La neuroarquitectura es una disciplina que busca comprender, a partir de la ciencia y la investigación, cómo los espacios impactan en el cerebro y pueden transformar la vida de las personas.
Uno de sus pioneros es el arquitecto mexicano Juan Carlos Baumgartner, fundador y CEO de spAce, firma especializada en diseño corporativo, hospitalario y educativo.
Con más de cuatro millones de metros cuadrados diseñados en 20 países, spAce fue incluida como una de las 250 empresas más innovadoras del mundo en el ranking de la revista Inc., siendo la única firma mexicana de arquitectura en la lista.
La oficina de Volvo por spAce.A diferencia de los reconocimientos que suelen premiar una obra o un proyecto específico, el listado de Inc. distingue a empresas que han generado un impacto significativo en sus industrias a través de su innovación, visión y capacidad para cambiar su entorno. Por ello, Publimetro platicó con Juan Carlos Baumgartner sobre la importancia de este reconocimiento y el papel que hoy desempeña la neuroarquitectura.
¿Qué representa este reconocimiento para usted, para su equipo y para la arquitectura mexicana en el escenario internacional?
— Creo que la mayoría de las firmas de arquitectura normalmente están acostumbradas a recibir premios principalmente de arquitectura.
Lo interesante de este reconocimiento es que no premia el objeto arquitectónico ni la arquitectura que hacemos, sino la manera en que entendemos y vemos el mundo, cómo entendemos la arquitectura hoy en día y cómo utilizamos la tecnología para transformar nuestros diseños en herramientas para la sociedad.
De alguna manera, este premio reconoce más el pensamiento detrás de los proyectos que los propios proyectos.
Las firmas de arquitectura estamos muy acostumbradas a recibir premios por las obras que hacemos, pero rara vez se reconoce el pensamiento que guía esos proyectos.
Juan Carlos Baumgartner, pionero en neuroarquitectura.Hace muchos años decidió integrar la investigación científica, la psicología y la neurociencia en los procesos de arquitectura y diseño. ¿Qué lo llevó a explorar esta relación y cómo transformó su manera de ejercer la arquitectura?
— Hoy creo que es mucho más evidente, pero cuando empecé a hacerlo fue mientras estudiaba la carrera.
Tuve la oportunidad de tomar Psicología Ambiental como oyente en la UNAM. Una de las bellezas de la universidad es precisamente esa apertura, de que puedes entrar a la clase que quieras y nadie se entera.
La primera clase de Psicología Ambiental me voló la cabeza. Terminé tomando un año de esta disciplina en paralelo con la carrera de Arquitectura.
Creo que todos los arquitectos estamos convencidos de que la arquitectura puede cambiar el mundo; eso te lo enseñan en la mayoría de las escuelas. El problema es que rara vez la explicación de cómo y por qué la arquitectura puede cambiar al mundo viene del propio mundo de la arquitectura.
Yo encontré muchas más respuestas en la Psicología Ambiental. Los psicólogos ambientales tenían mucho más claro que el espacio influye en las personas, que puede moldear comportamientos y que puede intervenir en el bienestar y la salud física de alguien.
Desde entonces lo tuve clarísimo. Después terminé la carrera, me fui a vivir a Chicago y trabajé en Estados Unidos.
Tuve la suerte de llegar a una firma que también estaba muy abierta a ese tipo de pensamiento y ahí comenzó a consolidarse esta idea de diseñar con evidencia y de tener una visión más científica de lo que hacemos, con datos e investigación.
La sede de HUAWEI CANTEEN.Hemos ido evolucionando. Hace 25 años estábamos muy enfocados en la psicología ambiental; tenemos una psicóloga en el equipo y, hace cerca de 15 años, establecimos una alianza con un laboratorio de neurociencia en Canadá. A partir de ahí comenzamos a involucrarnos cada vez más en temas de neurociencia.
Después estudié una maestría en Neurociencia Cognitiva aplicada al diseño en Italia y hoy el despacho es una mezcla de estas dos disciplinas en todos sus aspectos.
¿Qué implicó apostar por esta disciplina cuando todavía era poco conocida y cómo observa su evolución?
