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Radar Inteligente
El Financiero 24 Jul, 2026 02:30

La conversación sobre IA que el comité directivo no puede posponer

Antes de que rodara el primer balón en el Estadio Banorte, la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey recibieron a millones de visitantes conectados a redes móviles, aplicaciones, sistemas de pago y plataformas digitales. Detrás de eso operaba una capa de inteligencia artificial generativa que traducía en tiempo real, asiste a los turistas, previene fraudes y atiende a millones de usuarios.

Este texto no va sobre fútbol. Va sobre por qué la mayoría de las organizaciones presumen la “adopción de IA” ante su consejo de administración cuando siguen usando tecnología del siglo XXI con una mentalidad organizacional del año 2010.

La encuesta global de McKinsey, publicada en noviembre de 2025, y realizada a más de 1,500 ejecutivos, arroja una radiografía brutal: el 88% de las organizaciones ya usa IA en al menos una función, comparado con 78% el año previo. Sin embargo, apenas el 39% reporta algún impacto en EBITDA a nivel empresa, y solo el 6% —los llamados “high performers”— captura más de 5% de EBITDA gracias a la IA.

Llevado al comité directivo mexicano, hoy se está invirtiendo mucho dinero para que los ejecutivos redacten correos más rápido, cuando la conversación que realmente importa es cómo rediseñar procesos completos. El problema no es la tecnología, que ya está lista y es accesible, sino el seguir viéndola como una herramienta de productividad personal.

Aquí surge una paradoja: para un corporativo grande, adoptar IA generativa es más difícil que para una Pyme. Mientras una empresa mediana puede probar e integrar una aplicación de IA en cuestión de días, un corporativo debe atravesar múltiples instancias de aprobación antes de implementarla.

Otro desafío es la deuda técnica acumulada durante décadas. Muchos corporativos siguen operando sobre sistemas heredados que fueron diseñados mucho antes de la inteligencia artificial generativa.

La política interna representa otro reto. La IA generativa no llega a un espacio vacío, sino a organizaciones donde cada área tiene objetivos, presupuestos e incentivos. Muchas iniciativas de grandes corporativos se quedan en proyectos piloto sin integrarse.

Cuando un corporativo logra superar esa brecha, los resultados pueden ser contundentes. En banca, el reporte State of AI in Financial Services 2026 de NVIDIA, basado en más de 800 instituciones, muestra que 89% de las entidades reporta que la IA ha aumentado sus ingresos anuales y reducido sus costos simultáneamente, y 64% documenta incrementos de ingresos superiores al 5%. La pregunta que debería ocupar hoy a cualquier comité directivo no es si se debe adoptar la IA generativa, sino por qué aún no ha rediseñado sus procesos para aprovecharla.

El CEO debe decidir si su empresa compite por eficiencia o por reinvención. No es lo mismo. McKinsey lo demuestra con datos: 80% de las organizaciones pone la eficiencia como único objetivo de su estrategia de IA, pero las que capturan valor real añaden crecimiento e innovación, y rediseñan flujos de trabajo completos.

El CFO debe tratar la IA como una capacidad estratégica, no como un gasto de TI. Se necesitan presupuestos por caso de uso con retorno medible en trimestres, no en años; y un tablero ejecutivo que compare inversión en IA contra impacto en EBITDA, no contra número de licencias contratadas.

El CISO debe asumir que la IA también redefine los riesgos. La IA generativa no solo es una herramienta para defenderse, sino una nueva arma para atacar. Gartner señala que el gasto en ciberseguridad con IA prácticamente se duplicará en 2026 hasta los 51,000 millones de dólares

Por último, al CIO le toca la conversación más incómoda: reconocer si su organización realmente está lista para escalar la IA. Sin datos ordenados, gobernados y accesibles, cualquier estrategia de IA generativa se quedará en demostraciones y pilotos.

El Mundial 2026 fue, entre muchas otras cosas, un experimento a escala planetaria sobre la infraestructura digital y los agentes generativos necesarios para que millones de personas interactúen. También fue un espejo en el que cada organización pudo comprobar si está preparada para reinventarse, la respuesta la darán el CEO, el CFO, el CISO y el CIO.

En esta era de la IA generativa lo que está en juego es la capacidad de las organizaciones para adaptarse. Para muchos corporativos, el mayor obstáculo no es la competencia ni la tecnología, sino sus procesos internos.

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