La última etapa de Pasapalabra ya es una realidad. Tras la despedida de El Rosco, la prueba más emblemática del concurso durante décadas, el programa presentado por Roberto Leal ha estrenado su nuevo desenlace: AlaZ, un formato completamente renovado que marca un giro importante en la historia del concurso de Antena 3.
El estreno tuvo lugar este viernes 19 de junio y enfrentó a los concursantes Javier Alonso y David Trigo, que compitieron por un bote acumulado de 658.000 euros. Ambos fueron los primeros en enfrentarse a una dinámica que mantiene la esencia del programa —la agilidad mental y el juego con el abecedario— pero que introduce cambios significativos en la forma de competir.
Antes de comenzar la prueba, Roberto Leal explicó en directo el funcionamiento de este nuevo reto. En lugar del clásico recorrido palabra a palabra de la A a la Z, los concursantes deberán resolver definiciones vinculadas a letras concretas del alfabeto, en un sistema que recuerda al popular juego del ahorcado.
Cada participante parte con el tiempo acumulado durante el programa, al que ahora se suman 110 segundos adicionales, una cifra superior a los 85 de la etapa anterior. Además, el concursante con mejor desempeño previo puede decidir si comienza el recorrido desde la A hasta la Z o en sentido inverso, mientras su rival debe seguir la dirección contraria.
Uno de los elementos más novedosos de AlaZ es la introducción de pistas activas durante el juego. Por primera vez, los concursantes pueden solicitar una letra adicional de la palabra que deben adivinar. Esta ayuda, sin embargo, tiene un coste directo: se descuentan cinco segundos del tiempo total, lo que obliga a decidir entre rapidez o precisión.
El formato también incorpora tres opciones de respuesta: contestar directamente, pasar turno con el ya clásico “pasapalabra” o pedir una pista mediante la nueva mecánica de “letra”. Este sistema añade un componente estratégico inédito en el concurso, ya que cada decisión puede resultar determinante en los últimos segundos del duelo.
En pantalla, el espectador ve una estructura visual completamente renovada: una secuencia del abecedario —en orden ascendente o descendente— junto a la definición correspondiente y la palabra oculta, de la que solo se muestra la inicial. Los aciertos se iluminan en verde y los fallos en rojo, manteniendo la claridad visual característica del programa, pero con una presentación más dinámica.
El estreno de AlaZ no solo ha supuesto un cambio en la mecánica del concurso, sino también en su realización televisiva. La nueva prueba permite planos más variados y una puesta en escena más ágil, diseñada para intensificar la tensión del tramo final del programa.
El primer duelo terminó en empate, por lo que ninguno de los dos concursantes tuvo que enfrentarse a la Silla Azul en la siguiente entrega, manteniendo así la igualdad entre ambos aspirantes al bote.
La llegada de este nuevo formato se produce tras la despedida definitiva de El Rosco, una prueba que ha sido el corazón de Pasapalabra durante años y que se ha convertido en uno de los iconos de la televisión en España. Su eliminación llega después de un largo recorrido judicial que ha afectado a los derechos del formato y ha obligado a la cadena a reinventar el desenlace del concurso.
Con AlaZ, el programa abre una nueva etapa en la que se combina la esencia clásica del abecedario con elementos de estrategia y riesgo, en un intento de renovar su éxito sin perder la identidad que lo ha convertido en uno de los concursos más vistos de la televisión. @mundiario