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Mundiario 24 Jun, 2026 01:36

¿Qué comen las mascotas? Las advertencias por microplásticos en la comida de perros y gatos

La contaminación por microplásticos suele asociarse a los océanos, los peces o incluso al agua embotellada. Sin embargo, un estudio publicado en la revista Environmental Toxicology and Chemistry ha puesto el foco sobre una vía de exposición mucho más cotidiana y menos estudiada: los alimentos para mascotas. El trabajo, desarrollado por investigadores de las universidades británicas de Sussex y Exeter, comenzó con un descubrimiento inesperado en los erizos europeos y terminó revelando una presencia masiva de partículas plásticas en productos alimenticios destinados a perros, gatos e incluso a los propios erizos.

La investigación aporta una nueva dimensión al debate sobre los microplásticos y muestra cómo la contaminación puede circular desde los procesos industriales hasta los animales domésticos y la fauna silvestre, para regresar finalmente al medio ambiente a través de las heces.

Todo comenzó en 2021, cuando los científicos analizaron 189 muestras de excrementos de erizos procedentes de jardines particulares y centros de recuperación de fauna del Reino Unido. Los resultados mostraron que el 19% de las muestras contenían microplásticos.

El hallazgo era especialmente relevante porque el erizo europeo, considerado una especie emblemática en el Reino Unido y catalogado como “casi amenazado”, nunca había sido estudiado desde esta perspectiva. La pregunta era inmediata: ¿de dónde procedían esas partículas?

Los investigadores analizaron primero la dieta natural del erizo, compuesta por escarabajos, lombrices, babosas, caracoles, orugas y otros invertebrados. Tras estudiar miles de muestras de suelo y pequeños animales en 51 lugares del condado de Sussex comprobaron que la contaminación plástica estaba muy extendida, pero el siguiente paso reveló una fuente todavía más próxima.

Los científicos centraron su atención en la comida comercial que reciben los erizos en jardines y centros de recuperación. Muchos de estos animales dependen, especialmente durante el otoño e invierno, de alimentos destinados originalmente a perros o gatos, así como de preparados específicos para erizos.

Para evaluar la posible contaminación, se analizaron 38 productos pertenecientes a diferentes categorías de precio y formatos. Los resultados fueron llamativos. Los microplásticos aparecieron en 29 de los 38 productos estudiados, lo que supone un 76% del total. Además, 16 de las 19 marcas comerciales examinadas presentaban contaminación en al menos uno de sus productos.

Los alimentos económicos de la categoría “value” (Económico) mostraron una mayor frecuencia de partículas plásticas, mientras que los productos que contenían derivados animales registraron niveles especialmente elevados. De los 21 alimentos con ingredientes de origen animal, 19 presentaban muestras positivas.

¿Qué tipos de plásticos se encontraron?

Entre los polímeros detectados destacaban el poliéster, la poliacrilamida, el polietileno y el polipropileno. Aunque el estudio no determina con exactitud el origen de estas partículas, los investigadores apuntan a varias posibilidades.

La contaminación podría proceder de las materias primas utilizadas, de la maquinaria empleada durante el procesamiento industrial o incluso del propio embalaje. Se trata de una cadena compleja que requerirá nuevas investigaciones para identificar con precisión dónde se produce la incorporación de los microplásticos.

Uno de los aspectos más interesantes del estudio es la diferencia entre los distintos tipos de alimentación. La comida seca contiene una mayor concentración de partículas por gramo. Sin embargo, los animales consumen cantidades mucho mayores de alimento húmedo, lo que provoca que la exposición total diaria sea superior en este último caso.

Los investigadores estimaron que un perro grande, como un labrador de unos 35 kilogramos, podría ingerir una media de 313 partículas de microplásticos al día mediante la comida húmeda. En los escenarios más extremos, con productos especialmente contaminados, la cifra podría superar las 2.300 partículas diarias.

Estas cantidades son superiores a las detectadas en numerosos estudios sobre alimentos destinados al consumo humano.

Un nuevo problema ambiental en los ecosistemas terrestres

Los investigadores no evaluaron directamente el impacto sobre la salud de las mascotas o los erizos, pero recuerdan que existe un número creciente de estudios experimentales que relacionan los microplásticos con alteraciones reproductivas, problemas en órganos internos y efectos negativos sobre el estado general del organismo.

La incertidumbre es precisamente uno de los factores que más preocupa a la comunidad científica. Las partículas microscópicas pueden transportar aditivos químicos y otros contaminantes, y todavía se desconoce cómo afecta una exposición prolongada en mamíferos domésticos o silvestres.

El estudio también subraya una consecuencia menos visible. Las partículas ingeridas no desaparecen, sino que son expulsadas posteriormente mediante las heces. Esto significa que perros, gatos y animales silvestres contribuyen involuntariamente a redistribuir los microplásticos sobre los suelos y los ecosistemas terrestres.

Hasta ahora, gran parte de las investigaciones sobre contaminación plástica se habían concentrado en ambientes marinos. Sin embargo, este trabajo pone de manifiesto que existe una circulación constante de partículas entre la industria alimentaria, los animales y el medio terrestre.

En el caso de los erizos europeos, el descubrimiento resulta especialmente significativo porque demuestra que una especie ya sometida a múltiples amenazas —como la pérdida de hábitat o los atropellos— está expuesta también a una forma invisible de contaminación que apenas había sido estudiada. @mundiario

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