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Mundiario 30 Jun, 2026 01:41

El calor frena el transporte en Europa: así se derritieron las juntas de la red de tranvías en Leipzig

La imagen de una gran ciudad alemana obligada a detener por completo su red de tranvías parecía hasta hace pocos años un escenario difícil de imaginar. Sin embargo, las temperaturas que rozaron y superaron los 40 grados en numerosas regiones de Alemania durante los últimos días demostraron que el calor extremo no solo amenaza la salud pública, sino también el funcionamiento cotidiano de infraestructuras consideradas tradicionalmente robustas.

Leipzig se convirtió en el ejemplo más llamativo de esta situación cuando el material utilizado para sellar las juntas entre los raíles y el asfalto comenzó a fundirse bajo una combinación prolongada de altas temperaturas y una intensa radiación solar. El resultado fue inmediato: el compuesto derretido invadió los carriles, dificultó la circulación y obligó a la empresa pública Leipziger Verkehrsbetriebe (LVB) a suspender todo el servicio de tranvías mientras los equipos técnicos iniciaban una compleja operación de limpieza y reparación.

Cuando el calor deja de ser un problema meteorológico para convertirse en una crisis de infraestructuras

Durante décadas, el debate sobre las olas de calor se ha centrado principalmente en sus efectos sobre las personas, especialmente sobre ancianos, niños y colectivos vulnerables. Sin embargo, los acontecimientos registrados en Alemania muestran cómo las temperaturas extremas están alcanzando un nivel capaz de alterar el funcionamiento físico de materiales utilizados habitualmente en carreteras, vías ferroviarias y sistemas urbanos de transporte.

En Leipzig, el problema no fue que los raíles de acero se derritieran, sino el deterioro del material elastómero empleado para sellar el espacio existente entre las vías del tranvía y el pavimento urbano. Ese compuesto comenzó a licuarse, desplazándose sobre la propia vía y formando acumulaciones que impedían una circulación segura.

El director de LVB, Ulf Middelberg, explicó que todavía resulta prematuro determinar la causa exacta del fenómeno, precisamente porque los daños afectaron tanto a tramos antiguos como a otros renovados recientemente. Esa circunstancia ha llevado a la compañía a abrir una investigación sobre si el material empleado sigue siendo el más adecuado para unas condiciones climáticas que hace pocos años eran excepcionales y hoy comienzan a repetirse con mayor frecuencia.

Una ciudad obligada a detener su principal sistema de transporte

La suspensión del servicio afectó a decenas de miles de viajeros. Mientras los autobuses continuaban operando, aunque también registraron averías relacionadas con el calor, los técnicos comenzaron una carrera contrarreloj para retirar el compuesto fundido tanto de los aproximadamente 300 kilómetros de red ferroviaria como de los más de medio centenar de tranvías que habían circulado sobre él antes de detectarse la incidencia.

La complejidad de los trabajos explica que el restablecimiento del servicio no pudiera fijarse inmediatamente. No bastaba con limpiar las vías; también era necesario eliminar completamente los restos adheridos a ruedas, cambios de agujas y otros elementos sensibles del sistema ferroviario urbano.

Los servicios municipales, empresas de abastecimiento de agua y distintos equipos de mantenimiento se sumaron a unas labores que ilustran hasta qué punto un fenómeno meteorológico puede paralizar infraestructuras críticas incluso en países con elevados estándares técnicos.

Uno de los aspectos más relevantes del incidente es que no constituye un fenómeno exclusivamente local. Las autoridades de transporte de Leipzig confirmaron que mantienen contactos con otras ciudades alemanas como Núremberg, Essen, Wurzburgo o Bremen, donde también se han detectado problemas similares asociados al deterioro del material utilizado en las juntas de las vías.

Al mismo tiempo, otras infraestructuras del país comenzaron a mostrar síntomas del mismo fenómeno físico. En las autopistas construidas con placas de hormigón aparecieron nuevos casos de los conocidos blow-ups, un proceso mediante el cual las losas se expanden debido al calor hasta fracturarse y levantarse bruscamente, generando peligrosos escalones sobre la calzada.

Las carreteras asfaltadas, por su parte, presentan otra vulnerabilidad diferente. El asfalto no se rompe, sino que pierde rigidez y comienza a deformarse bajo el peso de vehículos pesados, especialmente camiones, generando profundas rodaduras que reducen la seguridad de la circulación.

La ola de calor golpea la infraestructura ferroviaria en Alemania.

En la ciudad de Leipzig, las temperaturas extremas derritieron las juntas de los rieles de los tranvías, obligando a la empresa de transportes de la ciudad a interrumpir el tráfico. / ajr pic.twitter.com/e8JylatY5B

— DW Español (@dw_espanol) June 29, 2026

El efecto dominó sobre el transporte europeo

La red ferroviaria alemana también sufrió importantes alteraciones. Deutsche Bahn recomendó aplazar desplazamientos, autorizó cambios gratuitos de billetes y registró cancelaciones y retrasos en numerosas líneas de alta velocidad.

Uno de los episodios más delicados ocurrió cuando más de seiscientos pasajeros quedaron atrapados durante horas en un tren internacional que perdió la alimentación eléctrica tras la caída de un árbol sobre la catenaria. Sin aire acondicionado y con temperaturas interiores cercanas a los 40 grados, fue necesario evacuar progresivamente a los viajeros una vez que los equipos de emergencia consiguieron acceder al convoy.

En Bélgica se limitaron servicios ferroviarios y velocidades de circulación; Francia registró alteraciones ferroviarias y reducciones de producción en varias centrales nucleares debido al calentamiento de las aguas utilizadas para refrigeración; Austria notificó deformaciones en algunos tramos ferroviarios; y la reducción del caudal del Rin comenzó a afectar igualmente al transporte fluvial de mercancías.

Gran parte de las infraestructuras europeas fueron diseñadas bajo parámetros climáticos muy distintos de los actuales. Los márgenes de seguridad incorporaban temperaturas elevadas, pero no necesariamente varios días consecutivos con máximas cercanas o superiores a los 40 grados.

Eso obliga ahora a revisar especificaciones que hasta hace poco parecían suficientemente conservadoras. En el caso de Leipzig, la propia empresa de transporte reconoce que será necesario analizar si los materiales utilizados continúan siendo adecuados.

En las autopistas, los responsables de la red alemana ya apuntan hacia soluciones más costosas: aumentar el espesor de las capas de rodadura y emplear materiales específicamente preparados para soportar temperaturas superiores durante periodos prolongados. Sin embargo, la magnitud del reto resulta enorme. Alemania dispone de más de 13.000 kilómetros de autopistas cuya renovación completa requerirá décadas de inversiones. @mundiario

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