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Mundiario 15 Jul, 2026 04:57

Un reptil propenso a los tumores da pistas clave para investigar el cáncer humano

Durante mucho tiempo, la investigación sobre el cáncer ha recurrido principalmente a modelos clásicos de laboratorio, especialmente ratones modificados genéticamente para desarrollar tumores. Sin embargo, la naturaleza alberga una diversidad biológica mucho más amplia, donde algunas especies apenas padecen esta enfermedad y otras la desarrollan con una frecuencia sorprendente. Precisamente en esa diversidad reside el interés del nuevo estudio publicado en BMC Biology, liderado por investigadores de la Universidad de Nottingham, que identifica importantes pistas genéticas en un reptil particularmente vulnerable al cáncer.

El protagonista de esta investigación es una variedad del gecko leopardo conocida en el comercio de mascotas como “lemon frost, una llamativa mutación de color blanco y amarillo que, más allá de su apariencia, presenta una característica extraordinaria desde el punto de vista científico: alrededor del 80 % de estos animales desarrolla tumores agresivos que, además, suelen extenderse por el organismo mediante metástasis.

Lejos de ser únicamente una curiosidad zoológica, este fenómeno convierte al reptil en un laboratorio natural para comprender cómo aparecen, evolucionan y se propagan los tumores.

Uno de los principales desafíos de la investigación oncológica consiste en reproducir de forma fiable el desarrollo del cáncer. En muchos modelos experimentales tradicionales es necesario inducir artificialmente la aparición de tumores mediante sustancias químicas o modificaciones genéticas. En el caso del gecko lemon frost, ocurre justamente lo contrario.

Los tumores aparecen de forma espontánea, a edades relativamente tempranas y con una elevada capacidad de diseminación. Esa evolución natural ofrece a los científicos la oportunidad de observar el proceso completo sin necesidad de provocarlo artificialmente, acercándose más a lo que sucede en numerosos cánceres humanos.

La investigadora principal del estudio, Ylenia Chiari, explica el objetivo de este enfoque: “Al estudiar por qué algunos animales son tan propensos al cáncer mientras que otros son notablemente resistentes, esperamos descubrir las diferentes formas en que las especies han evolucionado para hacer frente a esta enfermedad. En concreto, este gecko podría convertirse en un modelo increíble para la investigación del cáncer, ya que los tumores aparecen de forma natural a una edad relativamente temprana. En conjunto, estas estrategias naturales podrían inspirar nuevas formas de prevenir, detectar y tratar el cáncer en seres humanos”.

Su planteamiento refleja una tendencia creciente dentro de la biología evolutiva: comprender el cáncer no únicamente como una enfermedad humana, sino como un fenómeno biológico presente en numerosas especies.

La genética detrás de los tumores

Para averiguar qué distingue a estos reptiles, los investigadores recurrieron a la secuenciación completa del genoma, comparando el ADN de tejidos tumorales con tejidos sanos pertenecientes a los mismos animales, lo que permitió identificar las alteraciones genéticas que aparecen de forma repetida en los tumores. Este análisis reveló un conjunto de cambios en regiones concretas del genoma que afectan precisamente a genes y procesos biológicos ya conocidos por su implicación en diversos tipos de cáncer humano.

Este resultado resulta especialmente relevante porque indica que, aunque reptiles y humanos se separaron evolutivamente hace cientos de millones de años, algunos mecanismos fundamentales que favorecen la aparición del cáncer parecen haberse conservado. En otras palabras, determinadas alteraciones genéticas pueden impulsar el crecimiento tumoral independientemente de la especie donde aparezcan.

Uno de los mensajes centrales del estudio es que la investigación biomédica puede beneficiarse enormemente de ampliar el catálogo de organismos utilizados como modelos científicos, ya que la mayoría de los conocimientos actuales procede de un número muy reducido de especies de laboratorio. Sin embargo, la evolución ha generado soluciones biológicas extremadamente diversas: mientras algunas especies, como muchas tortugas y galápagos, apenas desarrollan cáncer durante vidas extraordinariamente largas, otras, como este gecko, presentan una predisposición muy elevada.

Entender por qué un organismo es tan vulnerable puede ayudar a identificar los mecanismos que favorecen la enfermedad, mientras estudiar especies resistentes puede revelar sistemas naturales de protección frente al desarrollo tumoral. Ambas aproximaciones son complementarias.

La historia del gecko lemon frost comenzó con una mutación genética espontánea detectada durante programas de cría selectiva. Su llamativa coloración hizo que rápidamente se popularizara entre aficionados a los reptiles, aunque poco después los criadores comenzaron a observar un problema recurrente: numerosos ejemplares desarrollaban tumores cutáneos extremadamente agresivos, comprobándose con el tiempo que esa predisposición estaba estrechamente ligada a la mutación responsable de su aspecto.

Precisamente esa asociación genética convierte hoy al animal en un excelente modelo para estudiar cómo determinadas alteraciones hereditarias favorecen el desarrollo del cáncer.

Herramientas creadas para humanos... aplicadas a reptiles

Los investigadores adaptaron programas informáticos diseñados originalmente para analizar cánceres humanos con el fin de estudiar los tumores del gecko.

Según Brandon Hastings, uno de los autores del trabajo: “En líneas generales, nuestro artículo demuestra la importancia de analizar todo el árbol de la vida en busca de las respuestas necesarias para comprender mejor enfermedades que pueden tener un impacto profundo en la vida humana, como el cáncer. Desde el punto de vista metodológico, también destaca que la variedad de programas informáticos genómicos desarrollados para analizar los cánceres humanos se puede adaptar para aportar información valiosa sobre diversos organismos”.

Esta capacidad para reutilizar herramientas desarrolladas para medicina humana amplía considerablemente las posibilidades de investigar enfermedades en especies muy diferentes. Cada especie representa un experimento evolutivo distinto que ha desarrollado mecanismos únicos para enfrentarse a enfermedades, infecciones, envejecimiento o procesos celulares complejos.

Como señala Scott Glaberman, investigador de la Universidad de Birmingham: “A menudo miramos hacia dentro para resolver los problemas humanos, pero todas las especies tienen algo que enseñarnos. Al estudiar tanto a los animales que son vulnerables al cáncer como a los que lo resisten, tenemos una capacidad mucho mayor para comprender la propia enfermedad. Esta es una de las muchas razones por las que proteger la biodiversidad es tan importante”.

Su reflexión resume una idea cada vez más presente en la biología moderna: conservar la diversidad de especies no solo protege los ecosistemas, sino que también preserva oportunidades únicas para generar conocimiento biomédico.

Aunque esta investigación no implica un tratamiento inmediato ni un avance clínico directo, sí representa una pieza importante dentro del complejo rompecabezas que supone comprender el cáncer. @mundiario

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