La joven artista queretana Daniela Rodríguez comparte cómo la pintura se convirtió en su forma de expresar emociones y el camino que la impulsa a buscar una exposición individual en un museo
Heredera del talento artístico de su abuela paterna, Daniela Rodríguez Bribiesca ha encontrado en la pintura la mejor forma de expresar sus ideas y emociones. A sus 23 años, la joven, originaria de la Ciudad de México, pero queretana por adopción, combina su formación en Diseño Industrial con una búsqueda constante de nuevas tendencias artísticas, sin perder de vista las técnicas clásicas que distinguen su obra. En entrevista, comparte cómo comenzó su historia con el arte, sus principales inspiraciones y el sueño que la impulsa a seguir creando.
¿Cómo nació tu gusto por las artes plásticas?
Pinto desde que tengo memoria. Mi abuela paterna era artista y gran parte de mi influencia viene de ella. Siempre dibujé y, cuando tenía alrededor de seis años, mis papás me llevaron con un maestro de acuarela. Ese fue mi primer acercamiento formal al arte. Tomé clases poco más de un año y después nos mudamos a Querétaro.
¿Recuerdas el primer cuadro que hiciste?
El que más recuerdo es uno que hice con mi abuela sobre un lienzo con textura, utilizando acuarelas con brillos. Mi primer trabajo que considero más profesional fue “El grito”, realizado en grafito. Antes había hecho otras piezas, pero eran ejercicios inspirados en imágenes de Pinterest para experimentar.
En ese cuadro que compartiste con tu abuela, ¿recuerdas algún consejo que te haya dado?
Más que un consejo específico, siempre me motivó a seguir creando. Si ya tenía colores o plumones, ella siempre encontraba la manera de regalarme más materiales para que siguiera explorando.
¿Desde niña sabías que querías dedicarte al arte?
Sí. Veía a mi abuela pintar y pensaba: "Yo quiero hacer eso". Desde muy pequeña tuve esa inquietud.
Ahora que has construido una trayectoria, ¿qué le dirías a esa niña que soñaba con ser artista?
Que no deje de soñar. Las cosas llegan, pero requieren trabajo, paciencia y mucha constancia.
¿Qué significa pintar para ti?
Es mi forma de expresarme. Es mi lenguaje. No me gusta explicar demasiado mis obras porque prefiero que cada persona encuentre su propia interpretación. Además, pintar es profundamente terapéutico; me ayuda a comprender lo que siento.
¿Qué emociones experimentas cuando pintas?
Mucha paz. Puedo tener preocupaciones o sentirme mal, pero cuando empiezo a pintar todo desaparece.
¿Cómo es tu proceso creativo?
Soy muy estructurada. Primero desarrollo el concepto que quiero transmitir y construyo un discurso alrededor de la obra. Después elaboro un ‘moodboard’ con referencias de artistas o piezas que me inspiran y, cuando siento que la idea está madura, comienzo a trabajar.
¿Cómo definirías tu estilo?
Minucioso y muy enfocado en los detalles.
¿Cuál es tu mayor sueño?
Tener una exposición individual en un museo, primero en Querétaro y después en otros lugares. Me gustaría que algún día alguien entrara a un museo, viera una obra y dijera: "Esa pintura es de Daniela Rodríguez".
¿Qué artistas admiras?
Me inspira mucho Manuel Lomelí, un artista queretano cuya técnica me ha ayudado a desarrollar esa atención al detalle. También admiro a Caravaggio y a Artemisia Gentileschi, especialmente por la manera en que abordó temas sociales y políticos de su época.
¿Qué proyectos tienes actualmente?
Estoy desarrollando una serie con la que espero realizar una exposición individual en museos y galerías. Quiero hablar de México desde una perspectiva más profunda, lejos de los estereotipos.
También retomé un proyecto de fundas pintadas a mano que inicié en 2020. Más adelante empecé a crear diseños inspirados en la Fórmula 1, una de mis grandes pasiones, fusionando el automovilismo con el arte. Gracias a ese trabajo llegué a contactar al entrenador de Checo Pérez; aunque el proyecto no pudo concretarse por cuestiones de tiempo, la posibilidad sigue abierta. Además, presenté una exposición individual sobre Fórmula 1 en la Universidad Anáhuac.
¿Qué técnicas te gustaría explorar?
Me interesa trabajar con técnicas mixtas y comenzar a incorporar el color. Hasta ahora toda mi obra ha sido en blanco y negro porque un profesor me decía que primero debía dominar la luz. Siento que ese momento ya llegó.
¿Por qué elegiste trabajar en blanco y negro?
Cuando hice “El grito” en grafito descubrí la fuerza que puede transmitir una obra sin color. Creo que el blanco y negro permite destacar la luz, las sombras y los detalles de una manera muy especial.