El filósofo y crítico Mark Fisher publicó en 2016 un influyente texto sobre “Lo extraño” y “Lo inquietante”, definiendo esto último como “cuando hay presente algo donde no debería haber nada, o cuando no hay nada presente allí donde debería haber algo”. Sobre ese pilar se ha establecido mucha creación creepypasta que ha terminado confluyendo en ‘Backrooms’.
Esa búsqueda de lo inquietante en lo mundano, de lo surreal en lo prosaico, ha sostenido mucho terror de culto en Internet que ha marcado la existencia del horror del espacio liminal, y que Kane Parsons ha perseguido de diferentes formas. Primero con sus cortos experimentales en YouTube y finalmente con la que está siendo la película del momento.
Hay mucho en lo que fijarse en ‘Backrooms’ para entender el miedo o la fascinación que está generando. Principalmente se está hablando de su diseño, tan aparentemente minimalista como constantemente deconstruido intentando competir con las constantes alucinaciones de un agente de Inteligencia Artificial generativa si le pides todo el rato lo mismo. Esta deformación de la imagen base, que explica tanto la transformación arquitectónica de nuestros espacios como la evolución un meme en Internet, es fundamental para el mundo que se nos desarrolla en la película.
Parsons aspira a que la observación del espacio vació, hasta el punto donde diferentes abismos te devuelven la mirada, sea capaz de aterrar además de plasmar una ansiedad moderna, aunque lo haga observando un pasado que nunca vivió (deformándolo, irónicamente, como una backroom). No obstante, su proceso creativo implica pasar también por un diseño sonoro que es realmente la gran fuerza del horror de la película, y que se sostiene por la misma idea de lo inquietante que elabora Fisher.
Lo sonoro se vuelve carne
Hay muchos sonidos extraños que no parecen pertenecer a ningún lugar, y desde luego no a un espacio tan amplio y plano como el que aparentan ser estos espacios liminales. También hay muchas referencias al mundo de la electrónica experimental y ambiental, principalmente una que ha sido ampliamente esperada en el mundillo. Al final de la película se puede escuchar ‘The Word Becomes Flesh’, del último álbum publicado por la banda escocesa Boards of Canada (misma fecha de salida oficial que la película).
La canción en concreto no termina de dar una explicación a la propuesta de Parsons, pero la música en general del dúo sí que ha ido desarrollando ideas que han terminando dando forma a este tipo de terror internetero, y en consecuencia la manera de proceder de este director. En discos seminales como Geogaddi se experimenta con la música de manera hauntológica, creando ritmos y discurso sonoro a través una paleta que trastea material de archivo o publicitario del pasado con sonidos sintéticos del futuro.
Esta experimentación es la que permite crear una música “de baile” que desarrolla algo inquietante desde algo que no podemos apreciar directamente. Las deformaciones del pasado a través de una falsa mirada futura crean las capas inquietantes que hacen especial la música de Boards of Canada, y que les permite ser crítico con la destrucción del presente realizada a través de un pasado que se presentaba como inocuo.
Esta manera de “recordar mal” a propósito que acaba generando algo nuevo es a lo que aspira Parsons con ‘Backrooms’ y por eso, además de su declarado fanatismo por el grupo, pone a Boards of Canada para cerrar una pesadilla a la que igual le falta una visión más firme del pasado que intenta deformar. Pero, en cierto modo, ‘Backrooms’ acaba sirviendo de cimiento y cierre de círculo para Inferno, el disco que la mayor parte del mundo de la electrónica lleva esperando desde hace 13 años.
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La noticia
‘Backrooms’ busca lo inquietante en el espacio vacío, pero consigue estremecer empleando música ambiental que llevaba esperándose 13 años
fue publicada originalmente en
Espinof
por
Pedro Gallego
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