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El Financiero 22 Jun, 2026 04:45

El consumo, el último soporte

La economía mexicana, en medio de todo, no se cae, y un puntal clave es el consumo de los hogares.

Los datos de que divulgó el INEGI la semana pasada lo confirman. En el primer trimestre, el consumo privado creció 2.4 por ciento a tasa anual, aunque retrocedió 0.8 por ciento respecto al trimestre previo.

Visto por el lado del gasto, el consumo privado es hoy el principal sostén. Concentra 49.5 por ciento de la demanda agregada y, pese a su pérdida de impulso, sigue siendo el elemento que más aporta al crecimiento mientras los demás flaquean.

Algunos analistas señalan que la economía mexicana avanza “con tracción insuficiente” y con apoyos cada vez más concentrados. Uno de esos es el consumo de las familias.

La relevancia del consumo se aprecia también en los datos oportunos que ha dado el INEGI: creció 3.1 por ciento anual en marzo, se moderó a 2.2 por ciento en abril y repuntó a 2.6 por ciento en mayo. El motor sigue encendido, pero ha perdido revoluciones.

Aunque se habla frecuentemente de la relevancia de las exportaciones, conviene poner las cifras macroeconómicas en su justa dimensión. En el primer trimestre, las exportaciones de bienes y servicios (hay que notar que la cifra de bienes es diferente) crecieron 1.5 por ciento anual y representaron el 27.5 por ciento de la demanda. Pero su efecto neto sobre el crecimiento es mucho menor de lo que sugiere ese peso, porque una porción creciente de lo que se vende afuera incorpora insumos importados.

Las compras al exterior, equivalentes a 28.4 por ciento de la oferta total, se expandieron 16.0 por ciento anual. En la práctica, el dinamismo importador neutraliza buena parte del empuje exportador, de modo que el sector externo, lejos de jalar la economía, opera casi con un saldo neutro. De ahí que la carga recaiga, una vez más, en la demanda interna y, dentro de ella, en el consumo.

El INEGI reportó también que el ahorro bruto sumó 7.01 billones de pesos en el trimestre, equivalente a 19.8 por ciento del PIB, con 16.6 puntos de origen interno y 3.2 puntos de financiamiento externo.

Es un nivel históricamente bajo y revela una tensión de fondo: con el consumo absorbiendo casi la mitad de la demanda y la inversión en retroceso, el ahorro disponible no se está traduciendo en formación de capital. La economía gasta lo que tiene, pero invierte poco para crecer mañana.

¿Aguantará el consumo en la segunda mitad del año? Su suerte depende, sobre todo, de cuatro factores.

El primero, el más favorable, es la masa salarial real, que ha crecido por arriba de 4 por ciento anual y que sostiene el gasto vía aumentos al salario mínimo y a las remuneraciones; es, hoy, el verdadero ancla del consumo.

El segundo, el empleo formal, juega en contra: la creación de plazas en el primer trimestre fue la más débil para un periodo igual desde 2020 y la informalidad ronda 55 por ciento de la ocupación.

El tercero, las remesas, también resta: se encadenaron varios meses de caídas en el arranque del año pero, sobre todo, su poder de compra se ha erosionado cerca de 15 por ciento por la fortaleza del peso, lo que golpea a los hogares que más dependen de ellas.

El cuarto, el crédito al consumo, sigue jugando a favor. Los datos del Banxico señalan que al mes de abril, el crédito al consumo creció 6.8 por ciento en términos reales. En todo caso, el problema es que el impacto es limitado debido al nivel de sub-bancarización que tenemos en México.

El quinto, los programas sociales, siguen sumando en términos de capacidad de gasto. Nadie duda que el destino de los programas sociales sea directamente el gasto de las familias. Al mes de abril, los “subsidios, transferencias y aportaciones” tienen un crecimiento real de 6.8 por ciento y suman casi medio billón de pesos.

La suma de esos vectores apunta a un consumo que seguirá creciendo, aunque despacio. BBVA y otras instituciones anticipan una mejora apenas gradual, atada a los salarios reales y a los programas sociales, en un entorno donde la inversión no despega y la renegociación del T-MEC mantiene en pausa las decisiones empresariales. Banamex advierte, además, que la recuperación del ingreso de las familias sigue siendo lenta y que el gasto en alimentos continúa presionando los presupuestos.

El consumo, en suma, es hoy el último soporte de la economía. El problema es que ese soporte se desgasta en la medida que sobre él descansa el conjunto de la economía.

Es un equilibrio que por ahora funciona, pero que deja a la economía mexicana caminando sobre una franja estrecha.

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