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Yucatan 19 Jul, 2026 04:30

Cronista destaca papel y cambios de los mercados en Mérida

La rampa eléctrica del mercado Lucas de Gálvez, inaugurada en febrero del año pasado

  • La rampa eléctrica del mercado Lucas de Gálvez, inaugurada en febrero del año pasado
  • A la derecha y debajo, vistas del mercado de San Benito, uno de los centros de abasto más representativos de Mérida
  • La fachada del Lucas de Gálvez, donde se realizan trabajos de mejoramiento. Además de abastecer a la población, mantienen una tradición de convivencia que no ofrecen otros comercios
  • Los mercados conservan productos tradicionales y amplían su oferta para mantenerse vigentes. A la derecha, un mural pintado recientemente en el Lucas de Gálvez

Los cambios en la dinámica de vida de los meridanos, que ahora tienen la opción de comprar alimentos en múltiples supermercados e incluso en el comercio electrónico, no han hecho desaparecer los mercados, que siguen siendo sitios populares.

En éstos comprar desencadena una interacción social, aunado a que son parte importante de la identidad comunitaria.

Así lo considera el cronista de la ciudad Jorge Cortés Ancona, quien platica sobre los principales mercados que aún existen en la ciudad, los cambios que han registrado y el lugar que ocupan como centros de abasto en la comunidad.

También indica que en la ciudad se tiene el mercado Lucas de Gálvez, el más grande y más concurrido, y que se une al San Benito, junto con los mercados de Santiago, Santa Ana, San Sebastián, el de la colonia Alemán y el de San Roque, en el Sur.

En lo que se refiere al mercado Lucas de Gálvez, dice que ha tenido cambios en su infraestructura, siendo que la actual es de mediados del siglo XX, pero en lo que a productos se refiere hay una tradición en la que se ofrecen a la venta determinados productos, sobre todo de origen agrícola.

“Los productos desde el siglo XIX y XX, algunos se han mantenido, como las carnes, frutas, verduras, y ciertos materiales que se utilizan en la vida diaria, herramientas o instrumentos, y se han ido agregando otro tipo de productos, de ferretería, cerrajería, productos industriales de diferente índole y algunos servicios”.

“Hoy podemos encontrar de igual manera diferentes tipos de comida, servicios de cosmética, incluso algunos venden libros. Hay una gran cantidad de productos y servicios que existen, y esto refleja mucho de la sociedad meridana”.

“Siempre comento que para conocer mucho de lo que es Mérida y Yucatán, es importante conocer el mercado Lucas de Gálvez, caminarlo, pasearlo, observar lo que se ofrece, porque realmente hay bastante riqueza y tradición en el lugar”.

Sobre los demás mercados que están en los barrios de los suburbios, señala que antes tenían más movimiento, más puestos y servicios, pero la disminución de la población que vive en esos barrios ha hecho que se adapten, y debido a ello algunos se enfocan ahora más en el servicio de comida.

Aun así mantienen todavía los puestos de venta de abarrotes, frutas, verduras, carnes, “toda esa parte que es la tradicional todavía subsiste”.

El cronista manifiesta que hay quienes van a los mercados a comprar condimentos, como los recados, y lo que se requiere para guisos tradicionales como el queso relleno, relleno negro, el escabeche, entre otros.

Asimismo, apunta que el mercado de San Sebastián es uno de los que mantiene cierta vitalidad, pero en lo general todos los mercados citados han registrado cambios porque hay otro tipo de centros de venta de distribución de productos.

Desde que los supermercados llegaron a la ciudad se notó una baja en la asistencia de la gente a los mercados populares, porque ofrecen otros productos que no había en los mercados.

Aunque, por supuesto, en los mercados se siguen encontrando cosas que no se hallan en un súper, como las tortillas de panucho hechas a mano.

El cronista destaca la interacción que existe en los mercados entre el comprador y el que vende o da el servicio, algo que no sucede en un supermercado, y esa es una de las cosas que le dan vida a los centros de abasto populares.

Además, dice, la distribución que tienen mercados como el Lucas de Gálvez despierta la curiosidad.

“El área de ferreteros pareciera una instalación escultórica. Y el mercado se presta mucho para las fotografías, para pinturas que reproducen lo que hay. Es un poco laberíntico, te puedes perder adentro con facilidad, aunque siempre hay alguna salida a la calle”.

Sobre el mercado de San Benito, que es más reciente, precisa que tienen una conexión el uno con el otro, y en su planta baja ofrece también una diversidad de productos.

En cuanto a la importancia de que estos espacios de consumo se sigan preservando, el cronista resalta que es primordial porque la propia sociedad requiere de ellos y por eso se han mantenido, ya que permiten aglutinar a la gente que vende los productos y a personas de todos los puntos cardinales, y también de comisarías que viene a trabajar y de otros municipios, que acuden a comprar productos diversos que no encuentran en su comunidad.

Otra razón es por lo que representan, por lo que le permite a la sociedad y por toda la carga simbólica identitaria que tienen.

Al hablar de otros espacios en la ciudad como los tianguis que se realizan en colonias y fraccionamientos, considera que vienen a complementar la oferta, pues ofrecen otro tipo de productos, y ayudan a descentralizar un poco los servicios, lo que permite que no haya tanta carga de personas en el Centro.

“Los tianguis son una posibilidad económica para mucha gente, porque de esa manera pueden tener un ingreso, y les permite comercializar productos que también son necesarios para otros sectores”, indica.

“Personas que tienen algún tipo de dificultad para desplazarse por edad, por alguna discapacidad, pueden acudir a esos tianguis que les quedan más cerca”.

Esos centros de comercio itinerantes les recuerdan a los mercados de años atrás que generalmente eran un día a la semana en alguna plaza pública, que todavía no tenían la conformación de los parques de ahora.

Cortés Ancona rememora los mercados sobre ruedas que fueron muy importantes, surgieron alrededor de los años 70 y cumplieron una función, pero que fueron disminuyendo “a tal grado de que ahora desconozco si todavía existen”.

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