La actuación es un arte ampliamente estudiado, porque para los profesionales no basta con memorizar diálogos: hay que transformarse.
Esa búsqueda de verdad en escena es la que, durante décadas, ha sostenido al Method Acting como una de las técnicas más rigurosas y fascinantes de la interpretación.
Desarrollado por Lee Strasberg en el Actors Studio de Nueva York, el método propone que el actor recurra a sus propios recuerdos y experiencias emocionales para construir personajes desde adentro, no desde la imitación.
Robert De Niro, Daniel Day-Lewis y Al Pacino son quizás sus exponentes más célebres, figuras que convirtieron esta disciplina en sinónimo de grandeza cinematográfica.
Es precisamente de ese linaje del que se nutre Ana Ortiz Haro, una actriz mexicana que está llevando la técnica a nuevos territorios.
La escuela que lo cambió todo
Criada entre México y Estados Unidos desde los cinco años, Ana creció entre dos culturas que terminarían moldeando su sensibilidad artística.
A los 16 ingresó al Young Actors Program del Lee Strasberg Theatre & Film Institute, la institución fundada por el propio creador del método, con sedes en Nueva York y Los Ángeles.
Años después regresó para completar el conservatorio profesional, donde el Method Acting se convirtió en el eje de su formación.
Durante esa etapa participó en masterclasses con figuras como Al Pacino, Sally Field y Vincent D’Onofrio —nombres que no solo representan una escuela actoral, sino una manera de entender el oficio.
“Actuar dejó de ser interpretar emociones; entendí que se trataba de vivirlas desde la verdad”, ha dicho la actriz sobre aquella etapa.
Una carrera construida personaje a personaje
Su debut en pantalla grande llegó con Fuego Negro, junto a Tenoch Huerta, y marcó el inicio de una trayectoria que no tardaría en cruzar fronteras. En Casi el Paraíso —adaptación de la novela de Luis Spota, filmada entre México e Italia— tuvo su primera vitrina internacional al inaugurar el Hola Mexico Film Festival en California.
Uno de sus trabajos más exigentes llegó con Nuestros Tiempos, donde dio vida a Rebequita, un personaje atravesado por la maternidad, el miedo y el sacrificio —territorio ideal para la profundidad que exige el método.
Una generación que apuesta por la autenticidad
Ana Ortiz Haro representa algo más que una carrera en ascenso: encarna a una generación de intérpretes mexicanas que construyen sus personajes desde la verdad emocional, no desde el artificio.
Con proyectos cada vez más ambiciosos en el horizonte, su presencia artística se consolida a partir de algo que el Method Acting lleva décadas enseñando: que los mejores personajes no se interpretan, se habitan.