HUB
Publicidad Responsiva - Banner Superior
Radar Inteligente
Mundiario 25 Jun, 2026 11:14

Venezuela necesita al mundo: la solidaridad no puede entender de fronteras ni de ideologías

Hay tragedias que suspenden cualquier discusión política. Hay momentos en los que las diferencias ideológicas, las tensiones diplomáticas y los enfrentamientos entre gobiernos quedan inevitablemente relegados por una realidad mucho más poderosa: la necesidad de salvar vidas humanas. Los terremotos que han golpeado Venezuela constituyen uno de esos momentos.

Dos violentos seísmos de magnitudes 7,2 y 7,5, separados apenas por unos segundos, han provocado una devastación de dimensiones todavía difíciles de cuantificar. Las cifras provisionales hablan ya de al menos 164 fallecidos y cerca de un millar de heridos. Pero nadie puede asegurar que ese balance sea definitivo. Al contrario. El propio Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), basándose en modelos estadísticos utilizados en grandes catástrofes sísmicas, advierte de que existe una probabilidad significativa de que el número final de víctimas mortales alcance decenas de miles si los daños estructurales resultan tan extensos como indican las primeras evaluaciones.

Las imágenes que llegan desde Caracas, La Guaira y otras ciudades recuerdan inevitablemente a otros grandes terremotos que marcaron la historia reciente. Edificios desplomados, carreteras inutilizadas, hospitales desbordados, familias buscando desesperadamente a sus seres queridos y miles de ciudadanos improvisando cadenas humanas para retirar escombros con las manos porque cada minuto cuenta. No hay mayor urgencia que esa.

Las primeras 48 horas son decisivas para salvar miles de vidas. La ayuda humanitaria nunca debería estar condicionada por diferencias políticas

Las primeras cuarenta y ocho horas posteriores a un terremoto son consideradas por todos los especialistas como la ventana crítica para rescatar supervivientes. Cada hora reduce las posibilidades de encontrar personas con vida bajo los edificios colapsados. Por eso resulta esencial que los equipos internacionales de búsqueda y rescate lleguen cuanto antes con perros especializados, sensores acústicos, cámaras térmicas, hospitales de campaña, maquinaria pesada, plantas potabilizadoras, generadores eléctricos y material sanitario.

No es el momento de preguntarse quién gobierna Venezuela. Es el momento de preguntarse cuántas vidas pueden salvarse. Desde MUNDIARIO queremos hacer un llamamiento a la comunidad internacional para que movilice todos los recursos posibles con la mayor rapidez. América Latina, Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea, Naciones Unidas, la Cruz Roja Internacional, las organizaciones humanitarias y cuantos países dispongan de capacidad logística deberían coordinar una respuesta excepcional.

No se trata únicamente de enviar ayuda económica. La prioridad inmediata pasa por desplegar especialistas en rescate urbano, personal sanitario, ingenieros, expertos en estructuras, equipos de telecomunicaciones y suministros básicos. La experiencia acumulada tras terremotos como los de Haití, Turquía, Marruecos o Japón demuestra que la coordinación internacional puede marcar la diferencia entre una tragedia inmensa y una tragedia todavía mayor.

Responsabilidad especial de España

España tiene además una responsabilidad especial, no solo por los profundos vínculos históricos con Venezuela, sino por la importante comunidad española residente en el país. Cerca de 200.000 ciudadanos españoles viven allí, muchos de ellos descendientes de quienes emigraron décadas atrás buscando un futuro mejor. Entre las víctimas ya figura una mujer con doble nacionalidad hispano-venezolana, mientras decenas de españoles permanecían inicialmente sin localizar y los servicios consulares trabajan para contactar con ellos.

La rápida reacción del Ministerio de Asuntos Exteriores, preparando el envío de un avión militar con equipos especializados de rescate, merece reconocimiento. También el esfuerzo de la Embajada y del Consulado españoles, que continúan operativos pese a haber sufrido daños materiales. Es una respuesta necesaria, pero probablemente insuficiente ante una emergencia cuya magnitud podría superar ampliamente la capacidad de cualquier país actuando en solitario.

