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El Diario 17 Jul, 2026 10:39

‘Tenían mujeres cara de pánico’

El jueves 11 de agosto de 2022 comenzó como cualquier otro día de visita en el Cereso Estatal número 3. Desde las ocho de la mañana comenzaron a ingresar familiares de las personas privadas de la libertad. Niñas, niños, mujeres y adultos mayores cruzaron los filtros para reunirse con sus familiares, mientras custodios de la unidad K-9 revisaban personas y vehículos y otros realizaban labores de vigilancia dentro del penal.
Poco antes de la una de la tarde todo cambió.
De acuerdo con los testimonios rendidos durante las dos primeras jornadas del juicio por terrorismo referente a los hechos del ‘Jueves Negro’, internos del Área 4, identificada con ‘Los Mexicles’, irrumpieron en el Área 2, donde se encontraban internos de “Los Chapos” y donde además se desarrollaba la visita familiar. Lo que comenzó como una riña pronto se convirtió en un infierno de fuego, humo y muerte.
Los primeros en darse cuenta fueron los custodios distribuidos en distintos puntos del penal. Uno de ellos recordó que lavaba las jaulas de los perros de la unidad K-9 cuando recibió el aviso de que habían “tronado el Cereso”. Otro escuchó los primeros gritos provenientes del Área 2.

“Era un caos”, dijo uno de los custodios identificado como J. A. P. “Las mujeres tenían cara de pánico”. Después volteó a ver a sus compañeros. “Ellos también tenían miedo; nunca habíamos vivido una situación así”, afirmó.
Los relatos comenzaron a coincidir en los mismos sonidos y las mismas imágenes. Primero fueron los gritos de horror. Después las detonaciones. Luego el humo.
Los custodios dejaron las armas de goma que utilizaban de manera habitual para acudir al cuarto de armas y equiparse con armamento letal y gas lacrimógeno. Sabían que ya no enfrentaban una riña común. Había disparos dentro del penal.
Cuando intentaron ingresar al Área 2 encontraron el acceso bloqueado. Colchones incendiados impedían el paso. El humo cubría la entrada y desde el interior seguían escuchándose balazos. Algunos testigos declararon que los propios internos levantaron esa barricada para impedir el ingreso de las autoridades; otros dijeron que buscaban evitar que más integrantes del grupo contrario entraran al módulo para continuar el ataque.
Mientras unos trataban de contener el enfrentamiento, otros buscaron una salida para las familias atrapadas. Varios custodios coincidieron en que fue necesario derribar parte de un muro en el área de visita íntima o conyugal para abrir un paso de emergencia. Por ese hueco comenzaron a sacar a niñas, niños, mujeres y adultos mayores que habían quedado en medio del fuego cruzado.
Uno de los custodios recordó que los internos lanzaban piedras para impedir que el personal penitenciario ingresara al módulo. Otro dijo que desde una torre de vigilancia observó el humo salir del Área 2 mientras continuaban las detonaciones. Un tercero relató que hacia las cuatro de la tarde finalmente habían logrado evacuar a toda la visita.
Dentro del módulo la escena era otra.
El agente ministerial J. M. C. declaró que ingresó por un boquete abierto junto a una ventana para procesar la escena. Encontró dos cuerpos tendidos en las canchas de basquetbol y seis personas lesionadas. Cuando ingresó, los propios internos comenzaron a contarle lo que, según dijeron, había ocurrido minutos antes.
Declaró que le refirieron que Ernesto Alfredo Piñón de la Cruz, alias “El Neto”, había ingresado al Área 2 acompañado de “El Pompín”, “El Chilín” y “El Jacky”. Según ese testimonio, los cuatro eran escoltados por un grupo de custodios al que llamaban “La Patrulla”. También declaró que los internos le dijeron que un custodio identificado como “El William” les entregó las armas y que ese grupo protegía a quienes disparaban dentro del módulo. Añadió que los reos del Área 2 le aseguraron que tuvieron que defenderse como pudieron.
El mismo agente recordó que los internos también le hablaron de un hombre con un parche en un ojo. A su alrededor había colchones consumidos por el fuego, rastros de sangre, daños provocados por los disparos y los cuerpos que permanecían en las canchas.

Afuera exigían información
Mientras todo eso ocurría dentro del penal, afuera el ambiente tampoco era de calma.
Las personas que apenas iban llegando para visitar a sus familiares comenzaron a correr al escuchar los disparos. En pocos minutos, decenas de mujeres se concentraron frente al Cereso exigiendo información sobre quienes permanecían dentro.
Una custodia recordó que le tocó contener a las familias, que gritaban, lloraban y reclamaban noticias de sus hijos, esposos o hermanos. Otra declaró que cuando regresó al penal encontró cerrada la circulación sobre Barranco Azul por el despliegue de corporaciones de los tres niveles de gobierno y que, después de identificarse con su gafete, tomó un arma y se incorporó a las labores de seguridad.

Cambia la rutina en el penal
Los testimonios coincidieron en que el motín cambió por completo la rutina del personal penitenciario. Todos permanecieron acuartelados desde varias semanas hasta un mes. Algunos recordaron que sus familiares únicamente pudieron acercarles una maleta con ropa porque ya no les permitieron salir del Cereso.
Antes de abandonar el Área 2, el agente ministerial seguía escuchando el radio. Ya no reportaban únicamente lo que ocurría dentro del penal.
Las frecuencias comenzaron a llenarse de avisos sobre incendios, ataques armados y homicidios en distintos puntos de la ciudad. Para entonces, la violencia ya había rebasado los muros del Cereso en lo que hoy se conoce como el ‘Jueves Negro’.

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