un culpable y vergonzante acuerdo con los bandidos que tanto daño causan con sus periódicas y frecuentes incursiones, sobre todo en la capital del País y en las entidades cuyo atraso las vuelve campo fértil para la actividad de esta mafia gansteril. ¡Qué trauma tan nocivo es el que dejó aquel año fatal!... La amada eterna solía decir que ella y yo vivíamos en una biblioteca a la cual se le habían añadido algunos cuartos. No se equivocaba. Desde muy niño comencé a leer, y no he acabado aún. Tengo libros de todas las especies, y encuentro en ellos cosas peregrinas. Ahora leo -con trabajos, claro- uno en latín cuyo autor, Joseph Busquet, presbítero francés, escribe prolijamente acerca de las muchas y diversas formas que asume el pecado de lujuria. Dice en una de sus páginas: Non licet verenda infantium titillare ad sedandum ploratum eorum. No es lícito agitar con el dedo los genitales de los niños como medio para hacerlos que dejen de llorar. Jamás imaginé que existiera ese procedimiento sedativo, pero me hizo recordar la ocasión en que el licenciado Ántropo defendió en tribunales a Pepito, acusado de haber cometido un acto de fornicio con la mucama de su casa. El abogado hizo que el chamaco se bajara pantaloncito y calzoncito, y luego movió con el dedo repetidas veces su partecita al tiempo que le decía al juez: “¿Usted cree, Su Señoría, que con esta cosita.”. En voz baja lo interrumpió Pepito: “No le siga moviendo, licenciado, porque vamos a perder el pleito”. FIN.

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