En las próximas horas será igualmente imprescindible garantizar corredores humanitarios eficaces para que la ayuda internacional llegue allí donde más se necesita. Los aeropuertos dañados, las infraestructuras colapsadas y las dificultades de comunicación complican enormemente la logística. Precisamente por ello resulta aún más importante que la cooperación internacional funcione con rapidez y sin obstáculos burocráticos innecesarios.

Venezuela atraviesa desde hace años una situación económica, política y social extraordinariamente compleja. Esa realidad ha condicionado durante demasiado tiempo las relaciones internacionales con el país. Sin embargo, los terremotos no distinguen entre simpatizantes y opositores, entre chavistas y antichavistas, entre gobiernos aliados o enfrentados. Las placas tectónicas ignoran cualquier frontera política. La ayuda humanitaria tampoco debería conocerlas.

La prioridad es rescatar supervivientes

Sería un grave error convertir esta catástrofe en un nuevo escenario de confrontación diplomática. Las diferencias políticas podrán retomarse cuando llegue el momento. Hoy la prioridad es otra: rescatar supervivientes, atender heridos, proporcionar agua potable, garantizar refugio a quienes han perdido su hogar y evitar que una emergencia sísmica derive además en una crisis sanitaria de enormes proporciones.

También corresponde a los organismos multilaterales asumir un papel protagonista. Naciones Unidas dispone de mecanismos específicos para coordinar emergencias internacionales; la Organización Panamericana de la Salud puede movilizar recursos médicos; el Banco Interamericano de Desarrollo y otros organismos financieros deberán estudiar fórmulas extraordinarias para facilitar la reconstrucción. La experiencia demuestra que las consecuencias económicas de un terremoto de esta intensidad se prolongan durante años y exigen un compromiso sostenido mucho más allá del impacto mediático de los primeros días.

La solidaridad internacional no debe agotarse cuando desaparezcan las cámaras de televisión. La reconstrucción será tan importante como el rescate. Miles de familias necesitarán viviendas. Habrá que reconstruir escuelas, hospitales, carreteras, redes eléctricas y sistemas de abastecimiento de agua. Muchas pequeñas empresas habrán desaparecido bajo los escombros. Recuperar la normalidad exigirá tiempo, financiación y cooperación internacional continuada.

La comunidad venezolana repartida por el mundo también tiene un papel esencial. Millones de venezolanos residentes en América, Europa y otros continentes constituyen una red humana extraordinaria que ya está demostrando su capacidad de movilización mediante campañas solidarias, recaudaciones y apoyo a familiares afectados. Esa energía cívica merece igualmente respaldo institucional.

Una obligación moral

En momentos como este conviene recordar que la solidaridad constituye uno de los principios más valiosos de la comunidad internacional. No es un gesto de generosidad; es una obligación moral. Hoy la necesitan los venezolanos. Mañana podría necesitarla cualquier otro país. Ninguna nación está completamente a salvo de las grandes catástrofes naturales.

Desde estas páginas queremos expresar nuestra cercanía a todas las víctimas, a quienes buscan entre los escombros a sus familiares, a los equipos de rescate que trabajan sin descanso, al personal sanitario que afronta jornadas interminables y a todos los ciudadanos venezolanos que vuelven a demostrar una extraordinaria capacidad de resistencia frente a la adversidad. Hoy Venezuela necesita algo más que palabras de condolencia. Necesita aviones cargados de ayuda, hospitales de campaña, rescatistas, ingenieros, médicos, cooperación internacional y un compromiso firme de la comunidad internacional. Porque cuando la tierra tiembla con semejante violencia, la humanidad entera debería responder como una sola comunidad. Ese es el verdadero sentido de la solidaridad. Y esa es, hoy, la obligación de todos. @mundiario

Contenido Patrocinado
Cobertura Expandida (Multimedio #144509)