La dirección técnica de la selección nacional de Francia afronta uno de los desafíos más complejos e interesantes de la antesala mundialista. El preparador Didier Deschamps se encuentra inmerso en el diseño de una estructura táctica capaz de otorgar acomodo a su brillante nómina de atacantes sin que ello penalice el balance colectivo sobre el césped. El extraordinario potencial ofensivo del combinado de Les Bleus resulta indiscutible para los analistas internacionales. Sin embargo, la abundancia de efectivos de primer nivel obligará al cuerpo técnico a realizar descartes de enorme calado en las alineaciones titulares.
La constelación de estrellas está comandada por la figura de Kylian Mbappé, flanqueado por el actual Balón de Oro Ousmane Dembélé y las grandes sensaciones del panorama continental como Michael Olise, Rayan Cherki o Désiré Doué. Lejos de dosificar sus opciones, el seleccionador ha decidido mantener en la dinámica del grupo a sus piezas más habituales, citando a Marcus Thuram y Bradley Barcola. La lista de artilleros se ha completado con la inclusión de Jean-Philippe Mateta, ariete del Crystal Palace, configurando un frente de ataque integrado por ocho futbolistas.
La acumulación de talento en la vanguardia impide que todos los nombres propios dispongan de un espacio garantizado en el once inicial, una premisa que afecta incluso a los considerados teóricos titulares. Deschamps se ha defendido de las corrientes de opinión recordando que no es la primera ocasión en su trayectoria en la que apuesta por una disposición de cuatro delanteros. Para equilibrar el bloque, el preparador asume la posibilidad de que más de uno de sus atacantes deba retrasar su demarcación habitual en el dibujo.
La configuración antropométrica y técnica de la plantilla invita a priorizar un modelo de juego cimentado en las transiciones rápidas. El cuerpo técnico contempla el uso de un esquema táctico 4-2-3-1, una variante que se destapa como una herramienta letal ejecutando contragolpes directos. No obstante, este posicionamiento genera importantes dudas en el cuerpo técnico debido a la vulnerabilidad que exhibe la retaguardia francesa cuando se ve privada de la posesión del balón.
Un arsenal que mete miedo
Los registros estadísticos recientes ratifican la existencia de un problema crónico en las labores de contención del conjunto galo. Desde el pasado mes de noviembre, tras conceder una anotación ante Azerbaiyán en la fase clasificatoria, Francia no ha logrado cerrar un solo compromiso con su portería a cero. La escuadra ha encajado goles frente a Brasil, Colombia, Irlanda del Norte y Costa de Marfil, sufriendo una derrota ante el combinado africano. Este balance obliga a hilar muy fino en la confección de la parcela central si se decide alinear a cuatro atacantes.
El doble pivote de la medular deberá asumir un volumen de trabajo físico de proporciones descomunales para sostener el armazón táctico. La presencia del madridista Aurélien Tchouaméni se perfila como fija, pudiendo estar acompañado de inicio por la experiencia de Adrien Rabiot. Con el objetivo de inyectar una mayor dosis de capacidad pulmonar y despliegue al repliegue, Deschamps baraja los nombres de Warren Zaïre-Emery, N'Golo Kanté o Manu Koné.
En el frente de ataque, la principal certeza se localiza en la figura de Kylian Mbappé ejerciendo como la punta de lanza referencial del equipo. El atacante desempeñará el rol de delantero centro puro, consolidando una posición más fija en el área que ya ha venido asumiendo en el Real Madrid y en su última etapa en el Paris Saint-Germain. Detrás de la posición del capitán emergen las verdaderas incógnitas para terminar de perfilar el tridente de mediapuntas.
Ousmane Dembélé parte con la vitola de indiscutible, manejando la alternativa de actuar por detrás del punta en labores de enganche o intercambiando los costados con Michael Olise. La cuarta plaza del ataque desata una enconada disputa entre tres jóvenes talentos de la cantera gala: Rayan Cherki, Désiré Doué y Bradley Barcola. La elección de Barcola potenciaría de inmediato el carril izquierdo, desplazando a Dembélé hacia zonas centrales para explotar la velocidad pura en banda.
Por el contrario, la inclusión desde el inicio de perfiles como Cherki o Doué otorgaría a Francia un mayor volumen de juego interior y control de la pelota. Esta variante restaría cierto grado de velocidad eléctrica a las transiciones ofensivas, pero garantizaría un equilibrio superior en las fases defensivas. Tanto el futbolista del Manchester City como el jugador del PSG asumirían la obligación contractual de replegarse para actuar como un tercer centrocampista en fase sin balón.
El tremendo potencial que atesora el banquillo francés queda perfectamente reflejado al constatar que futbolistas de la talla de Désiré Doué o Rayan Cherki podrían arrancar el torneo como suplentes ante Senegal. El seleccionador admitió recientemente que la gestión de la frustración individual representa la tarea más compleja de su rutina diaria. Con una lista de ocho atacantes que completan Marcus Thuram y Jean-Philippe Mateta, el reto de mantener el equilibrio y la armonía del vestuario se erige como una meta mayúscula. @mundiario