El brote de hantavirus asociado al crucero polar MV Hondius continúa evolucionando bajo un fuerte despliegue sanitario internacional. Las últimas novedades muestran un escenario de vigilancia intensiva, cuarentenas preventivas y seguimiento clínico permanente, mientras los expertos intentan determinar el verdadero alcance epidemiológico de una cepa especialmente sensible: la variante andina del virus hanta, una de las pocas capaces de transmitirse entre personas en circunstancias excepcionales.
El caso que ha elevado nuevamente la tensión sanitaria es el de un pasajero canadiense, de unos 70 años, aislado en Columbia Británica tras abandonar el barco. Las autoridades provinciales confirmaron un resultado “positivo preliminar” después de que el hombre desarrollara síntomas leves compatibles con la enfermedad, principalmente fiebre y dolor de cabeza. Aunque el diagnóstico aún debe ser validado por un laboratorio de referencia, el protocolo sanitario ya lo considera un caso positivo operativo.
La directora de salud pública de Columbia Británica, Bonnie Henry, insistió en que el escenario actual “no tiene potencial pandémico” y marcó distancias con la experiencia traumática de la covid-19. Las autoridades sanitarias subrayan que el hantavirus posee mecanismos de transmisión completamente distintos y mucho más limitados. Aun así, el hecho de que la cepa andina pueda transmitirse ocasionalmente entre humanos obliga a extremar las precauciones.
El pasajero canadiense formaba parte de uno de los cuatro viajeros aislados preventivamente tras regresar del crucero. Tres de ellos fueron trasladados a instalaciones hospitalarias en Victoria, en la isla de Vancouver, donde permanecen monitorizados. Según las autoridades, durante el operativo no existió contacto con la población general y el personal implicado utilizó equipos de protección individual completos.
La evolución clínica del paciente canadiense, al menos por ahora, ofrece un margen moderado de tranquilidad. Los síntomas fueron detectados de forma temprana, lo que permite iniciar vigilancia médica antes de que aparezcan posibles complicaciones respiratorias graves, el principal riesgo asociado al síndrome pulmonar por hantavirus. La Organización Mundial de la Salud estima que algunas variantes pueden alcanzar tasas de mortalidad cercanas al 50%, especialmente cuando el diagnóstico llega tarde.
Mientras Canadá refuerza sus controles, en España las autoridades sanitarias mantienen una estrategia algo más flexible tras varios resultados negativos consecutivos. Las dos mujeres ingresadas en Barcelona y Alicante, consideradas contactos estrechos de una de las fallecidas vinculadas al brote, han dado negativo por cuarta vez en las pruebas PCR realizadas durante su cuarentena hospitalaria.
Ese detalle es particularmente relevante porque ambas compartieron un vuelo entre Johannesburgo y Países Bajos con una de las víctimas mortales relacionadas con el crucero. Pese a ello, continúan completamente asintomáticas y, según el Ministerio de Sanidad, podrían completar la cuarentena en sus domicilios a partir del 23 de mayo si las siguientes pruebas mantienen el mismo resultado.
La situación en el Hospital Gómez Ulla de Madrid también refleja una evolución parcialmente favorable. Allí permanecen 13 pasajeros españoles bajo seguimiento después de que uno de los viajeros, un hombre de 70 años, diera positivo y fuera trasladado a la Unidad de Aislamiento y Tratamiento de Alto Nivel. Según explicó la ministra de Sanidad, Mónica García, el paciente evoluciona de forma “casi asintomática”, un dato especialmente importante considerando la agresividad potencial del virus.
Los otros trece contactos continúan sin síntomas y, siguiendo el protocolo de la Comisión de Salud Pública, han comenzado una segunda ronda de PCR. Si vuelven a dar negativo, podrán abandonar el aislamiento estricto dentro de la planta hospitalaria y recibir visitas familiares bajo medidas preventivas.
Todo este despliegue sanitario refleja hasta qué punto las autoridades están intentando evitar cualquier vacío en la cadena de vigilancia. El principal desafío epidemiológico del brote no radica únicamente en la gravedad potencial del hantavirus, sino en la incertidumbre sobre cuándo pudo producirse exactamente la exposición inicial dentro del crucero.
El MV Hondius, que partió desde Argentina el pasado 1 de abril en una expedición polar, se ha convertido en el centro de una compleja investigación sanitaria multinacional. Las autoridades aún intentan determinar si el contagio se produjo por exposición ambiental —probablemente vinculada a roedores— o si existió algún episodio de transmisión interpersonal durante el viaje.
Ese matiz es clave. La mayoría de hantavirus se transmiten únicamente por exposición a secreciones de roedores infectados, pero la cepa andina identificada en este brote constituye una excepción documentada. Aunque los contagios entre humanos son raros, sí existen antecedentes científicos en Sudamérica que han obligado a reforzar las cuarentenas y los seguimientos prolongados.
Por eso los protocolos actuales contemplan hasta 42 días de vigilancia desde la exposición inicial, aunque el periodo de máximo riesgo se concentra en los primeros 21 días. En la práctica, las autoridades sanitarias están aplicando una estrategia híbrida: reducir parcialmente las restricciones para los contactos reiteradamente negativos, pero manteniendo monitorización clínica constante.
De momento, el balance general muestra un brote contenido, aunque todavía abierto. La aparición del positivo preliminar en Canadá confirma que la vigilancia seguirá activa durante varias semanas más, mientras los especialistas observan si aparecen nuevos síntomas entre los pasajeros que aún permanecen bajo seguimiento sanitario. @mundiario