La última edición del informe PISA deja una fotografía incómoda para el sistema educativo español. La caída en los resultados ya no es una excepción dentro del mundo desarrollado, pero sí lo es la intensidad con la que España ha perdido terreno en comparación con otros países de la OCDE. Sin embargo, el dato más llamativo no es únicamente el descenso de las notas: es descubrir quiénes han empeorado más y cómo esa transformación altera algunos de los patrones que parecían inamovibles.
Durante años, las diferencias entre estudiantes con más y menos recursos explicaban buena parte de las desigualdades educativas. En 2025 esa brecha sigue existiendo, pero se ha estrechado por un motivo inesperado: el alumnado más favorecido ha protagonizado uno de los mayores desplomes del estudio.
Los microdatos de las cuatro últimas ediciones de PISA permiten observar un cambio mucho más complejo que un simple descenso de la media nacional. El retroceso varía según el territorio, el origen social, el tipo de centro educativo e incluso el tiempo que los adolescentes dedican a las redes sociales.
Más que un único problema, el informe dibuja un mapa de múltiples fracturas que ayudan a entender por qué España ocupa ahora su peor posición en una década dentro de la OCDE.
España pierde posiciones en una década de retroceso
Entre 2015 y 2025 la puntuación media española ha pasado de 491 a 462 puntos, una pérdida de 29 puntos que sitúa al país en el puesto 28 de los 37 miembros de la OCDE analizados.
El deterioro ha sido especialmente intenso desde 2022 y tiene un protagonista claro: la comprensión lectora. España pierde 23 puntos en esa competencia en apenas tres años, un descenso superior al promedio del conjunto de países desarrollados.
Aunque la mayoría de los sistemas educativos han sufrido una caída tras los años de pandemia y otros cambios recientes, el caso español destaca por la profundidad del retroceso.
El alumnado con más recursos rompe el patrón histórico
Una de las grandes sorpresas del informe aparece al analizar el nivel socioeconómico. Tradicionalmente, los estudiantes procedentes de familias con mayor renta y mayor nivel educativo obtenían resultados claramente superiores. Esa ventaja continúa existiendo, pero se ha reducido porque precisamente ese grupo es el que más ha empeorado.
El alumnado del segmento más favorecido pierde 32 puntos respecto a la edición anterior, con caídas especialmente acusadas en lectura, matemáticas y ciencias. Es un comportamiento inédito en la última década y modifica el equilibrio habitual entre los distintos grupos sociales.
Mientras tanto, los estudiantes con menos recursos también empeoran, pero lo hacen de forma más moderada.
Hay comunidades donde la caída resulta mucho más severa
El descenso tampoco se reparte de manera uniforme por el territorio. La Comunidad Valenciana, el País Vasco y Navarra registran algunos de los mayores desplomes en lectura desde 2022, con pérdidas cercanas o superiores a los 40 puntos en algunos casos.
La Comunidad Valenciana introduce además una excepción relevante: allí son los alumnos con menos recursos quienes experimentan el mayor deterioro, rompiendo la tendencia observada en el conjunto del país.
Madrid ofrece otra lectura distinta. Lidera la clasificación general, pero esa posición está muy condicionada por concentrar un porcentaje especialmente elevado de alumnado perteneciente a los niveles socioeconómicos más altos.
Las diferencias entre chicos y chicas siguen presentes
El informe mantiene un patrón conocido, aunque incorpora algunos cambios. Las chicas continúan obteniendo mejores resultados en lectura, mientras que los chicos conservan ventaja en matemáticas.
La novedad aparece en ciencias, donde la diferencia prácticamente desaparece porque el rendimiento masculino cae con mayor intensidad que el femenino.
Al observar únicamente al alumnado más desfavorecido, las distancias vuelven a modificarse, lo que confirma que el contexto económico sigue condicionando el rendimiento incluso dentro de cada sexo.
El origen migrante importa menos cuando se compara el contexto social
El aumento del alumnado de origen extranjero ha sido uno de los grandes cambios del sistema educativo español durante la última década.
Hoy representa aproximadamente uno de cada cinco estudiantes de 15 años, con un fuerte crecimiento de la segunda generación nacida ya en España.
A primera vista, sus resultados aparecen por debajo de los del alumnado nativo. Sin embargo, cuando el análisis corrige el efecto del nivel socioeconómico, buena parte de esa diferencia prácticamente desaparece en la segunda generación.
El informe concluye además que el descenso nacional no puede atribuirse únicamente al incremento del alumnado extranjero, ya que el grupo mayoritario —el alumnado nativo— también registra un deterioro considerable.
La escuela privada pierde parte de su ventaja
Otra de las conclusiones rompe una percepción muy extendida. Los centros privados continúan obteniendo mejores resultados medios que los públicos, pero esa distancia se reduce de forma importante cuando se compara alumnado con un nivel socioeconómico equivalente.
Además, la enseñanza privada —incluida la concertada en la comparación histórica— experimenta un retroceso más intenso que la pública desde 2022.
Los datos vuelven a señalar otro fenómeno persistente: la segregación escolar. La mayoría del alumnado con menos recursos continúa concentrándose en la enseñanza pública, mientras que los perfiles económicamente más acomodados se distribuyen de forma distinta.
El uso intensivo de redes sociales coincide con peores resultados
El informe incorpora también una fotografía del comportamiento digital de los adolescentes. Ocho de cada diez estudiantes aseguran utilizar redes sociales durante más de una hora diaria entre semana, y uno de cada tres supera las tres horas.
Quienes declaran un uso más intenso presentan peores resultados académicos en prácticamente todos los niveles socioeconómicos.
No obstante, la propia metodología obliga a interpretar estos datos con prudencia. En 2025 aumentó notablemente el porcentaje de alumnos que no respondió a esa pregunta y, además, cambiaron los ejemplos de plataformas incluidos en el cuestionario, lo que dificulta establecer comparaciones sólidas con la edición anterior.
En conjunto, PISA 2025 deja un mensaje claro: la caída del rendimiento educativo en España existe, pero no responde a una única causa ni afecta de la misma manera a todos los estudiantes. @mundiario