Estados Unidos e Irán reanudan las hostilidades abiertas tras romperse la frágil tregua de los últimos días. El Pentágono ordenó bombardeos selectivos contra enclaves militares iraníes, lo que desató una represalia inmediata de Teherán con ataques dirigidos a instalaciones estadounidenses repartidas por Oriente Próximo.
La operación estadounidense tuvo como principal objetivo sistemas de defensa costera, centros de mando, instalaciones de misiles, capacidades de drones y posiciones militares situadas en puntos estratégicos del litoral iraní, especialmente en torno al estrecho de Ormuz y el puerto de Bandar Abbas, uno de los principales enclaves navales de Irán. Según el Pentágono, los ataques buscan reducir la capacidad iraní para amenazar la navegación internacional y mantener abierto uno de los corredores marítimos más importantes del planeta.
La respuesta iraní llegó pocas horas después. La Guardia Revolucionaria anunció ataques contra instalaciones militares estadounidenses en Bahréin, Kuwait y Jordania, utilizando misiles y drones. Paralelamente, dirigentes iraníes reiteraron que consideran el enfrentamiento una “guerra existencial” con Estados Unidos y vincularon cualquier reapertura del estrecho de Ormuz al levantamiento de las medidas adoptadas por Washington.
Precisamente el estrecho de Ormuz vuelve a convertirse en el principal foco de preocupación internacional. Antes del conflicto, por esa vía marítima transitaba aproximadamente una quinta parte del comercio mundial de petróleo y gas. El bloqueo naval impuesto por Estados Unidos y las restricciones anunciadas por Irán han reducido el tráfico comercial y alimentado la incertidumbre en los mercados energéticos internacionales, impulsando el precio del petróleo hasta máximos de las últimas semanas.
Por ello, Teherán ha elevado además el tono de sus advertencias. La Guardia Revolucionaria aseguró que “las exportaciones energéticas regionales serán compartidas por todos o negadas para todos”, dejando claro que la presión sobre el transporte de hidrocarburos constituye una de sus principales herramientas de respuesta frente a las operaciones militares estadounidenses. El mensaje busca trasladar que el conflicto no afectaría únicamente a Irán, sino al conjunto de la economía energética del Golfo.
Mientras tanto, Donald Trump mantiene un discurso de presión creciente. El presidente estadounidense aseguró que Irán desea alcanzar un acuerdo, aunque advirtió de que Estados Unidos continuará ampliando sus operaciones si no se producen avances en la negociación. Entre las amenazas mencionó incluso posibles ataques contra nuevas instalaciones estratégicas relacionadas con el programa nuclear iraní, lo que alimenta la posibilidad de una expansión del conflicto.
Más allá del enfrentamiento militar, ambos países desarrollan una estrategia de desgaste. Estados Unidos intenta limitar la capacidad militar iraní y garantizar la libre navegación por Ormuz, mientras Irán busca elevar el coste económico y político de esa presión utilizando su influencia sobre uno de los principales puntos de paso del comercio energético mundial. Cada movimiento militar tiene, por tanto, una dimensión económica que repercute inmediatamente en los mercados internacionales.
La amenaza iraní se ha extendido formalmente hacia el estrecho de Bab el-Mandeb. Mediante el uso de sus aliados hutíes en Yemen, buscan asfixiar la principal vía de escape que utilizan monarquías como Arabia Saudí para exportar crudo sin cruzar por Ormuz.
Iran warned that its campaign to throttle global energy markets could expand beyond the Strait of Hormuz to the vital Red Sea route if US attacks continue, a threat that would depend on its Houthi allies in Yemen https://t.co/eXKTmx0Okp pic.twitter.com/B0Nrk9BGOw
— Reuters (@Reuters) July 15, 2026
El recrudecimiento de la crisis ya ha provocado una alta volatilidad en los mercados internacionales. El precio del barril de crudo Brent superó los 85 dólares, y diversos analistas financieros advierten que un bloqueo combinado de ambos estrechos podría disparar el barril a los 200 dólares, provocando una crisis de estanflación global.
La evolución de los drones, los misiles de precisión y las operaciones navales también refleja cómo ha cambiado la naturaleza de este conflicto. Las acciones ya no se limitan al territorio de los dos países, sino que alcanzan infraestructuras, rutas marítimas y bases militares distribuidas por todo Oriente Medio. Ello incrementa el riesgo de implicar a nuevos actores regionales y amplía las posibilidades de incidentes que puedan desencadenar nuevas escaladas. @mundiario