— Al principio me tiraron de loco. Muchos colegas pensaban que esto era como hablar de Feng Shui, que no tenía bases científicas o que incluso podía ser una estrategia de marketing.
Lo interesante es que hoy es un tema sumamente común. Ya existen cientos de libros y estudios, aunque la mayoría, desafortunadamente, no provienen del mundo de la arquitectura.
“El espacio puede influir profundamente en la vida de las personas. Puedes, de alguna manera, hackear su sistema cognitivo a través de la arquitectura. Es una herramienta que, bien utilizada, puede cambiar vidas; pero, mal utilizada, puede hacer mucho daño”.
Juan Carlos Baumgartner, arquitecto.
Creo que a los arquitectos nos está costando más trabajo acercarnos al mundo de la ciencia que a los científicos acercarse al mundo de la arquitectura.
Si bien hoy existe mucho material e interés, todavía falta camino por recorrer.
Existen muy pocos programas especializados en neurociencia aplicada al diseño o neuroarquitectura. En los últimos cinco años, el conocimiento se ha acelerado muchísimo y la gente ha adoptado estos conceptos.
Sin embargo, también hay quienes se están subiendo al tren por marketing y para vender, no necesariamente por conocimiento o convicción.
Como en todo, habrá quienes utilicen estos conceptos para vender humo y quienes realmente entiendan que ahí está el poder de la arquitectura para cambiar vidas.
Las oficinas de NU BANK creadas por spAce.¿Puede mencionarnos algunos de sus proyectos, ejemplos de la aplicación de la neuroarquitectura?
— Hacemos mucho interiorismo, así que seguramente muchas personas han visitado oficinas que son proyectos nuestros. Hemos trabajado para empresas como Amazon, farmacéuticas y bancos.
Recientemente terminamos las oficinas de Tajín, una marca que todo el mundo conoce.
También está el corporativo de Scotiabank, un edificio que remodelamos recientemente y que, a diferencia de muchos proyectos de interiorismo, puede apreciarse desde el exterior.
¿Hacia dónde cree que evolucionará la neuroarquitectura?
— Estudiar una carrera de cinco años de arquitectura bajo un esquema tradicional, con salones grandes y una relación maestro-aprendiz prácticamente perdida, me parece obsoleto.
Tendríamos que formar arquitectos con herramientas suficientes para aprender a ver el mundo de otra manera, más allá de conocimientos técnicos puntuales.
En México, la arquitectura es una carrera muy general. Puedes salir sabiendo desde cálculo estructural hasta hacer muchas otras cosas.
En Europa, por ejemplo, un arquitecto no necesariamente hace el cálculo estructural porque esa es una tarea de los ingenieros. El arquitecto debe entender cómo funciona, pero entenderlo es muy distinto a saber hacer el cálculo.
Creo que tenemos un reto enorme en la educación.
Finalmente, ¿qué hay detrás de la innovación que ha llevado a spAce a recibir este reconocimiento?
El premio es, en gran medida, resultado de tener un equipo de personas muy talentosas, pero no solamente talentosas, sino también interdisciplinarias, con maneras muy distintas de ver el mundo y especialidades que normalmente no encontrarías en un despacho de arquitectura.
Tenemos un filósofo con el que colaboramos, una psicóloga y hasta un DJ, que participa en la creación de escenarios acústicos para los proyectos.
También contamos con un experto en marca que viene del mundo de la música y que es especialista en marketing y branding.
Creo que la única manera de generar verdadera innovación hoy en día es precisamente a través de equipos talentosos e interdisciplinarios.
Baumgartner ha dedicado buena parte de su trayectoria a investigar la relación entre los espacios y el bienestar de las personas. Sobre la evolución de la neuroarquitectura
- Juan Carlos Baumgartner, afirma que cada vez se convertirá en un tema más común. “Que publicaciones internacionales como Inc. nos consideren una de las empresas más innovadoras del mundo por aplicar este tipo de conocimiento demuestra que ya no hay vuelta atrás. El mundo ya no puede seguir haciendo arquitectura únicamente con buenas intenciones. Tenemos que incorporar evidencia, métricas y conocer cuáles son los impactos de lo que estamos diseñando en la vida de los seres humanos”, señala.