En el artículo anterior planteaba que Galicia dispone de una oportunidad histórica para convertirse en uno de los grandes centros europeos de almacenamiento energético. Las centrales de bombeo y otras infraestructuras en desarrollo permitirían aprovechar mejor la energía renovable y aportar al sistema eléctrico una flexibilidad cada vez más valiosa.
Una central de bombeo puede entenderse como una gran batería de agua. Cuando sobra electricidad —por ejemplo, porque hay mucho viento o mucho sol— utiliza esa energía para bombear el agua desde un embalse inferior hasta otro situado a mayor altura. Cuando la demanda aumenta, o escasea la generación renovable, el agua vuelve a descender pasando por turbinas que producen electricidad. Así, la energía se almacena cuando sobra y se recupera cuando más se necesita.
El verdadero reto, sin embargo, ya no es tecnológico ni empresarial. La pregunta es quién garantizará que las enormes inversiones necesarias puedan recuperarse.
Una central hidroeléctrica de bombeo exige inversiones de cientos o incluso miles de millones de euros y plazos de amortización que se extienden durante décadas. Ninguna empresa comprometerá semejantes recursos sin un marco regulatorio estable, reglas económicas claras y una razonable certidumbre sobre los ingresos futuros.
El interés empresarial existe y resulta evidente. La adjudicación del nudo de Meirama a Coventina, los planes de Naturgy para desarrollar su primera central de bombeo en Galicia o el proyecto Conso II, en Ourense, así lo demuestran. Este último, el mayor proyecto de bombeo hidroeléctrico de Europa, prevé una inversión de 1.500 millones de euros y una potencia de 1.800 MW. Sin embargo, después de más de siete años de tramitación, sigue pendiente de decisiones esenciales sobre su régimen retributivo y la duración de la concesión.
Ahí es donde reside el principal obstáculo, porque corresponde al Gobierno definir los dos elementos que resultan imprescindibles para garantizar la viabilidad económica del proyecto. Mientras esa incertidumbre persista, será difícil que la inversión dé el paso definitivo.
Las centrales de bombeo, infraestructuras estratégicas
No se trata solo de producir electricidad. Las centrales de bombeo son infraestructuras estratégicas para el sistema eléctrico. En un modelo basado en renovables, el almacenamiento será tan importante como la propia generación para garantizar la estabilidad de la red, aprovechar mejor la energía disponible y reducir la dependencia de tecnologías de respaldo más costosas y contaminantes.
Galicia conoce el riesgo de desaprovechar sus ventajas competitivas. Durante décadas ha sido una gran productora de energía, pero buena parte del valor añadido se ha generado fuera de la comunidad. La transición energética ofrece ahora la posibilidad de transformar esa realidad en desarrollo industrial, empleo cualificado e inversión.
La oportunidad está sobre la mesa. Si el marco regulatorio llega a tiempo, Galicia puede convertirse en uno de los grandes referentes europeos del almacenamiento energético. De lo contrario, corre el riesgo de dejar escapar una oportunidad difícilmente repetible. @mundiario