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Radar Inteligente
El Diario 27 Jun, 2026 18:37

El papá de Messi

Me pudo haber pasado a mí.

La actriz y conductora Florencia Peña lo dijo sin titubear en el canal de streaming Luzu TV basado en Argentina: “Escucha, no quiero darle una mala noticia pero acaba de morir el papá de Messi”. Ante la incredulidad de dos de sus compañeros de programa sobre la supuesta muerte de Jorge Messi, lo repitió: “Acaba de morir el papá de Messi. Pero fue de golpe. ¿O qué pasó? ¿Qué data hay, Maggie? Duro, ¿no? En el medio del Mundial. Se va a tener que ir”. En la transmisión digital luego hay un corte a una productora del programa que dice que “no sabemos, ahí estamos buscando... hay un montón de rumores, se está escribiendo en Twitter, no está confirmado por ningún medio, lo aclaramos por las dudas”.

Demasiado tarde. El papá de Lionel Messi, desde luego, no estaba muerto.

Florencia –quien en medio del escándalo todavía tuvo la entereza para presentarse esa misma noche en una obra de teatro en Buenos Aires– pidió perdón, públicamente y llorando, en varias ocasiones. “Lo primero que quiero decir es que pido disculpas de corazón; nunca pensé que me iba a pasar algo así”, dijo en una entrevista. “Yo estaba en vivo. Mi productora me dio la noticia en vivo... cometí un error, me confundí”.

Florencia no es la única responsable; fue, sin duda, un error de grupo que ocurrió por la falta de sistemas de verificación. Y todos los que alguna vez hemos estado frente a una cámara, corremos ese riesgo. Hubiera bastado una llamada y esperar dos minutos para evitar ese desastre mediático.

Lo que la gente no vio es que tanto Florencia como sus compañeros llevaban puesto un pequeño aparato auditivo (que en Argentina llaman “cucaracha”, en México “chícharo” y en Estados Unidos IFB). Y fue a través de ese aparatito que Florencia recibió de una productora la falsa noticia de la muerte del padre de Messi.

No es fácil manejar una situación así. En mis 38 años como presentador de un noticiero y en múltiples transmisiones en vivo recibí constantemente información en mi oído izquierdo de mis compañeros periodistas, productores y directores de noticias. Ahí, en una fracción de segundo, tenía que decidir si lo decía o me quedaba callado y solicitaba más datos. Todo mientras estaba leyendo otras noticias, conduciendo una entrevista o revisando mensajes en una computadora y en mi celular.

Afortunadamente siempre trabajé con equipos periodísticos muy profesionales y confiaba en lo que me decían. Pero esa confianza tenía un método, particularmente en noticias importantes. La regla era que si no teníamos dos fuentes confiables, no lo decíamos. Y fuente confiable significaba alguien que fuera protagonista de la noticia, un testigo o una persona que tuviera un conocimiento muy específico sobre el tema. No es un método perfecto. Pero nos evitó muchos errores al aire.

Si no hay ‘fact-checking’, no hay periodismo. A pesar de las fuertes presiones por la competencia y el deseo de dar una exclusiva, era preferible esperarse a conseguir dos fuentes confiables a ser los primeros con una noticia que podía ser falsa. Aun así, muchas veces me quedé callado y no quise decir la información que me daban en la oreja hasta estar personalmente seguro de que fuera cierta. Todo conductor de noticias que se respete sabe que si lo dices, es tuyo. No le puedes luego echar la culpa a otros.

De eso depende tu credibilidad como periodista.

Recuerdo que cuando le dispararon en 1994 al candidato Luis Donaldo Colosio, un productor en quien confío plenamente me dijo que estaba muerto. Y yo me negué durante minutos interminables a decirlo en televisión hasta estar convencido de que fuera cierto. Sabía que si me equivocaba en algo así sería el fin de mi carrera.

Un reciente reporte de la Unesco concluyó que el 63 por ciento de los creadores de contenido e influencers en 45 países no verifica sus noticias antes de difundirlas. Por eso Internet está plagado de ‘fake news’.

Más que apuntar dedos acusatorios a los involucrados en Argentina con la noticia falsa sobre el papá de Messi, hay que tomarlo como una gran lección para los que hacemos periodismo e imponer métodos –dos fuentes confiables y constante verificación de datos– para que no se repita.

La verdad es que nos pudo haber pasado a cualquiera.

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