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El Economista 28 Jun, 2026 12:30

La botana campeona del Mundial: Así nacieron las papas fritas y así puedes hacerlas en casa

Durante un partido de futbol, una tarde de películas o una reunión entre amigos, pocas botanas despiertan tanta nostalgia como una bolsa de papas fritas. Basta abrir el empaque para que aparezca ese aroma a papa recién frita, aceite y sal que ha acompañado generaciones enteras. En pleno Mundial, cuando millones de aficionados se reúnen frente al televisor para apoyar a su selección, pocas botanas ocupan un lugar tan importante sobre la mesa. Lo que pocos saben es que detrás de ese sonido crujiente existe una historia que comenzó hace más de 170 años y que transformó para siempre la forma en que el mundo consume botanas.

Hoy las papas fritas de bolsa forman parte de la cultura popular. Están presentes en supermercados, tiendas de conveniencia, estadios, oficinas y prácticamente cualquier rincón del planeta. Sin embargo, antes de convertirse en un producto industrial, fueron un platillo improvisado en la cocina de un restaurante.

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De un reclamo en un restaurante al nacimiento de una leyenda

La historia más aceptada sitúa el origen de las papas fritas tipo "chips" en 1853, en Saratoga Springs, Nueva York. Ahí trabajaba George Crum, un cocinero reconocido por su carácter fuerte y por la precisión con la que preparaba sus platillos.

Cuenta la tradición que un cliente devolvió varias veces unas papas fritas porque las consideraba demasiado gruesas. Molesto, Crum decidió cortarlas tan delgadas como una hoja de papel, freírlas hasta dejarlas completamente crujientes y añadir una generosa cantidad de sal con la intención de que fueran imposibles de comer.

El cliente quedó fascinado con el resultado y muy pronto las llamadas "Saratoga Chips" comenzaron a servirse en los restaurantes más elegantes de Estados Unidos. Lo que inició como una pequeña venganza culinaria terminó convirtiéndose en una revolución gastronómica.

Con el paso de las décadas, las papas fritas dejaron de ser un lujo de restaurante para instalarse en ferias, mercados y pequeños comercios. Sin embargo, seguían teniendo un gran problema: perdían rápidamente su textura crujiente al exponerse al aire.

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Papas fritasFreepik

La bolsa que cambió para siempre las botanas

Las papas comenzaron a venderse en pequeñas bolsas de papel encerado elaboradas a mano, lo que permitía transportarlas sin romperlas con tanta facilidad y conservar mejor su frescura.

Una de las pioneras fue Laura Scudder, empresaria de California, quien en la década de 1920 pidió a sus trabajadores llevar a casa hojas de papel encerado para pegarlas y formar bolsas selladas. Aquella sencilla innovación permitió que las papas conservaran su textura por mucho más tiempo y facilitó su distribución a mayor escala. Ese momento marcó el nacimiento de la industria moderna de las botanas.

Con el desarrollo de nuevos materiales de empaque, películas metalizadas y atmósferas protegidas con nitrógeno durante la segunda mitad del siglo XX, las papas pudieron viajar miles de kilómetros sin perder su característico crujido. Hoy, ese espacio que muchos creen que es "aire" dentro de las bolsas en realidad contiene nitrógeno, un gas que protege las papas de la humedad y evita que lleguen rotas al consumidor.

Mucho más que papa, aceite y sal

Aunque la receta parece sencilla, lograr una papa frita perfecta requiere comprender la ciencia detrás de cada ingrediente.

Las mejores variedades contienen una alta concentración de almidón y poca humedad, lo que favorece una fritura uniforme y un interior ligero.

El aceite debe mantenerse entre 170 y 180 grados para evitar que las papas absorban demasiada grasa. La sal, por su parte, se incorpora inmediatamente después de salir del aceite, cuando aún conservan una ligera película superficial que ayuda a fijar el sabor.

Ese equilibrio entre almidón, temperatura, humedad y sal explica por qué las mejores papas de bolsa mantienen un crujido uniforme desde la primera hasta la última mordida.

Actualmente la industria ha desarrollado decenas de sabores, desde queso, jalapeño, limón o barbecue hasta versiones gourmet con trufa, romero, pimienta o vinagre. Sin embargo, ninguna ha logrado superar la popularidad de la receta original: papa, aceite y sal.

Quizá porque en esa aparente sencillez reside el secreto de una de las botanas más exitosas de todos los tiempos y la compañera inseparable de millones de aficionados cada vez que rueda el balón.

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